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"ARTÍCULO DE "EL ESPAÑOL"

Jorge, el empresario que compró el camión en el que Franco iba a las batallas.

 

Este asturiano adquirió el vehículo en una subasta por 22.320 euros para destinarlo a un museo que él mismo está proyectando sobre la Guerra Civil.

“Soy como Forrest Gump, estoy siempre corriendo”. Así se define Jorge Sandovalempresario asturiano. Es viernes y son las 11 de la noche. Aún está con el ordenador encendido. Ahora trabaja desde su casa después de un largo día. Es administrador y contable de todas sus empresas, unas 33, aproximadamente. “A veces me pierdo”, responde entre bromas cuando habla de su entramado empresarial. Hoy ha tenido un día un tanto diferente. Entre sus actividades diarias, esta vez ha tenido que incluir una excepción: ir a fotografiarse con su última adquisición, el camión original de Ford que utilizó Francisco Franco como comedor durante la Guerra Civil.

Sí, tal y como lo leen. Jorge Sandoval ha adquirido uno de los siete camiones que Francisco Franco utilizó durante la Guerra Civil para desplazarse a los frentes de batalla. Se trata de un Ford 817 T: motor de gasolina, cilindros V8 y 115 caballos. En concreto, este era utilizado como comedor. En la actualidad, sólo están restaurados el comprado por el empresario asturiano y el que descansa en el Pardo bajo la custodia de la Guardia Real, usado como dormitorio por Franco. En total eran cinco los empleados, con distintas funciones: telecomunicación, sala de juntas, dormitorio, hospital y comedor. Eran su cuartel general móvil.

¿Por qué se hizo Jorge con esta pieza? La respuesta es tan sencilla como sorprendente. “Pues, básicamente, porque me dijeron que se iba a subastar y que era una muy buena pieza para el museo”, responde Sandoval.

Al ahora empresario no le apasionaba de pequeño la Guerra Civil. No tenía un afán coleccionista exacerbado. Tampoco es un seguidor acérrimo del bando republicano. Ni siquiera del bando nacional. ¿Le entró de mayor toda esta pasión de pronto? Parece que tampoco. ¿Hace todo esto por un motivo familiar? Lo cierto es que no. “Yo no entiendo de política, sólo de trabajar”, afirma cuando se le pregunta.

Jorge Sandoval es, como ya se ha referido, un empresario nacido y afincado en Asturias. Sobre su espalda porta la responsabilidad de decenas de empresas y cientos de trabajadores. Cuenta que tiene dos hijos. Nació en Colloto, Oviedo, en 1970Empezó a trabajar muy joven y, desde entonces, no ha parado.

Con 16 años comenzó a llevar la contabilidad de la empresa familiar que heredaría junto a su hermano. De los 18 a los 21 años pasó los veranos haciendo las veces de cartero. Mientras estudiaba en la facultad, todas las noches iba a trabajar a las rotativas de La Nueva España. “Me dio por crecer y no me conformaba sólo con hacer lo que hacían mis padres”, dice.

A partir de aquí fue expandiendo su tejido de empresas. Parece que hoy es lo que no le deja parar un segundo, aunque nunca pierda su amabilidad. Llega, saluda, se hace la foto, responde a las preguntas y se va a la velocidad de la luz. Tiene que atender el resto de sus quehaceres y, aún por prisa que se dé, acabará bien entrada la noche.

De esta forma ha llegado a tener lo que tiene hoy. Sin embargo, entre sus múltiples proyectos hay uno un tanto especial. Se trata de ‘El Cuetu, museo de la Guerra Civil’, en Lugones. Lo emprendió hace unos cuatro años, cuando compró un monasterio abandonado con el objetivo de expandir su negocio hostelero. Asociaciones como Arama (Asociación para la Recuperación de la Arquitectura Militar Asturiana 1936/1937) y el Grupo Frente del Nalón se cruzaron en su camino.

Los miembros de estas asociaciones, comprometidas con la preservación de los elementos históricos de la Guerra Civil, hablaron con Sandoval. Le dijeron lo que había junto al monasterio que acababa de comprar: el búnker más grande del frente norte republicano. Se lo pensó y cambió su proyecto.

“A partir de ahí vio que podíamos montar un museo aquí en Asturias y comenzó a hacerse con distintas colecciones bélicas”, cuentan los que le conocen. Ametralladoras, bombas, granadas de mano, vestimentas, vehículos, maquetas de tanques, réplicas exactas y hasta cartelería original de distintos conflictos bélicos ostenta ahora Sandoval. “Yo diría que Jorge es un coleccionista de colecciones”, afirma Félix, uno de los miembros de las dos asociaciones guerracivilistas. Este experto en la Guerra Civil cree que el empresario puede tener la “mejor colección privada del mundo de la Guerra Civil española”. La última joya adquirida: el Ford utilizado por Franco. 

Toda historia tiene un comienzo

Corría diciembre del año año 2016 cuando Jorge Sandoval decide comprar el monasterio Santa María de Los Angeles (El Cuetu/Lugones). El objetivo era montar un hotel o un restaurante. Una señora había querido poner ahí una residencia de ancianos. Antes, estuvo a punto de pasar de convento a club de alterne. La historia de este lugar, desde su construcción en 1940 como lugar de práctica de tiro, estuvo a punto de dar un giro de 180º. Jorge lo salvó.

La reunión con las asociaciones Aramas y Frente del Nalón consiguieron cambiarle la perspectiva del negocio. Entre los años 2017 y 2018, Sandoval explica que compra “diversas colecciones de armamento, granadas, etcétera, por toda España. Algunas de ellas, únicas en el mundo, como la colección de granadas”.

“En el año 2018, comienzo a redactar el proyecto de construcción del futuro Museo El Cuetu, pero la obra se dispara a unos 5 millones de euros, dinero que no tengo. Por eso decido comprar una nave en Colloto y meter allí de forma temporal toda la colección. A este importe no le sumo el coste del proyecto ni los costes de las licencias de obra y fin de obra. Yo personalmente no tengo ese dinero, intento buscar algún tipo de ayuda, subvención pero no las hay”.

“Inicio la solicitud en Cultura y Patrimonio para la protección del entorno de El Cuetu y sus trincheras, sorprendentemente no están protegidas, en 2017. También inicio contactos con el arzobispado para la compra de 24.000 metros cuadrados de terrenos anexos a fin de aumentar los terrenos del futuro museo, aún estamos en ello y espero cerrar este año un buen acuerdo para todos, comprado y vendedor”, explica.

El último paso para el establecimiento del Museo de El Cueto es la cesión o compra de unos 10.000 metros cuadrados de las naves de la fábrica de La Vega. Durante la primera mitad del siglo XX, la carga de trabajo en este lugar se dedica a la fabricación de prototipos como la ametralladora Hotchiss, desde 1931, el fusil ametrallador FAO, desde 1941, y la ametralladora antiaérea Alfa, desde 1953. Sin duda, este sería el sitio ideal para la colección de Sandoval. ¿El valor que alcanza ya la colección? Por concretar, aunque ya supera los cientos de miles de euros.

La intrahistoria del camión de Franco

No es verdad lo que se ha publicado. El Ford 817T no le ha costado a Sandoval 3.000 euros. Sólo de IVA le ha salido por 3.600 euros. Es decir, en la subasta tuvo que hacer una puja de 16.000 euros. Si a esto le sumamos los 2.720 euros de la comisión de la empresa comercial, el montante alcanza los 22.320 euros.

En estos momentos, su amigo Fernando de la Hoz se encarga de ponerlo a punto. “Falta ponerle un par de bombas de agua aún”. De la Hoz, apasionado de los vehículos históricos, conoce todos los detalles acerca de lo que rodea a este coche.

“Parece que fue un regalo de Henry Ford. A la compañía le convenía establecerse en España, así que durante la guerra fue apoyando al que iba ‘ganando’. Primero parece que le regaló algún coche al bando republicano y luego parece que le regaló los cinco modelos 817T a Franco”, cuenta este experto. Lo cierto es que el empresario americano también hizo un buen negocio durante el conflicto y no sólo regaló.

De la Hoz explica todos y cada uno de los detalles que contiene el vehículo, restaurado de carrocería antes de la compra de Sandoval. “Aquí delante tiene unas balizas para que el conductor se haga una idea de lo que tiene por detrás. La anchura de la zona delantera es más estrecha que la trasera, así que es complicado. La forma de la zona de atrás es como la de un vagón de tren. Fíjate en las ventanas. El cristal se abre igual, la distancia es similar…".

"La parte de arriba, si te subes por la escalera trasera, tiene una especie de hueco. Yo creo que podría ser para instalar una plataforma para un tirador. La parte de dentro está como vacía. Dicen que podría ser un comedor, aunque yo más bien creo que tiene pinta de sala de juntas por el mobiliario. Es cierto que por el espejo que hay en la zona de conexión con la cabina parece que le pasaban la comida. No sé…”, reflexiona.

Para subirse al camión, la principal dificultad es la altura. Dentro hay una especie de banco que nos ayuda a entrar. “Es pequeño. Se nota que los de la época no pasaban del 1.70”, expone alguien al montarse. Dentro, todo es de madera. Parece un vagón de tren antiguo. Además, un par de mesas antiguas, unas cortinas de color entre blanco y crema y una especie de matrícula que avisa: comedor.

Fernando de la Hoz es el presidente de la asociación de coches clásicos de Asturias. “Maneja un parque de 500 coches. Es un sabio en la materia y conoce muy bien la historia del camión”, dice Jorge. De la Hoz explica que le apasiona este camión no por quién lo utilizó, sino por su valor histórico. “Como si me traes aquí el Cadillac de Carrillo”, explica.

Aquí nadie quiere meterse en polémica alguna. Todos dan el valor histórico que tiene al carro. Nadie se posiciona en un bando u otro. Miran la historia y la disfrutan desde la distancia. “Hay que recordar el pasado para no repetirlo”, dice alguien en el taller.

Por el momento, Jorge Sandoval está tratando de arreglar la zona del motor de esta pieza de coleccionista. La intención es que pueda andar. “De motor está bien y las ruedas y demás son nuevas”, explica De la Hoz. El intermitente, manual, no sé si será homologable. Es una especie de abanico que sale de la zona lateral de la cabina. La intención es que circule y llegue hasta el museo sin tener que ser ayudado por remolque alguno.

Sandoval se ha hecho con esta pieza de coleccionista, en parte, por Fernando de la Hoz. “Yo no tenía pensado pujar por él”, afirma. En el último momento se lo pensó y lo hizo. Ganó, por supuesto. Eso sí, le salió más caro de lo que había pensado. Es difícil hacer un esfuerzo de 20.000 euros en un momento donde la economía, como todo, es pura incertidumbre. Porque debe quedar claro que no costó 3.000 euros. “Yo no sé quién se inventó eso de los 3.000 euros, pero es un error”, afirma. De todas formas, parece que el precio de mercado de este camión serían unos 30.000 euros. Al final, puede que fuera una ganga.

Un proyecto de museo

Sandoval está en contacto con el Ministerio de Defensa. Quiere pujar por una nave en la antigua Fábrica de Armas de la Vega. Desde el Museo de El Cuetu creen que no hay un lugar mejor para exponer toda la colección bélica del empresario. “Necesitamos unos 10.000 metros para mostrar todo lo que tenemos”, explica Paco, historiador y arqueólogo encargado de enseñar a las visitas todo lo que Sandoval aún guarda en una nave. ¿Presupuesto aproximado del coste del nuevo hospedaje de la colección? Entre uno y tres millones de euros. Los contactos avanzan.

Jorge Sandoval, Fernando de la Hoz y Paco explican con pasión lo que tienen entre manos. Paco y Fernando no se conocen entre sí. Son dos de los estrechos colaboradores de Sandoval y de su hermano, que también aporta en todo esto aunque esté más alejado del foco mediático. Fernando y Paco se saludan por primera vez cuando acabamos de llegar al monasterio para conocer en primera persona la colección de Jorge. Ya saben, en época de pandemia las presentaciones son un tanto extrañas. Aquí no iba a ser menos.

En esta visita guiada esperamos a un par de coches más. Nunca llegan. Nuestros únicos acompañantes son Paco y tres miembros de las asociaciones Arama y Grupo Frente del Nalón. Fernando la inicia, pero se tiene que ir pronto. El resto está que no cabe en sí de gozo ante la majestuosidad del fortín y las colecciones armamentísticas.

El Museo de El Cuetu es un proyecto en formación. Por el momento alberga una visita guiada dividida en dos. En primer lugar, el búnker subterráneo de la Guerra Civil ubicado en El Cuetu (Lugones), el mayor y mejor conservado del Norte de España. Por otra parte, en Colloto está la colección militar e histórica.

ALBUM DE FOTOS DEL MUSEO EL CUETU Y BUNKER.

“Hay recelos con el tema de establecer un museo bélico”, explica Paco, historiador y arqueólogo. Es extraño, pero él tampoco consigue una respuesta al porqué de la anterior afirmación. “El tema de las armas ahora, el antimilitarismo… En fin, yo no lo entiendo”. Lo cierto es que este no es un lugar para ser antimilitarista o tenerle celo a las armas.

El búnker cuenta con una serie de entradas a su alrededor que te trasladan rápidamente a cualquier guerra de trincheras. Incluso el monasterio aún conserva algún pasillo construido sobre la formación de éstas. “Ves cómo ahí, cuando andas, se forma una especie de zig-zag, porque está construido sobre la formación. Las fortificaciones de los chalets de aquí abajo también sufren lo mismo”, explican.

Es el primer paso. Para los amantes de lo bélico es toda una experiencia. De hecho, aquí se han realizado algunas de las recreaciones organizadas por el grupo Frente del Nalón. Agachados, por la altura de la trinchera, vemos cómo en aquel lugar mandan ahora los arácnidos, los mosquitos y hasta un murciélago que a punto está de dejarnos sin fotógrafo. Recorremos todos los pasadizos hasta salir de nuevo a la calle. Ahora vamos a ver las cuatro colecciones privadas de Jorge Sandoval.

Estamos frente a una nave. La puerta no parece que vaya a dar entrada a un lugar con demasiado valor. La gente del bar de al lado, la sidrería La Fontica, en Colloto, nos mira como preguntándose ¿dónde van éstos con las mochilas? A la segunda parte del museo del Cuetu, caballero.

Nada más abrir nos encontramos el pasillo de una nave. Nada excepcional. Bueno, en realidad sí. Una linotipia aparece allí, como si estuviera abandonada. “Si conseguimos abrir el museo, esto también estará. Es de en torno a 1940. La iban a tirar al desguace y la trajimos aquí”. Nada tiene que ver con el museo, pero para dos periodistas es interesante.

Ahora sí se abren las puertas de la colección. Es el paraíso de los filobélicos. La bandera republicana, una ikurriña, la bandera de los nacionales, aún con escudo oficial republicano, la 8 bandera de Castilla, 3ª centuria, otra rojigualda con las inscripciones del proval de Zarpadores y, la última, con el escudo franquista y las letras C y M. La única que no es oficial es la republicana, que es de mala calidad. Nos lo advierten.

¿Eso de que la republicana no sea original es porque se cojea hacia un bando? “Eso nos han dicho alguna vez, que este sitio es muy del bando nacional. O muy machirulo -esto aún no lo hemos entendido-. Todo lo contrario, la mayoría de armas eran del bando republicano. Son los que tenían más armas diferentes porque tenían que importar desde donde fuera prácticamente. Estamos buscando la bandera republicana original”. No entran en polémicas algunas. Recrean y rememoran la historia. A secas.

El paseo por esta nave es casi un regreso al pasado. Dentro de la nave están todas las colecciones que nos había dicho: desde la ametralladora Trapote, la oficial en la república, hasta una BMW R-50 de la guardia personal del General Franco. Todo ello pasando por una réplica exacta de la tanqueta UNL-35, dos de las tres bombas de la Legión Cóndor que aún quedan en España, la mayor colección de granadas del lugar, material médico, otras tantas ametralladoras, una colección de maquetas de tanquetas sobre la guerra civil, cascos utilizados durante el conflicto bélico… Esta colección tiene importantes piezas relativas a la guerra española, pero también alberga otras piezas correspondientes a la primera y segunda guerra mundial.

Por el momento, visitar todo esto tiene un costo de 9 euros. Excepto para los escolares de Lugones, que pueden visitarlo de forma gratuita. El fin de esta iniciativa privada es que los turistas que visiten Asturias puedan conocer un poco más acerca de la Guerra Civil española y también sobre armamento militar. De momento, es un proyecto bien encaminado a museo. ¿Cuándo podría ser realidad? “Ojalá en un año y medio o dos, pero depende de la cesión y compra -de las naves de la fábrica de La Vega-”, dice Paco.

Aún es pronto, aunque todo apunta a que será realidad. En el lugar, todos andan muy contento. Sandoval está evitando que todas estas colecciones pasen a manos extranjeras y se queden en España. Además, pretende abrirlas y exponerlas al público. Una noticia magnífica. Fernando zanja: “Si funciona algo así en Normandía, ¿por qué no iba a hacerlo aquí?”