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AL COMANDANTE BERNARDO ORELLANA RODRIGUEZ
A UN ESCRITOR DEL LIBRO DE NUESTRA HISTORIA
A UN HERMANO Y CAMARADA


Hoy es otro día triste, mucho, es por un motivo existencial en mi vida y en la de los paracaidistas, una razón de causa y efecto. La causa es fácil de intuir, es una partida al Lar de los Azules Cielos, el lugar donde van todos los que pertenecieron a esta Hermandad de la Seda y el efecto es lo que me hace sentir una emoción si cabe aún mayor que otras veces.
Para nosotros los de mi generación, hay un antes y un después, el antes tiene que ver con aquellos fundadores de un mundo del que hemos hecho vida y destino. Creo que no he tenido mejor suerte en mi existencia que el haber podido conocer a los hombres que escribieron en un libro que nosotros denominamos “El Libro de Nuestra Historia”, las primeras páginas, las más vernáculas, las más importantes…

El por qué es fácil de explicar, las primeras fueron escritas con letras de sangre que con el pasó el tiempo se han convertido en oro, los dos colores que representan lo más sagrado para los nuestros: los colores de una Bandera que lo contiene todo.
En nuestra Historia figuran varias gestas, que no solo acciones, gestas con todo lo que representan por habernos mostrado el camino de los que debe ser el Ideario Paracaidista en grado máximo.
Una de ellas, fue la que realizó en 1957 a finales de noviembre una sección de la 7ª Compañía Paracaidista de la II Bandera junto con otros camaradas que se unieron a ella. Uno de nuestros oficiales, el teniente Antonio Ortiz de Zárate y Sánchez de Movellán partió con sus hombres, voluntario a liberar un puesto sito en T-Zelata de Isbuia (Ifni) asediado por el enemigo que buscaba acabar con hombres, mujeres y niños, nuestros connacionales.
La frase de “Entraré en T-Zelata o en el Cielo” es para para nosotros mucho más que unas letras, es el todo: Vida o muerte por cumplir con nuestro deber dejando a un lado miedos y pasiones.
Nuestro teniente perdería allí la vida junto a varios de los nuestros, debido a que, al tratar de liberar el puesto, fueron cercados por fuerzas muy superiores en torno a una cota que vislumbraba el objetivo marcado y que les hizo sufrir un asedio de unos cuantos días en los cuales llegaron “a beberse su propia sangre”, careciendo de agua, comida y prácticamente munición.
No se rindieron, no, no se entregaron y decidieron ser fieles al Credo, aún cuando contemplaban al lado heridos y muertos, sus compañeros. Serían liberados por una unidad de Tiradores de Ifni, hermana, que los encontraría heridos, demacrados hambrientos y sedientos, pero con el espíritu incólume.
La Nación premiaría aquella gesta con innumerables condecoraciones al valor, entre ellas La Medalla Militar Colectiva a todos, 2 Medallas Militares Individuales (para el caído teniente Ortiz de Zárate y su sucesor en el mando el sargento Juan Moncadas Pujol) amén de otras de casi idéntico nivel que darían fe de los que es valor asociado a los héroes.
El entonces cabo Bernardo Orellana Rodríguez, fue uno de ellos, concretamente,
el que patrullaba diariamente con el teniente hasta la muerte de éste. Valiente

como todos, abnegado en grado máximo, ejemplar en bonhomía y categoría de gentes.
Yo le conocí hace unos cuantos años, departiendo con él ratos y asuetos, en los que me hablaba de como había sido aquello y de otras muchas cosas, con una cercanía que me hizo sentirme como si fuera uno de sus hijos y que borraba de un golpe una diferencia generacional que jamás existió…Fue fundador de la I y II Bandera Paracaidista (ahí es nada) ..del 6º curso..!!
Me emociono al decirlo y más al rememorarlo: ¡me llamaba camarada y hermano como si los dos hubiéramos estado allí…! No hay mayor honor para ningún paracaidista ni para nadie, que uno de nuestros fundadores nos colocara a su nivel de hermandad.
Un día después de años de conocernos y debido a mi puesto como Custodio en nuestro Museo vino a verme y volvimos a tomar café, yo había estado días antes colocando los recuerdos materiales que tenemos de aquella gesta, no tengo mala memoria y creí haber leído su nombre entre los héroes...
Le pregunte: “¿Mi comandante, tú eres un hombre de Ortiz de Zárate...?” y me contestó; “Si hijo, ¡¡uno de ellos…” Oh Dios...!! años charlando y jamás quiso que se supiera de sus hazañas en personal palabra…
La emoción me embargó y le dije que fuéramos al museo a ver aquellas muestras, y allí le vi tocarlas y darme las gracias, contemplé como unas lágrimas bajaban por sus mejillas y me abrazaba…Es fácil relatarlo y difícil no acompañarle en aquel sentimiento que tanto me transmitía.
Todos los años venía de su Málaga a rezarlos a nuestra parcela sagrada del cementerio de Alcalá de Henares, donde están sus hermanos que son los nuestros, de manera callada y ejemplar con encomiable desvelo.
Hoy estoy triste Bernardo, me has fallado, te has marchado calladamente sin venir a beber de nuevo, sin venir a hacerme sentir el ser el paracaidista más dichoso del mundo, pero te lo perdono, ese cáncer que te buscaba te ha encontrado, te ha quitado la vida, si…pero jamás podrá quitarte ni a ti, ni a ellos la gloria eterna que la Patria reserva a sus héroes.
Nos volveremos a ver mi Hermano y Camarada, seguro, y volveré a escucharte y sentir como la emoción me lleva a ti de nuevo.
Hasta ese momento has de saber que tú, mi comandante CLP Bernardo Orellana Rodríguez, siempre estarás…
¡¡CON NOSOTROS...!!