160627 Toledo

La admirable ciudad de Toledo añade de antiguo a sus innumerables glorias efectivas la fronda de otras tantas leyendas y tradiciones que comenzaron a adquirir forma concreta casi en la misma época en que cristalizaba la lengua castellana. En efecto, la primera versión de una de esas leyendas más conocidas, la de la cueva de Hércules y subterráneo del palacio real, data de la crónica del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada (1175?—1247).

 A partir de entonces no ha habido generación que no se interese por semejantes misterios, comprendidas las más recientes que los estudian todavía con más ahínco, además de usar criterios y métodos propios de la ciencia y la técnica actuales. Merced a esta evolución la arqueología ha salido beneficiada de un acervo de noticias e investigaciones que en su origen estuvieron estimuladas por la curiosidad y la fantasía. Vamos a repasar rápidamente las sucesivas versiones dadas en el curso de los tiempos al tema central de la cueva toledana mágica llena de maravillas pasmosas.

 El primer planteamiento del obispo Jiménez de Rada refiere que en Toledo había un palacio que había estado cerrado desde tiempo inmemorial y el rey Rodrigo lo mandó abrir. 

No encontró nada en él sino un arca cerrada y dentro había un paño donde estaba escrito lo siguiente: Cuando estas cerraduras fueren quebrantadas y el arca y el palacio fueren abiertos y lo que allí hay fuere visto, entrarán en España gentes de tal manera como en este paño están pintadas y la conquistarán y serán de ella señores. La pintura representaba hombres de figura y vestido "así como agora andan los alárabes". No hay que repetir que el infortunado don Rodrigo, de quien trataremos en un capítulo posterior, se apesadumbró mucho ante semejante anuncio. Este suceso fue recogido por los cronistas y aun los historiadores de los siglos siguientes y pasó a conectarse con otras leyendas toledanas referentes a la fundación de la ciudad. 

Estas narraciones eran parientes de las falsas crónicas que ya veremos que no pecaban de tímidas ni cortas. No sólo manejaban dragones, osos y otras fieras sino también las figuras más renombradas de la antigüedad, reales o imaginarias, dándoles parte en la fundación de Toledo. Surgen así variadas historias toledanas que coinciden en centrarse en una cueva guardada por un dragón y abundan en vincular con ella al remoto rey de España Hércules Egipcio, uno de los sucesores del todavía más antiguo Túbal, y otros fundadores de este país, cuyas figuras se entretejen en diversas formas con la repetida cueva y en su caso, con el dragón que la guarda. Más adelante, este manojo de fábulas se combinó con la nombradía que adquirió Toledo de emporio de las ciencias ocultas, derivación de su fundada fama como centro de cultura durante largos siglos. 

El repertorio de ensoñaciones que rodeaba a la cueva se aumentó en tiempos pasados con diversas fábulas de que en ella había un tesoro y que éste había sido buscado en vano por diferentes hombres que habían perdido la vida en el empeño, máxime cuando alguna de las versiones afirma que el tesoro estaba guardado por un perro espantoso que los devoraba. Ante la notoria inexistencia de cuevas en Toledo, la cavidad en cuestión se conectó con el verídico y real subterráneo de la parroquia de San Ginés. Este templo existió, fue demolido en 1841 y lo ha estudiado mi ilustre amigo don Julio Porres, columna básica de los estudios toledanos. 

Aplicando al sótano de esta iglesia la curiosidad que inspiraba la irreal cueva de Hércules, el cardenal Juan Martínez Silíceo había ordenado en el año 1546 que fuese explorado por un equipo que entró con linternas, cuerdas y comida. Pasaron el día en su registro y al salir declararon que habían caminado media legua y habían visto unas estatuas, al parecer de bronce, de las que cayó una con gran ruido. Luego toparon con un curso de agua que no pudieron atravesar y se volvieron penetrados del frío y la humedad, por cuyo efecto enfermaron y murieron casi todos. El ingeniero don José Antonio García-Diego, que ha estudiado detenidamente la llamada cueva de Hércules, apenas admite otra veracidad en esta historia que la de que el cardenal encargó semejante exploración, pero todo lo demás lo considera fabuloso, empezando por que en aquel subterráneo haga frío, ya que él mismo bajó y dice que pasó "un calor bastante respetable" en él. 

En el siglo pasado empezó a ser visitada la cripta de la iglesia de San Ginés. La primera bajada se efectuó en 1839 y cuenta León María Carbonero que la hizo su padre. Tras levantar una losa y descender con una escalera de mano, encontraron un espacio lleno de restos humanos, que parecía corresponder a la zona intermedia entre el suelo de la iglesia y la bóveda del subterráneo y estaría dedicada a la inhumación de los feligreses. 

Señalaron luego la clave de un gran arco que acaso daba acceso a "la cueva", pero aparecía obstruido por escombros que impidieron otras averiguaciones. En 1851 se realizó otro descenso que es reseñado por José Amador de los Ríos, hombre de crédito, aunque no vio la cueva que le fue descrita por uno de sus visitadores. 

Refleja la desilusión de los aficionados: buscaban el palacio mágico de la leyenda y encontraron unas bóvedas fuertes, no muy amplias, cerradas por piedra viva, que habían correspondido a otra estructura y no conducían a ninguna parte. No menos decepcionantes han sido otros intentos de demostrar que la cueva se comunicaba con largas vías y salía al exterior en bocas muy distantes de Toledo. Este enfoque se trasmuta, según algunos, en la hipótesis de que la entrada de la cueva de Hércules se encuentre lejos de la capital, por ejemplo en el paraje de Higares, a 12 km. de la misma. Los ingenieros García-Diego y Fernández Casado han explorado y estudiado aquel mismo local inferior de la iglesia mencionada y lo identifican con el sótano de la casa número 3 del callejón de San Ginés y parte de la planta baja del número 2 de la calle del mismo nombre. Estiman que el recinto constituye el depósito terminal del abastecimiento romano de aguas de Toledo, que empezaba en la presa de Alcantarilla, desde la que el agua era conducida por un canal de unos 36 km. hasta la ciudad, salvando la hoz del Tajo mediante un acueducto. La obra era un "castellum" de distribución del agua hacia cisternas y tuberías de la ciudad pero no es imposible que estuviera conectada con otros recintos abovedados, que han sido también explorados en parte. Julio Porres opina que, después de su empleo por los romanos, esta estructura sirvió de depósito de agua anexo a la mezquita. En fecha más reciente, la Confederación Hidrográfica del Tajo efectuó la encomiable tarea de vaciar en parte los escombros de aquel recinto, a instancias del señor Fernández Casado. De este modo, ha sido posible inspeccionarlo mejor, admirar con más precisión sus sólidas arcadas y medir la capacidad del depósito de aguas que fue, la cual se ha estimado en un total de 150 metros cúbicos, que por lo demás no eran de retención pasiva, puesto que el agua entraba y salía sin cesar. 

Otra leyenda toledana famosa está igualmente conectada con restos de edificios antiguos mal definidos por la tradición. Nos referimos a la historia de la hermosa Cava, presuntamente violada por el rey Rodrigo, del cual estropicio derivó nada menos que la pérdida de España, país tantas veces perdido y recobrado, dicho sea de paso, que a la postre uno se siente inclinado a pensar que o nunca ha estado muy perdido o nunca se ha rehecho de veras, como se desprende de la brillante revisión histórica de Carlos Rojas , la Españeta, publicada en 2000 por esta misma Editorial. Volvamos al erótico problema de la hermosa Cava, o Florinda la Cava, según también se la llama. 

Era ésta la hija (otras versiones dicen que la esposa) del conde don Julián o don Yllán, gobernador de Tánger y/o Ceuta en nombre de los reyes visigodos Vitiza y luego Rodrigo. 

Cuando en seguida tratemos de este último monarca repetiremos que nuestra presencia en aquellas plazas norteafricanas estaba inserta en una amplia dominación visigoda sobre el Magreb y una íntima comunicación entre éste y la península .[2] Don Julián, denominado por otros Urbano, pudo ser un impecable gobernador visigodo que, al estallar la guerra civil sucesoria entre los hijos de Vitiza y Rodrigo, optó por los primeros y pactó con los moros algunas avenencias para contar con su ayuda en la lucha, como volveremos a decir pronto.

 Don Julián había enviado a su hija a la corte toledana para que fuese educada allí y en su momento casase con un magnate adecuado. La hermosura de la joven y la ligereza del soberano —que no ha dejado fama de sensatez por ningún concepto— ocasionaron que éste violase a su pupila. La Cava notició a su padre y éste, para vengarse, entregó su plaza a los moros y los ayudó a pasar el estrecho, además de combatir luego a su lado contra las huestes de Rodrigo. Esta historia consta en autores árabes desde el siglo IX en adelante y aparece todavía con más vigor en la tradición cristiana, dentro de la cual ayuda a explicar el hundimiento del reino visigodo y la entrada de lo que hemos venido llamando hasta hace pocos años el infiel marroquí. 

Más de un autor cristiano, al denostar a la Cava, dice que su nombre significa en árabe "mala mujer", cosa que no es verdad. "Aqaba" significa cerro, y un cerro hay en Toledo cerca de las supuestas ruinas del Baño, y en este cerro están la plaza, bajada y travesía de la Cava, que no es la hermosa atropellada sino la loma. Hubo allí en efecto unos baños de la Cava, pero el nombre aludía al Jugar y no a la beldad. En Toledo sigue contemplándose en la orilla del Tajo "un torreón despedazado en parte por las injurias de los siglos, el cual es conocido con el peregrino nombre de 'Los Baños de la Cava'... por suponerse que don Rodrigo tuvo su palacio frente a esta torre, debió tener la Cava sus baños allí para que pudiera el rey solazarse en contemplarla desde lo alto de uno de los miradores... ", escribía en 1845 José Amador de los Ríos, ya mencionado antes como apreciable autor de Toledo Pintoresca. 

Las ruinas se alzan unos doscientos metros aguas abajo del puente de San Martín y se vinculan con éste por una cortina defensiva que nace de la muralla de la ciudad y termina en el mismo río dentro de cuyas aguas está el último de sus torreones. No hace mucho tiempo, Julio Parres encontró bajo el nivel del río un pilar que faltaba concretar, y se valió para ello de la colaboración de un equipo subacuático del regimiento de Ingenieros de Alcalá, y dos ingenieros de Caminos. Reconstruidas y cuidadas, estas ruinas dan testimonio de un puente, a la vez que son jalón referencial de una leyenda amorosa reiterada desde hace mil años. 

Otra leyenda que tiene su punto culminante en Toledo hilvana nada menos que cuatro civilizaciones: la hebrea, la romana, la visigoda y la musulmana, y cuenta con bastante fundamento y verosimilitud. 

Trátase de las vicisitudes de la Mesa de Salomón, que sin duda existió en la realidad, aunque en su acepción más popular se la dipute de cuento de las Mil y Una Noches, entre los cuales figura. La crónica de Ibn Abd al-Hakam (m. 871) refiere que cuando Tarik, al frente de los norteafricanos, conquistó Toledo, preguntó por la mesa de Salomón, que era lo único que le interesaba. La pieza se encontraba "en una fortaleza que se llama Firas a distancia de dos días de Toledo, y a cargo de ella estaba un sobrino de Rodrigo que pidió salvaguarda para él y los suyos a Tarik. Éste llegó hasta él y se la concedió, siendo fiel a la misma. Y le dijo: "¡Dame la mesa!", y se la entregó. La mesa tenía una cantidad de. oro y piedras preciosas como no se había visto jamás. Tarik le arrancó una pata con sus piedras preciosas y oro, colocando otra semejante en su lugar". 

Tal astucia le fue útil a Tarik cuando hubo de entregar la mesa a su superior Muza, y éste se la ofreció al califa de Damasco como cosa propia. Tarik, delante del soberano, protestó diciendo que la había conquistado él, y en prueba sacó de entre sus ropajes la pata auténtica que había arrancado en Toledo. 

Ahorramos descripciones y ponderaciones de lo rica y espléndida que era la joya, cuajada de piedras preciosas, porque los autores difieren en los detalles y andan a la greña en ver quién la enaltece más. No disienten menos en explicar cómo les parece su origen y traslación, pero lo que sacamos en limpio es que el rey de Israel, Salomón. mandó hacerla, los romanos se la llevaron con el botín de Jerusalén cuando Tito conquistó esta ciudad, los visigodos de Alarico la cogieron cuando tomaron Roma, los ostrogodos se la arrebataron a éstos, junto con el tesoro romano, al conquistar Carcasona, y en el año 526 el rey ostrogodo Teodorico le devolvió tal tesoro a su yerno, el rey visigodo Amalarico. Éste fue asesinado, como tantos otros de su serie, y las riquezas pasaron a Toledo. 

En estas adquisiciones, devoluciones y traslados se atestigua que el tesoro regio, según señaló Menéndez Pidal, tenía valor de símbolo de la monarquía, y lo mismo debía de pensar Tarik cuando sentía tanto afán por capturar la mesa. Repetiremos luego que los moros invasores se tomaron la molestia de concertar unos tratados con los hijos de Vitiza, defensores de su propia herencia, lo cual sugiere que deseaban revestir su conquista de títulos y símbolos de legitimidad. 

La suerte de la mesa de Salomón es objeto de noticias tan diversas y vagas antes de su paso por Toledo como después de su expolio por los musulmanes: unas fuentes dicen que el califa la desmontó para aprovechar sus componentes; otras que fue a la Meca, donde acaso sería objeto de nuevo saqueo cuando los cármatas asaltaron la ciudad en el año 930; las de más allá la sitúan en Bagdad donde la habrían cogido los turcos en 1058, y aun habría habido luego nuevas aprehensiones de ella en los azares del Oriente medio. Lo que parece daro es que donde estuvo segura una buena temporada fue en Toledo.

Misterios de Toledo 27.06.2016

Leyendas de Toledo. 27.06.2016

Descargar Libro de Pedro Voltes: Rarezas y curiosidades de la Historia de España

Pedro Voltes

 

EN LOS MISTERIOS DE TOLEDO, el coronel Beltrán Gómez-Alba, nos remite el siguiente comentario sobre Siruela:

Lo que hoy se conoce como Siberia Extremeña con Siruela en su centro, pertenecieron al reino musulmán de Toledo( no al de Badajoz) hasta su conquista por Alfonso VI en 1085. Estos territorios por estar alejados de la capital toledana, no se incorporaron en esa fecha a Castilla, quedando como tierra de nadie en la frontera entre musulmanes y cristianos. Tras las Navas de Tolosa, un caballero placentino afincado en Toledo, Alfonso Téllez de Meneses en 1222 ocupo y conquisto la comarca, vendiendo algunos castillos y donando el resto al Arzobispo de Toledo…..la historia es larga. Templarios, Alcantarinos…en 1314 la orden de Alcántara entrego la tierra de Siruela de forma vitalicia a Diego Garcia de Toledo, mayordomo del Infante Pedro de Castilla y Molina, retorno luego a Alcantarinos y luego al Concejo de Toledo….Como veis, desde tiempos de moros, siempre la Siberia Extremeña fue toledana y extremeña. Hoy seguimos siéndolo, de alguna manera, ya que pertenecemos a esa Diócesis desde 1085 y nos oponemos a algunas maniobras políticas, que intentan sacarnos de ella, por cuestiones económicas de rentas del Monasterio de Guadalupe, pero esa es otra historia. Lo cierto es que los extremeños de la Siberia con Siruela en su centro, estamos muy orgullosos y satisfechos de ser extremeños y pertenecer episcopalmente a Toledo desde 1085. 


 

 

 

El escritor, profesor de Filosofía e historiador Luis Gorrochategui  ("La Rebelión de los PIGS",  "Contra Armada") ha dado una conferencia en  Santa Cruz deTenerife sobre el ataque de Nelson a esa ciudad en 1797 y nos envía una foto junto a la bandera arrebatada a los ingleses.

 

160618 imagen del ponente

 

LUIS GORROCHATEGUI

Luis Gorrochategui Santos. Coruñés. Escritor e historiador. Graduado en Filosofía por la Universidad Central de Barcelona.

He centrado mi investigación histórica en el episodio de María Pita, y más ampliamente, en la Expedición Drake-Norris de 1589, publicando La Guerra de la Sirena (2002) y Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra (2011) monumental ensayo que aporta luz sobre un episodio no bien conocido: la verdadera dimensión y las consecuencias de la derrota inglesa en 1589. Entrevistas, presentaciones, artículos, fotos, vídeos en mi página web contraarmada.com

En al ámbito socio-económico he publicado La Rebelión de los PIGS. La verdad oculta de la crisis y el saqueo del sur de Europa. Un caústico divertimento en el que no dejo a títere con cabeza. He disfrutado escribiéndolo.

He publicado más de doscientos artículos en libros, revistas especializadas y periódicos, e impartido numerosas conferencias.

Soy Presidente de la Asociación Gran Armada, vocal de la Asociación de Estudios Históricos de Galicia y del Instituto Torre de Hércules, asesor histórico de la Orden de Caballeros de María Pita y miembro de la Real Liga Naval Española.

Actualmente ejerzo de profesor de Filosofía en el Instituto de Educación Secundaria Francisco Aguiar de Betanzos, La Coruña.

 

LA BATALLA DE SANTA CRUZ DE TENERIFE:

 

160618 protagonistas

 

Seguramente los turistas ingleses que hoy se acercan a las Islas Canarias, para disfrutar de ese paraíso terrenal, desconocen completamente que en 1797, la Pérfida Albión, fue humillada por el general español Antonio Gutiérrez de Otero , con una concluyente victoria ante su más importante héroe de los mares, el entonces contralmirante Horacio Nelson.

Con la toma de Las Canarias, el Imperio Británico seguramente hubiera adelantado 100 años la caída del Imperio Español. El control de esta gran plataforma estratégica, hubiera permitido a Gran Bretaña asegurarse sus intereses económicos en el Nuevo Mundo y en la costa oeste de África.

En julio de 1797, la Royal Navy a las órdenes de Nelson, se presentó en Tenerife con 9 navíos de guerra bien artillados y 3.700 soldados armados hasta los dientes. Sus intenciones era conquistar las Islas Canarias. La operación militar iba a ser un simple paseo militar, tal era la arrogancia de Nelson.

Pero la determinación y heroísmo de todo el pueblo tinerfeño, liderado por el General Antonio Gutiérrez de Otero , terminó con la arrogancia británica y con el brazo derecho de contralmirante Nelson en el fondo de la bahía de Santa Cruz de Tenerife. Gutiérrez logró coordinar eficazmente, en muy poco tiempo, un heterogéneo grupo de soldados regulares con indisciplinados pescadores, labradores y artesanos.

"Nada esta perdido si tienes voluntad de triunfar" Antonio Gutiérrez

En esta página he contado con la sensacional ayuda del G.B. D. Emilio Abad Ripoll. Sus aportaciones y correcciones, sin duda han elevado extraordinarioamente el rigor y precisión de la información aquí presentada.


Antecedentes Históricos de la Batalla de Tenerife

La Guerra anglo-española

Comienza en 1796 con el tratado de San Ildefonso y terminó en 1808 cuando Napoleón invadió España. Fue un conflicto militar que enfrentó a España, con el apoyo de Francia, contra Inglaterra. En 1808, durante nuestra mal llamada Guerra de la Independencia, el pragmatismo anglosajón, llevó a Inglaterra a cambiar su posición y se convirtió en nuestro aliado contra Francia en su llamada Guerra Peninsular.

El 18 de agosto de 1796

España y la Francia revolucionaria firmaron el tratado de San Ildefonso. Este acuerdo, era una alianza militar entre ambos estados para coordinar una política militar conjunta contra Gran Bretaña. Uno de sus objetivos era fortalecer la posición de la flota española que estaba amenazada por los ingleses en sus viajes a América. Lo firmaron , en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, Manuel Godoy ( en nombre de Carlos IV) y el general Catherine de Pérignon ( en nombre del Directorio Francés)

El 14 de febrero de 1797,

Los ingleses vencen a la armada española frente al cabo de San Vicente , en la costa portuguesa del Algarve. Esta derrota demostró la superioridad de flota británica, al mando de John Jervis, gracias a la disciplina y el entrenamiento de sus marinos. Nos costó 390 muertos y 4 navíos de línea que fueron capturados.

Con la armada española bloqueada por la británica en la bahía de Cádiz el 8 de julio de 1797 ; el almirante Jarvis vio la oportunidad de tomar Santa Cruz , la plaza fuerte de las Islas Canarias y donde se encontraba la Capitanía General . El proyecto de invasión fue diseñado por Nelson, y así se lo hizo ver a Jarvis en su carta del 12 de abril de 1797. La idea era tomar las Islas Canarias y Tenerife era la primera y más difícil etapa.

Las Canarias eran reconocidas como la mejor y más estratégica plataforma para que la Royal Navy, pudiera surcar el Atlántico , asegurándose el avituallamiento y refugio, y acabando para siempre con el control español de ese Océano.


Orden de Combate de la Batalla de Tenerife

160618 Ficha Batalla tenerife

Fuerzas Defensoras Españolas

 

160618 Fuerzas Españolas

Fuerzas de la Royal Navy

160618 Fuerzas de nelson

Defensa de Santa Cruz: despliegue de las baterías de costa, castillos y fuertes.

160618 Defensa Tenerife

 

160618 Castillo de San cristobal

Comienza la Batalla de Tenerife

14 de julio

El 14 de Julio de 1797 el almirante de la Royal Navy, John Jervis , decide una vez analizado el plan propuesto por Horacio Nelson, a autorizar la operación de desembarco y toma de Santa Cruz en la isla de Tenerife. Entonces. Santa Cruz era la única Plaza Fuerte del Archipiélago, a la vez que el puerto más importante de las Canarias.

John Jervis, que había ascendió unos meses antes a Nelson a contralmirante, puso bajo su mando una gran flota que transportarían 3.700 soldados armados hasta los dientes en 9 buques bien artillados para tomar al asalto la única plaza fortificada de la Islas Canarias, Santa Cruz en la Isla de Tenerife.

Nelson tomó el mando de la flota y se puso en marcha hacia las Islas Canarias. Nelson valoró esta operación como un simple crucero que terminaría en un paseo militar:

En una carta , Nelson le decía a su esposa Frances: "Querida Frances,no debes esperar noticias mías próximamente pues voy a emprender un pequeño crucero .."

 

17 de julio

 

160618 Croquis de nelson 

El día 17, Nelson se reúne con los comandantes de las naves de la flota en su buque insignia, el Theseus, para diseñar el plan de asalto a Santa Cruz.

1º Que los soldados del mismo navío serán transportados juntos en los botes de desembarco y llegarán a la vez a tierra.

2º Cuando los botes sean descubiertos , se iniciarán las descargas de artillería sobre la ciudad y se mantendrá hasta que el enemigo enarbole la bandera blanca.

3º Asegurar el desembarco rápido de las piezas de artillería .

4º Las fragatas fondearán en la parte N.E. de la bahía, una vez que las fuerzas de desembarco estén en tierra.

6º Inmediatamente después del desembarco, las fuerzas de asalto, se dirigirán a la retaguardia de la batería marcada con una G. en la parte N.E. para tomar la cumbre de la colina que se halla sobre ella.

7º Los capitanes podrán desembarcar y dirigir a sus marineros, bajo la dirección del capitán Troubridge.

 8º Los infantes de marina estarán a las órdenes del capitán Oldfield y a su vez, él estará bajo el mando del capitán Troubridge

9º El teniente Baynes del destacamento de artillería estará bajo el mando del capitán Troubridge

10º Los oficiales y hombres del Culloden, deberán ir a bordo de la Terpsícore

11º. Los remos de los botes de desembarco serán forrados con lona .

12º El Culloden y el Zealous construirán cada uno una plataforma para transportar a tierra un cañón de 18 pulgadas, y el Theseus un cordaje para arrastrar artillería.

13º La Seahorse construirá una plataforma para un cañón de 9 pulgadas.

 

El plan de ataque diseñado por Nelson, consistía en la aproximación nocturna a la costa de las tres fragatas de menor calado para el desembarco de las tropas de asalto. Una vez desembarcadas las fuerzas de infantería de marina, atacarían las zonas montañosas para hacerse con el control de las baterías situadas al nordeste de la ciudad. Las tropas durante la operación de desembarco estarían a las órdenes de Troubridge capitán del Culloden

Durante la toma de las baterías de artillería de costa, la bombardera Rayo abriría entonces fuego sobre la ciudad con sus morteros.

Al amanecer y siempre que se tuviera el control de las baterías de artillería , los navíos de línea se aproximarían para iniciar un fuerte bombardeo de la ciudad hasta lograr la entrega de los tesoros de los mercantes anclados en los muelles o la completa destrucción de la ciudad.

18 y 19 de julio

Durante los días 18 y 19, la armada continuaba rumbo a las Islas Canarias

Tras la derrota naval de la escuadra española en el Cabo de San Vicente (14 de febrero de 1797) ante la Royal Navy de John Jervis y el bloqueo de la flota española en Cádiz ( 3-8 de julio 1797) por la flota Inglesa de Nelson, hicieron sospechar al comandante general de las Islas Canarias, general Gutiérrez, un próximo ataque de los ingleses a la Islas Canarias. Los reducidos recursos y la imposibilidad de que pudieran llegaran refuerzos en socorros, hacía de las Islas Canarias un objetivo muy fácil y apetecible por su importancia estratégica.

20 de julio

Troubridge por orden de Nelson se traslada al Theseus, buque insignia de Nelson y recibe del contralmirante la últimas instrucciones del plan de ataque:

Para la fuerza de desembarco, cada navío de línea aportarían 200 hombres y 100 cada fragata. La fuerza de desembarco se completaría con 80 artilleros, lo que completa un total de 1080 hombres.

Operación de desembarco:

Fase I : la primera opción era la realización del desembarco a dos millas al nordeste del muelle de la ciudad, en la playa de Valle Seco. Una vez desembarcadas, las tropas avanzarían para tomar mediante maniobra envolvente el castillo de Paso Alto.

Fase II: Una vez tomado Paso Alto y en el caso de que la ciudad no se rindiera, las tropas se dirigirían al muelle principal para ocupar desde allí Santa Cruz.

Nelson entrega una carta sorprendente, escrita por él , a Troubridge para que una vez desembarcado, la hiciera llegar a las autoridades de la ciudad:

Tengo el honor de informarle que he venido a exigir la inmediata entrega del navío Príncipe de Asturias, procedente de Manila y con destino a Cádiz, perteneciente a la Compañía de Filipinas, junto a su entero y completo cargamento, y así mismo todos aquellos cargamentos y propiedades que hayan podido ser desembarcadas en la isla de Tenerife, y que no sean muy pesada contribución a la isla.

Artículo 1°. Deberán entregarme los fuertes poniendo al momento a las fuerzas británicas en posesión de las puertas.

Artículo 2°. La guarnición depondrá las armas, permitiéndose sin embargo a los oficiales que conserven sus espadas y aquélla, sin condición de ser prisionera de guerra, será transportada a España o quedará en la isla, siempre que su conducta agrade al oficial comandante.

Artículo 3º. Con tal que se cumpla con el primer artículo de que me entreguen los cargamentos ya citados, no se exigirá a los habitantes ni la más pequeña contribución; al contrario, gozarán bajo mi protección de toda seguridad en sus personas y propiedadespara el consumo de sus habitantes. Y, siendo mi ardiente deseo que ni uno sólo de los habitantes de la isla de Tenerife sufra como consecuencia de mi petición, ofrezco los términos más honrosos y liberales; que si son rechazados, los horrores de la guerra que recaerán sobre los habitantes de Tenerife deberán ser imputados por el mundo a vos, y a vos únicamente; pues destruiré Santa Cruz y las demás poblaciones de la isla por medio de un bombardeo.

21 de julio

La flota inglesa permaneció alejada de la costa y durante la noche navegó hacia Santa Cruz a todo trapo.

22 de julio

Durante la madrugada del 22, en plena oscuridad, más de 20 barcas inglesas con unos 1.000 hombres (marineros e infantes de marina) a bordo, intentaron desembarcar por la zona de la desembocadura del barranco de Valleseco, al norte del Castillo de Paso Alto. Las fuentes corrientes hicieron difícil el acercamiento desde sus buques, produciéndose un considerable retraso en lo previsto.

 

160618 Desembarco

 

Además, la presencia de los ingleses cerca de la costa fue detectada por una campesina que dio avisó a los centinelas de la fortaleza de Paso Alto. Como consecuencia, desde el castillo se inició una serie de potentes descargas de artillería que aconsejaron a los botes ingleses volver por donde venían y regresar a sus buques. La Plaza entera se puso en pie de guerra. Había fracasado el primer intento y Nelson había perdido el efecto sorpresa que tanto deseaba.

Más tarde, entre las 9 y las 10 de la mañana, al norte de Paso Alto y fuera del alcance de sus cañones, en la zona del Bufadero, Nelson lograría desembarcar, con muchas dificultades, su fuerza de asalto. Una vez en tierra, más de 900 ingleses, iniciaron la ascensión a la montaña del Ramonal, con la intención de dirigirse desde ella hacia el sur, pasar Valleseco y, desde el risco de La Altura, atacar por la retaguardia el castillo de Paso Alto. El movimiento de las tropas inglesas fue muy penoso y complicado porque a lo abrupto del terreno hubo que unir el tremendo calor que hizo aquella jornada
Gutiérrez había anticipado la maniobra de los ingleses y había dispuesto en el risco de La Altura , 160 hombres con el apoyo de 4 pequeños cañones “violetos” de 40 mm para frenar a los atacantes. Consecuencia del fuego de los españoles, los ingleses quedaron clavados en el terreno, sin moverse, en El Ramonal.

Como hemos mencionado , el calor era muy intenso aquella mañana del 22 de julio en Tenerife. A los soldados españoles de la posición del risco de La Altura, no les faltó agua, que era suministrada por las aguadoras de Santa Cruz; por el contrario a los ingleses les escaseaba el preciado elemento, lo que agravó todavía más su situación.

Al atardecer, Nelson ordenó la retirada desde el Theseus y, aprovechando la creciente oscuridad los soldados ingleses embarcaron en sus botes y volvieron a sus barcos.

El desembarco había fracasado ante la imposibilidad de avanzar hacia el objetivo. Por la cabeza de Horacio Nelson, empezaban a aparecer malos augurios. Este había sido el segundo fracaso en el intento de toma de Santa Cruz.

 

23 de julio

Tras la retirada, Nelson intentó un plan para engañar a Gutiérrez. La flota se dirigió hacia Barranco Hondo y Candelaria .

Pero Gutiérrez no picó el anzuelo y adivinó las intenciones reales de Nelson. El general español, agrupó sus fuerzas en Santa Cruz, con objeto de consolidar su potencia de combate . En Paso Alto quedaron tan sólo dejó 30 hombres; mientras que en el Castillo de San Cristóbal, en el centro de la población, el despliegue defensivo se reforzó con las fuerzas canarias mejor preparadas. El batallón de Canarias quedaría como fuerza en la reserva.

Tras su segundo fracaso, Nelson se enfrentaba con una situación insólita que ensuciaba su reputación militar; debía intentar salvar su honor y el de la Royal Navy.

Nelson convocó a sus capitanes a una reunión y les transmitió el nuevo plan: asalto directo al castillo Principal o de San Cristóbal y el muelle inmediato . En este castillo estaba el Puesto de Mando del general Gutiérrez. Si caía el castillo y se apresaba al Comandante General , la rendición de la plaza era segura.

Nelson había decidido atacar directamente al Castillo de San Cristóbal; pero no se imaginaba que en esa zona se iba a volcar el esfuerzo defensivo de Gutiérrez. El contralmirante incluso había decidido dirigir personalmente uno de los 6 grupos de asalto, al frente de los otros cinco estarían los capitanes Troubridge, Miller, Hood, Waller y Thompson. De esta forma, Nelson participaría directamente en la batalla , evitando quedarse en su buque insignia como correspondería a su grado de contralmirante y comandante en jefe de la operación. Esta decisiónn personal de Nelso, suponía que se iba a exponer al riesgo del combate, poniendo en grave peligro, si le sucedía algún percance, el mando de la fuerza de desembarco y la propia operación. Nelson, herido en su orgullo, se comportó como un valiente soldado pero también como un irresponsable comandante en jefe

Carta de Nelson a Jarvis:

 

“No entraré en el asunto de por qué no estamos en posesión de Santa Cruz; su parcialidad le hará creer que se ha hecho hasta el momento todo lo posible, pero sin efecto. Esta noche yo, humilde como soy, tomaré el mando de todas las fuerzas destinadas a desembarcar bajo las baterías del pueblo, y mañana mi cabeza será coronada probablemente de laureles o de cipreses”.

 

24 de julio

160618 Desembarco ingles 24-25 julio

Olvidado ya el fracaso del día 22, ahora Nelson y sus capitanes eran, otra vez, optimistas. Estaban seguros de que los españoles tenían pocos y no muy cualificados recursos. Nelson había recibido la información que Gutiérrez solo disponía de 300 soldados y que el resto eran paisanos que huirían al primer disparo. La toma de Santa Cruz Iba a ser un autentico paseo militar

Operación secundaria inglesa de distracción: a las siete de la tarde , la bombarda inglesa comenzó a bombardear la fortaleza de Paso Alto, sin que apenas tuviera consecuencia las 40 descargas realizas. El fuego fue respondido desde Paso Alto y alrededores del fuerte de San Miguel .

Esta operación de bombardeo, pretendía Nelson, fuera interpretada por Gutiérrez como la típica de preparación previa al desembarco de las fuerzas inglesas. Quería Nelson engañar a Gutiérrez y que este pensase que la zona entre El Bufadero, al norte de Paso Alto, iba a ser la zona de desembarco, la misma donde se produjo el intento fallido el día 22.

Pero el general Gutiérrez no cayó en la trampa y concentró sus tropas en el frente marítimo de la población. Nelson volvió a fallar en la estrategia.

El Comandante General español, basó su estrategia de defensa de Santa Cruz en la eficiencia de fuego de sus baterías de costa. Para robustecer su plan, también desplegó en el lugar del posible desembarco las fuerzas de los Regimientos de Milicias y de las Banderas de Cuba y La Habana; los baluartes artilleros también fueron reforzados con marineros franceses de La Mutine, una corbeta gala robada por los ingleses de la bahía de Santa Cruz unas semanas antes . El Batallón de Infantería de Canarias, quedaría como fuerza de reserva para intervenir dónde y cuándo fuera necesario.

A las 10 de la noche estaban preparados y organizados alrededor de 1000 infantes de marina y marineros ingleses en 6 grupos. Todo estaba listo para del desembarco final. El cútter Fox, con 180 hombres marineros también les iba a acompañar como fuerza de apoyo.

La meteorología seguía del lado español, pues el estado del mar impedía que los barcos ingleses se acercasen mucho a tierra y , como consecuencia San Cristóbal no estaba al alcance de su artillería de los ingleses. Las corrientes alejaron los botes ingleses del rumbo previsto, y cuando eran las 2 de la madrugada del 25 de julio, los botes estaban al alcance de las baterías de costa y pronto empezarían los fogonazos.

El desembarco se realizaría por el muelle de la ciudad, cerca del castillo de san Cristóbal, y en la playa cercana de la Alameda . La estrecha escalera del muelle, sin duda , presentaría dificultades al desembarco, alargando el tiempo requerido para el mismo. Además la zona descubierta de unos 90 metros, que las tropas debería recorrer, entre el muelle y las casas más próximas, estaban batidas por varias baterías y por los infantes; lo que sin duda aprovecharían fácilmente los españoles para causar gran número de bajas a los ingleses.

La oscuridad de la noche y las corrientes impidieron alcanzar los objetivos previstos por Nelson, y sólo 6 botes alcanzaron el muelle y la playa de la Alameda. La mayoría fueron arrastrados por las corriente hacia el Sur , alejándose del objetivo principal del ataque, el Castillo de San Cristóbal, llegando a tierra a unos 500 metros al sur de ese enclave, en la Playa de la Carnicería.

25 de julio

Durante la madrugada, cuando los botes ingleses, navegando con los remos envueltos en tela se encontraban a unos 350 metros de la playa, fueron descubiertos en la rada de Santa Cruz por la fragata española San José, que estaba fondeada en el muelle principal. La voz de alarma se extendió enseguida desde la San José a todo el área del frente de Santa Cruz. Comenzaron los primeros cañonazos, posiblemente y porque la oscuridad era absoluta , se realizaron al azar sobre las siluetas del grupo de botes que se acercaban a la playa.

La batalla se inició simultáneamente en 5 frentes, con las acciones principales en las zonas del muelle y la plaza de la Pila, el barranco de Santos y la playa de las Carnicerías

Las baterías españolas hicieron fuego desde Paso Alto hasta San Telmo. En los primeros momentos, cuando aún los botes se acercaban a la costa, una de ellas , alcanzó al cutter Fox por debajo de su línea de flotación; la embarcación se hundió rápidamente provocando la muerte de su comandante, el teniente Gibson, y otros 97 soldados y marineros

En el muelle llegó a desembarcar un bote con 40 marineros. Inmediatamente los ingleses clavaron las 7 piezas de la batería que, poco antes del desembarco, habían abandonado los sirvientes. Pero cuando las tropas inglesas iniciaron el avance hacia la plaza, frente al Castillo de San Cristóbal , un grupo de milicianos los neutralizo completamente , causando muchas bajas y haciendo prisioneros al resto.

Otros tres botes, con unos 120 soldados, alcanzaron la playa de la Alameda cercana al muelle. Estas fuerzas, no corrieron mejor suerte que las desembarcadas en el muelle. La fuerte resistencia causó muchos muertos y heridos; entre ellos fue baja Horacio Nelson .

 

160618 Derrota de Nelson

 

El día anterior, en la Batería de Santo Domingo, parte del conjunto del Castillo de San Cristóbal , se abrió una tronera para instalar en ella un cañón de 16 libras enfilado directamente hacia la Playa de la Alameda, que separaba el Castillo Prinicipal del de San Pedro. La tradición cuenta que esa pieza fue el cañón Tigre, que ocasionaría enormes estragos en las fuerzas de Nelson, y fue el responsable directo de la baja del contralmirante de la fuerza expedicionaria inglesa.

En efecto, cuando Nelson se incorporaba en su barca para saltar a tierra, y desenvainaba su espada, la metralla de un disparo del Tigre le alcanzó por encima del codo derecho. Casi al mismo tiempo murió el comandante Richard Bowen, comandante de la Terpsichore junto con varios oficiales y marineros.

Herido Nelson, su hijastro, el teniente Josiah Nisbet cogió a Nelson mientras caía herido en su bote. "Soy hombre muerto,"dijo Nelson, mientras Josiah lo tumbaba en el bote, y le hacía un torniquete con su pañuelo. Indudablemente Josiah salvó la vida de Nelson.

 

160618 Cañon Tigre

 

Nelson fue evacuado en el mismo bote , con su brazo derecho colgando, y llevado a su buque insignia el Theseus para ser intervenido. El cirujano de a bordo , y en vista de la gravedad de la herida, decidió amputar el brazo derecho del contralmirante por encima del codo . Parece ser que el brazo se introdujo en un saco junto con el cadáver de otro y se arrojó en las aguas de la rada de Santa Cruz.

 

160618 Derrota Nelson

 

La operación de desembarco no podía ir peor para los ingleses. Después de algunos minutos, el panorama era realmente negro para la Royal Navy. Con los botes dispersos por las playas, Horacio Nelson en el quirófano del Theseus, y varios oficiales muertos y abandonados en las escaleras del muelle , las tropas en tierra corrían el riesgo de quedarse sin mando y dirección al poco tiempo.

Simultáneamente a lo descrito anteriormente, Troubridge, jefe de las fuerzas de desembarco ,intentó poner pié en tierra al Sur del Castillo de San Cristóbal, en la Playa de las Carnicerias, pero ante la dura resistencia ofrecida por el Batallón de Infantería de Canarias, el comandante inglés ordenó virar al Norte y dirigirse a la playa de la desembocadura del Barranquillo del Aceite, o de Cagaceite . En el Barranco de Santos, llegaron a desembarcar 450 soldados. Posteriormente avanzaron y se dirigieron a la Plaza Principal o de la Pila, en el centro de la ciudad bajo un intenso fuego. Pero debido a la dura resistencia de los 40 soldados de las Banderas de Cuba y La Habana y los milicianos que defendían la zona, los ingleses iban a intentar la toma del Castillo de San Cristóbal por la retaguardia.

Efectivamente, este grupo numeroso de soldados ingleses , al mando de Troubridge , se acercó por el sur hacia el Castillo de San Cristóbal , por la zona de La Caleta, esperando que su acción se viera apoyada por las tropas, supuestamente desembarcadas al norte del castillo. La sorpresa fue tremenda, de repente unos 60 hombres salieron de la fortaleza y cargaron heroicamente contra las fuerzas invasoras; mientras desde la fortaleza se realizaban descargas de fusilería. Los ingleses huyeron hacia el oeste , dispersándose desordenadamente por las callejuelas de Santa Cruz, dirigiéndose junto con otro grupo, con el que habían establecido contacto, hacia una trampa mortal: el Convento de Santo Domingo .

 

160618 Nelson amputado brazo

 

En efecto, como consecuencia del total desorden del despliegue de fuerzas durante la operación de desembarco, 340 ingleses supervivientes bajo el mando de Troubridge y Hood, acabaron refugiándose en el convento Santo Domingo, donde quedaron completamente cercados.

La arrogancia británica, a pesar de la seria resistencia encontrada, animó al capitán Troubridge, siguiendo el plan de Nelson, a enviar un mensaje de solicitud de rendición al general Gutiérrez; quien lógicamente rechazó este absurdo y arrogante ultimátum británico .

Mientras tanto, Gutiérrez y sus oficiales no estaban completamente seguros de la evolución de la situación, pues les faltaba mucha información. Desde la terraza del Castillo, adivinaban el éxito logrado en la defensa de la Playa de la Alameda y del muelle, pero también les llegaron noticias preocupantes, los ingleses habían logrado internarse en la población al oeste del castillo.

Gutiérrez mando un enlace para localizar al comandante del Batallón de Canarias y entregarle la orden de controlar el muelle para evitar la retirada de Troubridge. Las fuerzas españolas procedieron mientras tanto a la destrucción de los botes ingleses varados en la playa y siguieron haciendo muchos prisioneros entre heridos y desertores.

Durante toda la noche, hasta la madrugada, se entabló una durísima batalla, calle por calle, en los oscuros y estrechos callejones del centro de Santa Cruz. El general Gutiérrez ordenó que 4 destacamentos de 40 hombres cada uno fueran taponando las bocacalles, apoyados con los pequeños y eficaces cañoncitos de campaña de 40 mm.

Ante lo difícil de la situación, Nelson, maltrecho y recién operado, a eso de las 6 de la mañana, envió 15 botes con unos 400 hombres hacia el muelle con objeto de reforzar los efectivos de Troubridge Los disparos de las baterías de costa (especialmente la del muelle, desclavada y puesta de nuevo en servicio por el Teniente Grandy) hundieron 3 botes, por lo que los demás regresaron a sus buques de origen. Entre muertos y ahogados, este último intento de Nelson, llevó a la tumba del fondo del mar a cerca de 100 soldados.

 

Informe de de Troubridge a Nelson:

Señor:

Debido a la oscuridad de la noche no encontré inmediatamente el Muelle, el punto señalado para el desembarco, pero avancé hacia la costa bajo la batería del enemigo, cerca del sur de la ciudadela; el capitán Waller desembarcó al mismo tiempo y otros dos o tres botes. El oleaje era tan grande que muchos retrocedieron; los botes se llenaban de agua en un instante y se estrellaban contra las rocas, mojándose la mayor parte de las municiones guardadas en los saquitos. Tan pronto como hube reunido unos pocos hombres avancé inmediatamente con el capitán Waller hacia la plaza, el lugar de reunión, esperando encontrarnos allí con usted y el resto de la gente; y aguardé cerca de una hora, tiempo durante el cual envié un sargento con dos señores del pueblo a intimidar a la ciudadela. Sospecho que mataron al sargento en su encargo ya que no he oído nada de él desde entonces. Perdidas todas las escalas de asalto en la resaca, o sin ser posible encontrarlas, no se pudo hacer ningún asalto a la ciudadela; por ello, marché a reunirme con los capitanes Hood y Miller, de quienes había sabido que hicieron bueno su desembarco, con una porción de hombres, al S.O. del lugar donde yo lo había realizado. Traté entonces de adquirir alguna noticia de Vos y del resto de los oficiales, pero sin éxito.

 

26 de julio

A las 5 de la madrugada, el teniente coronel Güinther, jefe del Batallón de Infantería de Canarias, requirió a Troubridge , comandante de las fuerzas inglesas de desembarco y encerradas en Santo Domingo, que se entregasen. Ellos se negaron, con la esperanza de la llegada de refuerzos desde la escuadra inglesa.

La terrible escena anterior, fue vista directamente por los sitiados ingleses desde la torre del convento de Santo Domingo.

Desgraciadamente para Nelson, las cosas no iban a cambiar, y lo que inicialmente iba a ser un simple paseo militar, se iba a convertir, gracias a la determinación de un puñado de soldados y milicianos, en una terrible tragedia y en la más triste derrota de Horacio Nelson.

Pero los ingleses persistían en su arrogancia y hasta otras dos veces Troubridge envió emisarios a Gutiérrez para que se rindiese. Pretendía acobardarle con la amenaza de incendiar Santa Cruz. El Comandante General respondía siempre conaún disponemos de hombres y municiones .....”

Perdidas todas las esperanzas de recibir refuerzos, a las 6:30 de la mañana, Troubridge se rindió y envió un oficial con bandera blanca a ofrecer capitulaciones ante el general Gutiérrez. En su escrito , Troubridge ofrecía la capitulación siempre que “se le concedieran los honores de guerra”. El General accedió a la petición, con la condición de que aquella escuadra británica se comprometiera a no volver a atacar Tenerife ni a ninguna de las demás islas de Canarias.

El acuerdo fue firmado ante Gutiérrez por el capitán Hood, quien posteriormente se trasladó , acompañado por el capitán Carlos Adan , a bordo del Theseus, para informar a Nelson de la capitulación. Las condiciones fueron aceptadas por el contralmirante en todos sus términos, incluyendo el de entregar en Cádiz un informe del Comandante General dirigido a la Corte para informar de la victoria lograda

Los británicos vencidos desfilaron por la Plaza de la Pila, donde estaban formadas las Unidades españolas y los marineros franceses de La Mutine. Posteriormente al desfiles, se incorporaron los prisioneros para reembarcarlos con sus heridos a los buque de procedencia.

 

En la tarde del 26, los ingleses rindieron honores fúnebres, con 25 cañonazos y arriado de sus banderas de sus buques, en memoria del capitán de fragata Bowen, comandante de la fragata Terpsichore, muerto el día anterior.

Los españoles le entregaron comida y vino abundante, quedando muy satisfechos los “derrotados” por nuestras atenciones y humanidad

Los británicos, agradecieron el detalle obsequiando a Gutiérrez con un queso y una barrica de cerveza inglesa, a lo que correspondió el comandante general con dos barricas de vino tinerfeño.

27 de julio

La flota inglesa levó anclas ; y en las aguas de la rada de Santa Cruz , quedaron las esperanzas de un crucero y desfile militar, junto con 226 muertos ingleses, un barco hundido y el brazo derecho de Nelson

28 de julio

Informe oficial de Nelson al almirante Jervis:

Theseus, 28 de julio, frente a Santa Cruz

Señor,

En obediencia a sus órdenes de hacer un vigoroso asalto al pueblo de Santa Cruz en la isla de Tenerife, envié desde los diferentes barcos bajo mi mando 1000 hombres, que incluían a los infantes de marina, para que se prepararan para desembarcar bajo la dirección del capitán Troubridge del navío Culloden, y los capitanes Hood, Thompson, Fremantle, Bowen, Miller y Waller, quienes ofrecieron voluntaria y muy amablemente sus servicios; y aunque estoy bajo la dolorosa necesidad de informarle que no nos ha sido posible tener éxito en nuestro asalto, es mi deber afirmar que creo que nunca mayor osada intrepidez se mostró por los capitanes, oficiales y hombres que usted hizo el honor de colocar bajo mi mando; y el informe que le envío adjunto, espero le convencerá de que mis disposiciones, humildes como son, han sido ejercidas en la ocasión presente. Adjunto le envío también una lista de los fallecidos y heridos, y entre los primeros, con e más profundo dolor, tengo que colocar el nombre del capitán Richard Bowen, del navío Terpsíchore, el oficial más emprendedor, competente y valiente que haya servido en la marina de su Majestad; y con mucha pena tengo que mencionar la pérdida del teniente John Gibson, comandante del cúter Fox, y de un gran número de valientes oficiales y hombres.

H.Nelson.

 

Bajas de la Batalla de Tenerife

Españolas

Los españoles sufrieron cerca de 60 bajas, de las que 24 fueron mortales: 1 teniente coronel, 1 subteniente, 14 soldados y milicianos , 6 civiles y 2 marineros franceses.

 

160618 Bajas españolas

 

Bajas Inglesas

El bando inglés sufrió muchas más bajas que el español. Los historiadores aseguran que las bajas totales inglesas, incluyendo prisioneros, fueron cerca de 800. Los muertos en combate , ahogados ( incluyendo los del Fox) y desaparecidos fueron 349; y los prisioneros unos 451. Otras fuentes especializadas, aseguran que las bajas inglesas llegaron a ser unas 600 soldados; es decir, alrededor del 50 % de los recursos iniciales de Nelson.

160618 Parte medico sobre Nelson

 

160618 Bajas inglesas

 

Condiciones de la capitulación de la Batalla de Tenerife

Santa Cruz, 25 de julio de 1797

Las tropas pertenecientes a S.M. Británica serán embarcadas con todas sus armas de toda especie, y llevarán sus botes si se han salvado; y se les franquearán los demás que se necesiten, en consideración de lo cual se obligan por su parte a que no molestarán el pueblo de modo alguno los navíos de la Escuadra Británica que están delante de él, ni a ninguna de las Islas en las Canarias, y los prisioneros se devolverán de ambas partes.

Dado bajo mi firma y sobre mi palabra de honor

Samuel Hood

Ratificado por

T.Troubridge, Comandante de las tropas Británicas.

Carta de Nelson a Gutiérrez

Nelson, envió una carta de agradecimiento al general Gutiérrez por el trato dado a sus hombres , que fue entregada por Troubridge el día después, cuando recuperaron a los heridos que estaban en los hospitales de Santa Cruz

Theseus, en las afueras de Tenerife, 25 de julio de 1796

No puedo separarme de esta isla sin da a V.E. las más sinceras gracias por su fina atención para conmigo, y por la humanidad que ha manifestado con los heridos nuestros que estuvieron en su poder, o bajo su cuidado, y por la generosidad que tuvo con todos los que desembarcaron, lo que no dejaré de hacer presente a mi Soberano, y espero con el tiempo poder asegurar a V.E. personalmente cuanto soy de V.E. obediente humilde servidor”

Horacio Nelson

 160618 Britanico desfilanco vencidos

Respuesta de Gutiérrez:

"Muy Señor mío, de mi mayor atención: Con mucho gusto he recibido la muy apreciable de V.S. efecto de su generosidad y buen modo de pensar, pues de mi parte considero que ningún lauro merece el hombre que sólo cumple con lo que la humanidad le dicta, y a esto se reduce lo que yo he hecho para con los heridos y para los que desembarcaron, a quienes debo de considerar como hermanos desde el instante que concluyó el Combate. Si en el estado a que ha conducido a V.S. la siempre incierta suerte de la Guerra, pudiese yo, o cualquiera de los efectos que esta Isla produce, serle de alguna utilidad o alivio, ésta sería para mí una verdadera complacencia, y espero admitirá V.S. un par de barricas de vino, que creo no sea de lo peor que produce. Sería de mucha satisfacción tratar personalmente cuando las circunstancias lo permitan, a sujeto de tan dignas y recomendables prendas como V.S. manifiesta; y entre tanto ruego a Dios guarde su vida por largos y felices años”.


Santa Cruz de Tenerife 27 de julio de 1797

B.L.M. de V.S. su más seguro atento servidor.

D. Antonio Gutiérrez


 

Consecuencia de la Derrota de Nelson en la Batalla de Tenerife

Si Nelson hubiera tomado Santa Cruz, muy probablemente las Islas Canarias, no hubieran vuelto a ser una parte de España. Los británicos podrían hoy veranear, tan a gusto, en una de sus colonias tal como hacen en Gibraltar. Nunca los ingleses hubieran soltado las Islas Canarias, salvo por la fuerza, tal como hicieron con la Isla de Menorca en 1782.


 

Referencias Bibliográficas de la Batalla de Tenerife

www.amigos25julio.com
Fuentes documentales de la Gesta del 25 de Julio (1997) Luis Cola, Pedro Ontoria y Daniel García Pulido
Addenda a las Fuentes documentales (2007). Mismos autores
El 25 de Julio a la luz de las Fuentes documentales (1997). Luis cola y Daniel García.
Héroes y testigos de la derrota de Nelson en Tenerife (2004). Juan Carlos Cardell.
El verano en que Canarias pudo ser otro Gibraltar. G.B. D. Emilio Abad Ripoll (CISDE – 2013)
Fatal inicio y peor desenlace para los ingleses en Tenerife. G.B. D. Emilio Abad Ripoll (CISDE – 2013)
La gran mentira británica sobre Nelson y Tenerife. G.B. D. Emilio Abad Ripoll (CISDE – 2013)
Entrevista al G.B. D. Emilio Abad Ripoll: sin la gesta del 25 de julio, aquí hablaríamos inglés
Entrevista al G.B. D. Emilio Abad Ripoll: un recuerdo merecido a la Gesta olvidada
La mayor derrota de Nelson. El intento de ocupación de Tenerife, julio 1797
El día que soldados ingleses de Nelson y españoles compartieron patio de armas
La derrota de Horatio Nelson en Canarias 1797- Capitulo I - Horatio Nelson
La derrota de Horatio Nelson en Canarias 1797 - Capitulo III - Antonio Gutiérre
La derrota de Horatio Nelson - 1797 - Capitulo IV - La flota de Nelson
Letters and dispatches of Horatio Nelson
Horatio Nelson


 

 

 

 

 

Batalla de Waterloo

La batalla de Vitoria

Los estudios americanos ambientaron en la Batalla de Vitoria la película musical ‘La espía de Castilla’ (1937)

 Alava y Wellington

El General Álava y Wellington preparan la Batalla.

Prolegomenos contienda

 

La fábrica de los sueños dio a Vitoria una oportunidad de entrar en su historia por la puerta grande. Lástima que 1937 nos queda lejos y las grandes superproducciones hechas en suelo español todavía no habían arrancado. Pero este mismo guión, unos años más tarde, en manos de Samuel Bronston, nos hubiera dejado una antológica como El Cid. Nos queda esta película de época que contiene todos los aditivos de las historias de Hollywood. Efectivamente no se rodó en Vitoria, sino en los estudios norteamericanos, con una ambientación más mejicana que alavesa, pero el nombre de la capital alavesa centra en todo momento el objetivo histórico del film.

‘La Espía de Castilla’ cuenta durante los momentos inmediatamente anteriores a la guerra y después, en plena contienda, una historia sentimental entre la espía española María (encargada de seducir a militares franceses para obtener información) y un espía galo que trabaja para su país, relación difícil de mantener a causa de la situación bélica. La batalla de Vitoria, en 1813, supone el momento culminante de la película, que termina con la unión de ambos y su salida de la ciudad juntos. Además del hecho histórico de la confrontación en la Llanada, hay abundantes alusiones a la invasión francesa y a sus personajes, en especial dedicadas a la situación de los reyes en Francia, al viaje del príncipe Fernando (el futuro Fernando VII) a Bayona y a la llegada a Madrid de José I como rey, con la hostilidad de sus habitantes. A pesar de ser el centro de la acción, la batalla de Vitoria se contempla muy fragmentariamente, casi siempre a través de primeros planos de soldados y cañones, ya que no hay ningún plano general de los combatientes ni del escenario de la lucha. Ello se explica porque, según A. López Echevarrieta (Cine vasco: de ayer a hoy, p. 50-51) el episodio se rodó en un estudio de Hollywood, donde se reconstruyó el escenario de la batalla.

Canción para Hitler

Los personajes principales y la trama fundamental carecen de contenido histórico, aunque la cinta merece un recuerdo por su ambientación, por la alusión a personajes, por los datos que se ofrecen sobre diversos episodios y por la plasmación del hecho histórico de la batalla de Vitoria. Al margen de ese interés para el bicentenario, ‘ La espía de Castilla’ siempre será recordada por la famosa canción ‘Dunkey serenade’ (‘Serenata de las mulas’), con la que finaliza la película después de haber sido el tema musical durante todo su desarrollo. Fue un verdadero hit de la época. No solo se oyó en las emisoras de radio en aquellos tiempos. Según cuenta la secretaria de Hitler, Traudl Junge, en sus memorias, “el Führer casi siempre pedía el mismo repertorio. Operetas de Lehar, canciones de Richard Strauss, Hugo Wolf y Richard Wagner. La ‘Dunkey Serenade’ era el único hit que Hitler toleraba. Con ella solía acabar el concierto”.

‘La espía de Castilla’ es un musical en el que su protagonista, Jeannette MacDonald, está dirigida por su director favorito, Robert Z. Leonard. Tenía entonces 36 años y estaba en la cúspide de su carrera. Según recoge el historiador Jesús Maroto de las Heras en su ‘Guerra de la Independencia, imágenes en cine y televisión’, el film quiso repetir el gran éxito de otro largometraje, Maytime. En este caso se adaptó una opereta de 1912 de Rudolf Friml, ‘The Firefly’. En esta opereta el libreto y las canciones eran de Otto Harbach y su argumento no tenía nada que ver con la Guerra de la Independencia. El guión de la película escrito por Frances Goodrich y Albert Hackett sitúa la acción al principio de la invasión napoleónica, hace un recorrido por toda la guerra y acaba en Vitoria. Como la película está rodada en 1937 es posible que esta orientación se deba a que la Guerra Civil ofrecía cierto interés para las productoras de Hollywood. Se habían rodado o se rodarían en poco tiempo, varias cintas como ‘Bloqueo’, ‘El último tren de Madrid’, etc. En ellas, la industria norteamericana apoyaba claramente a la República española. España se había puesto de moda en las noticias de los periódicos y era posible que el público asociara la lucha contra Napoleón con la guerra que se desarrollaba en esos momentos y que los corresponsales de la prensa relataba a diario. Pero esto no es más que una de tantas hipótesis.

Desafortunadamente, la película no funcionó muy bien en taquilla. Aunque hay que reconocer que la puesta en escena de las acciones de masas está muy cuidada, como por ejemplo, la entrada de los dos reyes a Madrid. Tiene detalles curiosos como la sublevación del 2 de mayo o un ataque de los guerrilleros contra un convoy francés. Los ambientes interiores están también bastante conseguidos. Como es el caso del café donde la cantante actúa en Madrid o en el mismo teatro de Bayona. Los grandes medios norteamericanos se hacen patentes, aunque se percibe cierto aire ‘californiano-mejicano’ en la toma de varios exteriores que pueden no identificarse como genuinamente españoles.

Buena acogida del público

En cambio, en España la película tuvo mejor acogida puesto que el público vernáculo cautivado a finales de los cuarenta por las producciones americanas veía con satisfacción cómo una de ellas reflejaba la lucha contra Francia que en estos momentos tenía una relación conflictiva con la dictadura franquista. El argumento resalta algo que fue una realidad. La presencia de espías no es un descubrimiento moderno. Durante la Guerra de la Independencia, como a lo largo de la historia de la humanidad, la información es fundamental. También para ganar batallas.

En un café de Madrid actúa con gran éxito Nina María Azara (Jeanette Macdonald). Los oficiales franceses que ya ocupan España aplauden fascinados. También acude un noble español, Diego Manrique de Lara (Allan Jones). La cantante recibe en su camerino una nota del marqués de Melito que necesita verla urgentemente. Como uno de sus admiradores es un celoso oficial francés llamado Etienne, Nina María se ve obligada a coquetear con Diego para librarse del galo. La estrategia funciona porque Etienne desafía a Diego al salir del café, pero al mismo tiempo aparece en una carroza el marqués que la lleva a su domicilio ante la sorpresa de Diego.

El marqués de Melito es uno de los responsables del Servicio de Espionaje español y Nina María una de las agentes que procura conseguir informaciones de los oficiales franceses. La última noticia que ella comunica es que Napoleón va a enviar 30.000 soldados a España. Melito quiere enviar a Nina a Bayona para que intente averiguar las intenciones de Napoleón con respecto al rey Fernando ya que han detenido a dos agentes españoles en la ciudad. Si la entrevista de Bayona es una trampa, como sospecha, el viaje del rey que aún no ha salido de Madrid , se suspendería. En Vitoria se alojará en el Toisón de Oro, donde otro agente español le dará más detalles de su misión.

Cuando la cantante emprende el viaje se encuentra con la sorpresa de que cerca de Vitoria, Diego alcanza el carruaje para cortejarla y le comenta que rehusó el duelo con el oficial francés para buscarla y confía en que Nina le dé esperanzas. Uno de los sirvientes de la posada de Vitoria es el contacto que informa a la cantante de la salida del rey de Madrid. Este agente añade que, en Bayona hay otro agente español que es un vendedor de palomas mensajeras que le reconocerá por la palabra ‘Vitoria’. De este segundo contacto recibirá unas palomas para remitir a España la información que consiga. Nina contacta con un oficial de alto rango próximo al emperador y se entera que tiene la misión de ir a Vitoria donde Fernando VII está a la espera de noticias de Napoleón. En un descuido del militar lee una nota del emperador en la que ordena al coronel que arreste a Fernando VII en Vitoria.

Nina regresa a su hotel en Bayona para enviar una paloma mensajera hacia la capital alavesa para que se impida la salida de Fernando VII. Pero alguien ha cambiado las palomas y a su contacto lo han detenido. La protagonista confía en que el oficial español Diego regrese personalmente a Vitoria con el importante mensaje de que le van a tender una trampa al rey español. Pero finalmente Diego resulta ser un espía francés que le confiesa su amor y aunque sospecha de Nina no puede demostrar que es ella la que manda los mensajes. A última hora, Nina ha podido cambiar la nota sobre el rey por una reserva de una cena en un restaurante de Vitoria.

La espia de Castilla

La película refleja después todo lo acontecido en la guerra y se detiene en la próxima batalla, la definitiva que será, obviamente, la de Vitoria. Finalmente, los franceses atrapan a Nina con un documento sobre la distribución de las tropas francesas en la Llanada. Rápidamente, los generales de Napoleón dan una contraorden para adelantarse a los planes ingleses y cambiar su despliegue que, según la nota de Nina, conocían los hombres de Wellington al que también se le ve junto al General Álava y su cuartel general preparando el combate. La protagonista está en un calabozo de Vitoria –la parroquia de San Miguel cumplió esa función- donde la visita Diego-André, el espía francés. Ella le cuenta que sus camaradas han mordido el anzuelo y que todo se había preparado para que los franceses descuidaran los flancos. Recuérdese que el gran éxito estratégico de Wellington al plantear la batalla, algo que se estudia en la historia militar, es convertir la Llanada en una tenaza atacando por las laderas de los montes de La Puebla y los montes de Vitoria y por la sierra de Badaia y Araca para cortar a las tropas francesas la retirada lógica por el Camino Real, entonces, la carretera de Arlabán. Una bomba cae sobre el calabozo, algo que históricamente no ocurrió, y finalmente Nina se encuentra con Diego en el hospital (la entonces parroquia de San Ildefonso) de donde salen juntos cantando con final feliz por lo visto. Una escena anterior muestra a un hombre que representa a España (también a la ciudad que ve como su opresor se tiene que marchar al galope) y que ha roto las cadenas.

Según Maroto de las Heras, existe suficiente información y documentos como para afirmar que durante la Guerra de la Independencia hubo una auténtica red de informantes y espías en todos los ejércitos y entre la población civil. Así lo recoge el que fuera jefe de los espías españoles, Andrés Cassinello en su libro ‘El servicio de Información en la Guerra de la Independencia’. Pero eso es asunto para otra historia vieja.

160620 General Alava Ferrer Dalmau

 

El Correo 2013

Álava asalta el Museo del Louvre

 

El general vitoriano usó la fuerza para rescatar cientos de cuadros expoliados durante la ocupación francesa

27.04.13 - 22:54 - 

FRANCISCO GÓNGORA | VITORIA

Una de las hazañas menos conocidas del general Miguel Ricardo Álava, que le granjeó el título de miembro de honor de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, fue su gestión en la recuperación de las obras de arte saqueadas por las tropas napoleónicas. Vitoria vio pasar durante los seis años de ocupación miles de cajas cargadas en carros en dirección a París que transportaban uno de los mayores expolios que una nación haya podido hacer a otra. Expolios que han sido, por otra parte, una práctica habitual a lo largo de la historia.

Como se sabe, la voracidad de los generales franceses y del rey José Bonaparte no tenía límites. No existe un catálogo completo de los miles y miles de cuadros y de objetos de arte que atravesaron los Pirineos durante la Guerra de la Independencia. La pintura era una mercancía de lujo que se pagaba muy bien. Los generales Soult, De Faviers, Sebastiani, Murat, Coulaincourt, Eblé, Desollé o Crochart rapiñaron todo lo que pudieron en iglesias, conventos y colecciones reales y particulares. Hay que decir que preferían la pintura holandesa e italiana, que se pagaba mejor en Europa. Despreciaban los cuadros españoles, pero se los llevaban también, especialmente Murillo y Velázquez. Benito Pérez Galdós en su episodio nacional ‘El equipaje del rey José’, resume aquellos hechos con esta frase: «No pudiendo dominar España, se la llevaban en cajas, dejando el mapa vacío». Prueba irrefutable de todo ello fue, precisamente, la batalla de Vitoria.

El duque se lo lleva

El 21 de junio de 1813, derrotados los franceses en las llanuras alavesas, abandonaron sobre la vieja calzada romana en dirección a Pamplona entre 1.500 y 2.000 carruajes y furgones. Otros mil carros sí pudieron salir en la víspera por Salinas y Arlabán antes del choque. Unos y otros iban cargados de cuadros de las colecciones reales, obras de arte, plantas rarísimas de los botánicos españoles, dinero –unos cinco millones de duros en oro-, alhajas, joyas, legajos y libros, además de municiones y cañones. Puestos un carro tras otro, el convoy ocuparía una longitud de 18 kilómetros.

Del tesoro pictórico que se llevaba Bonaparte aquel día se tienen noticias gracias a que una gran parte del botín de guerra acabó en manos del Duque de Wellington, el gran héroe de la jornada. Su hermano, Lord Marlborough le escribe poco después: «He abierto los paquetes tomados en Vitoria y los he enviado a su casa para que fueran cuidadosamente examinados, habiendo encontrado que contienen una colección de pinturas como usted no puede concebir... Le envío una lista de 165 de las pinturas más valiosas». En el catálogo de la exposición «Wellington en España», organizada en Madrid en 1988, el experto Juan J. Luna, calcula que fueron entre 225 y 300 obras.

Asombrado por el valor del conjunto el propio duque inglés consideró que había que devolver aquel tesoro. Pero Fernando VII, «conmovido por su delicadeza», le contestó a través de su embajador que, sorprendentemente, se quedara las pinturas «que han venido a su posesión por medios tan justos como honorables». Naturalmente, Wellington no rehusó el regalo y colgó las pinturas en su residencia de Apsley House, llamado también museo Wellington y situado en el Hyde Park londinense. Hoy en día presenta una gran colección de arte.

Bayonetas inglesas

Pero volvamos a septiembre de 1815. Tras la victoria aliada de Waterloo, el general Álava, embajador español en los Países Bajos entra en Paris junto a Wellington y es encargado por el Gobierno de Fernando VII de recobrar los cuadros sustraídos por las tropas francesas. Álava envía un despacho informando que ha mantenido un encuentro con Luis XVIII, quien le había manifestado que «ni daba los cuadros ni se oponía a que se los llevasen». Al ilustre vitoriano le parece suficiente esta respuesta y decide por su cuenta tomar al día siguiente los cuadros y deja para otro día la reclamación de los que se hallan en galerías particulares, como las de Soult o Sebastiani.

El 23 de septiembre, el capitán Nicolás Miniussir, ayudante de Álava, y el pintor Francisco Lacoma, acompañados de unos 200 infantes ingleses armados con fusiles y bayonetas, acuden al Louvre, custodiado por tropas prusianas, para reconocer y recuperar los cuadros sustraídos en España. El director del museo Vivant Denon, se opone con decisión a que salieran de allí los cuadros de Murillo y Zurbarán regalados en 1813 por el mariscal Soult. A las 20:00 horas de ese día, el capitán Miniussir envía una nota al general Álava dándole cuenta de los hechos. En ella informa de que ha sacado doce cuadros con alguna oposición y que al día siguiente, temprano, volverá a continuar su tarea. «Tanto los empleados como el pueblo francés querían oponerse. Casi hube de usar la fuerza para sacarlos», señala Miniussir a Álava

Al día siguiente, los comisionados españoles vuelven al Louvre y sacan en total doscientos ochenta y cuatro cuadros y ciento ocho objetos diversos. Sin embargo, no pueden recuperar los cuadros que habían pasado a formar parte de las colecciones de los mariscales napoleónicos Soult, Sebastiani y Belliard, entre otros. De esta manera se quedaron en Francia cuadros de Velázquez, Murillo, Ribera, Tiziano, Van Dyck, Guido Reni, etc. El general Álava da parte al día siguiente de la recuperación de los cuadros e informa de la resistencia por parte del rey francés y demás autoridades, que ha hecho necesaria la mayor firmeza. Aconseja que los cuadros, que han sido transportados a casa del conde de Perelada, se envíen a Bruselas, embarcados desde Amberes, por creer que es peligroso remitirlos a España por tierra debido a la resistencia que existe contra la salida de los cuadros de Francia.

El 14 de diciembre llegan a Bruselas los trece cajones con las obras de arte procedentes de París. Posteriormente, son trasladados a Amberes por Miniussir con una escolta inglesa. Las cajas son depositadas en un almacén, hasta que se embarcan, en la primavera siguiente, en la fragata holandesa Amstel, rumbo a Cádiz. El 30 de junio de 1816 son depositados en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, y años después son enviados al Prado.

En la historia del museo del Prado consta esta importante gestión del general Álava para recuperar ese patrimonio rapiñado que hubiera acabado finalmente en las pinacotecas del mundo o en manos de particulares. Los que han visitado la casa del general Soult y sus descendientes en París tienen la sensación de haber visitado «otro museo del Prado», por la calidad y la cantidad de la pintura que cuelga de sus paredes.

Por cierto, uno de los cuadros recuperados es la 'Sagrada Familia' de Rafael y otro, ‘el Sueño del patricio Juan’, que Murillo pintó en Santa María La Blanca, de Sevilla. El lienzo representa la leyenda que dio origen a la construcción de Santa María la Mayor de Roma y al milagro de la Virgen de las Nieves, tan cercano a los vitorianos.

Historias perdidas de Álava. 2013

 

 

LA LEGIÓN EN EL ANTIGUO PROTECTORADO

160611 Legion Melilla 

Le legión en el antiguo Protectorado

LA GUERRA DE ÁFRICA Y SU MÚSICA

FERNANDO VÁZQUEZ canta GIGANTES Y CABEZUDOS Escena de Repatriados

En el barranco del lobo - Francisco Curto

Guerra del Rif- Rif War

EL NOVIO DE LA MUERTE - LA LEGION

OLGA MARÍA RAMOS BANDERITA

Marujita Diaz - Soldadito español

LA GUERRA DE ÁFRICA: EPISODIOS

El soldado español que ametralló a decenas de rifeños para defender los cadáveres de sus compañeros

El Museo del Aire de Madrid inaugura un diorama a tamaño natural de un aeródromo del Rif. Un aeropuerto similar a aquellos que pisó Senén Ordiales, uno de los pilotos más valientes de la Península.

Bristol

 

Por tierra, por mar... y también por aire. Las heroicidades del Ejército españolen la Guerra de Marruecos se cuentan a día de hoy por decenas y, aunque la mayoría se sucedieron a ras xxde suelo y en unos calurosos páramos cubiertos de arena (un claro ejemplo fueron las muertes en acto de servicio del cabo Noval y del capitán Salafranca), algunas también tuvieron como protagonistas a los pilotos que surcaban las nubes a los mandos de los entonces desfasados aviones de combate.

Entre las acciones más destacadas es imposible olvidarse de los actos de valentía de Senén Ordiales González. Un teniente madrileño (de Carabanchel, más concretamente) que, durante una operación de ataque sucedida en 1925 en el Norte de África, aterrizó con su avión Bristol en territorio enemigo para defender a tiros los cadáveres de unos compañerosque se habían estrellado cerca de Beni-Bu-Yahi. Sabía que nada podía hacer por sus vidas pero, aun así, quiso arriesgar el cuello para evitar que los hombres de Abd El-Krim vejasen a los fallecidos.

 

Senes ordiales

Ordiales, desde su adolescencia, fue un militar fascinado por los cielos en una época en la que había que ponerle todavía un buen par de botas para plantarse las gafas de piloto y subirse a un aeroplano. Fue, en definitiva, un soldado que pisó a lo largo de su carrera decenas de aeródromos. Lugares desde los que despegó para arrojar bombas sobre sus enemigos y que, hasta este momento, han permanecido en el olvido colectivo.

Ahora, sin embargo, el Ejército del Aire ha querido rendir su particular homenaje a la Guerra de África y a los aviadores que combatieron en ellainaugurando un gigantesco diorama en el que se representa la vida en un aeropuerto militar de Melilla entre los años 1913 y 1927. Todo ello, en el hangar número 1 del Museo de Aeronáutica y Astronaútica de España (ubicado en Cuatro Vientos, Madrid) y con las incansables horas de trabajo de la asociación de recreación histórica «Imperial Service» (encargada de la producción y de dar vida al aeródromo).

Para saber más sobre la nueva sala dedicada a las campañas de Marruecos en el Museo del Aire: La guerra aérea de España contra Abd El-Krim aterriza en Cuatro Vientos

Ordiales y los inicios de la aviación

Senén Ordiales González fue un madrileño de esos de pura cepa. Vino al mundo allá por el año 1900 (el 1 de noviembre, para ser más exactos) en el siempre castizo Carabanchel Alto. Cuando apenas contaba con 15 primaveras a sus espaldas entró en la Academia segoviana de Artillería. Todo ello, en unos años en los que la aviación militar empezaba a levantar el vuelo en España tras haber sido precedida por la aerostación (es decir, el uso de globos aerostáticos tanto para fines de transporte, como castrenses).

Un claro ejemplo de lo poco que habían evolucionado los aeroplanos entonces es que tan solo tres años antes se había reconocido la existencia de los aviones como máquinas útiles para surcar los cielos. «El Real Aero Club de España modificó en 1912 su reglamento para incluir a los aeroplanos junto a los globos entre las actividades aeronáuticas. Era el Aeroclub a quien competía ejercer el control oficial de las marcas que en las diferentes especialidades se establecieran en nuestro país y que eran inevitablemente muy modestas en relación con las internacionales», explica el Instituto de Historia y Cultura Aérea en su obra «Historia de la aviación española».

Tampoco habían pasado ni dos años desde que el rey, Alfonso XIII, firmó -el 28 de febrero de 1913- el decreto mediante el que se creaba el Servicio Aeronáutico Militar. Un documento que implicaba el nacimiento de laAviación Militar española y que dividía, oficialmente, este cuerpo en las ramas de «aerostación» y «aviación».

Zegri

 

El contenido de sus líneas se ha mantenido hasta nuestros días: «El servicio de Aviación. que hasta ahora no ha pasado del periodo experimental por falta de recursos, podrá, en breve, adquirir mayor desarrollo, tanto por existir ya algunos pilotos, como por disponer de material adecuado para maniobras y operaciones en campaña. Es indudable que el aeroplano, aun cuando ha de sufrir modificaciones que atenúen sus defectos ya que -por la naturaleza del medio en que se mueve- quizá no sea nunca posible dotarle de estabilidad absoluta, constituye un elemento importante para el servicio de exploración y podrá, con el tiempo, ser susceptible de otras aplicaciones».

En el año que Ordiales se sintió llamado por la aviación, sobre los cielos españoles se podían observar aviones militares tan rudimentarios como el «Maurice Farman MF.7». Un aeroplano similar a una gigantesca «cometa voladora» motorizada en la que se podían subir –narices mediante- dos tripulantes y que pesaba escasamente 580 kilos. También destacaban los no menos primitivos «Morane Saulnier G» regalados por el conde de Artal al Ejército español. Dichos aparatos llamaban la atención por su escasa utilidad a la hora de acabar con los enemigos de la Península ibérica, y por no ser demasiado seguros (así lo demuestra el que, tras su llegada a nuestro país, se incendiaran y averiaran en multitud de ocasiones y sus fallos costaran la vida a varios aviadores).

Cuando Senén entró en la Academia, la aviación militar española apenas acababa de levantar su primer vuelo

Fuera como fuese, e independientemente de la novedad y la peligrosidad de los aparatos sobre los que intentaran alzarse del suelo los militares españoles, Ordiales siguió su camino hacia los cielos. Así pues, tan solo cinco años después de entrar con paso marcial en la academia, logró ascender a teniente. Tras obtener ese cargo, se ofreció voluntario para ser destinado al Regimiento Mixto de Artillería de Melilla en el cual, como bien señala el general de División del Ejército del Aire José Sánchez Méndez en su dossier «Noveno laureado de la Aviación Militar: teniente de Artillería, piloto aviador Senén Ordiales González», combatió en la posición de Kadia(ubicada en Beni Said, a unos 40 kilómetros de Ceuta) y deDar Queb Dani(unos 55 kilómetros al oeste de Melilla). «Recibiría su bautismo de fuego en el ataque y conquista de Nador de Beni Ulixech», añade el militar en su obra.

Posteriormente, Senén llevó a cabo los cursos de piloto de aeroplano en Sevilla, desde donde se dirigió al popular aeródromo de Cuatro Vientos (en Madrid) para acabar su formación. En 1924, finalmente, fue destinado al grupo de escuadrillas expedicionarias. Es decir, que le tocó hacer el petate y, como tantos otros, dirigirse hacia Marruecos, donde se estaba sucediendo una guerra a sangre y fuego entre España –cuyo objetivo era dominar el territorio de Marruecos que la comunidad internacional le había cedido en 1912 (apenas 25.000 kilómetros cuadrados)- y los rifeños, empeñados en no dejarse dominar por aquellos hombres uniformados que no habían visto en su país más desierto que el de Almería.

La guerra llega a Marruecos

Ordiales llegó a las calurosas tierras rifeñas en 1923. Sin embargo, para cuando pisó aquellos desérticos páramos la aviación militar española ya llevaba más de una década aposentada en el norte de África. Concretamente, todo comenzó el 19 de febrero de 1913, poco después de que concedieran a la Península aquella franja de tierra que tan pocas alegrías iba a dar a los militares.

Un territorio plagado de tribus nativas rebeldes dispuestas a pasar a cuchillo a todos aquellos españoles (además de al sultán de Marruecos, al que consideraban un traidor amigo de los cristianos) llegados de más allá del estrecho de Gibraltar. Pero amigo… la política era la política, así que tocó atarse las botas, ponerle «napia» y empezar a someter a los enemigos de la corona a base de fusil, machete, y lo que se terciase. Y una de las primeras ciudades en hacerlo fue Ceuta.

Senes Ordiales 2

 

«En 1913 el Comandante Militar de Ceuta […] emprendió una serie de operaciones para alejar de la ciudad a las harkas enemigas e intentar someter a las cábilas rebeldes a la autoridad del Sultán, la que no reconocían. […] El movimiento rebelde lo dirigía Muley Ahmed el Raisuni», explica Méndez en otra de sus investigaciones, «La aviación militar española en la campaña de Marruecos» (1913-1927)».

La idea de dominar por las bravas al enemigo cuajó bien entre la oficialidad hispana. Uno de sus más ilustres miembros, José Marina (Alto Comisario y general de las tropas españolas), se aventuró, incluso, a dar un paso más y solicitar a España la ayuda del recién creado Servicio de Aeronáutica Militar. Y el ejército, como cabía esperar, aceptó. Así fue como, después de construirse el aeropuerto de Sania Ramel en Tetuán, una escuadrilla formada por 11 aviones se desplazó hasta África.

Los objetivos de los primeros aviones militares

Una vez instalados en los diferentes aeródromos que se fueron creando en el norte de África, el Ejército otorgó una serie de misiones habituales a sus aviadores. Estos fueron definidos brevemente por el general Manuel Goded(quien participó en la Guerra del Rif) de la siguiente forma en su obra «Marruecos, las etapas de la pacificación»: «Su empleo en Marruecos es deextraordinaria eficacia, de infinita variedad y de enorme efecto moral. […] En la información y en la exploración, en los bombardeos de castigo, en la disolución de las concentraciones enemigas y de los zocos, en la destrucción de las cosechas, en el combate para batir a la artillería enemiga, o para vencer con bombas o con ametralladoras una resistencia obstinada, en los momentos difíciles abasteciendo posiciones y columnas… en todas las ocasiones y momentos el avión es indispensable para la guerra en Marruecos». A estas se añadían, a su vez, otras tantas:

Bristol F2B

 

1-La exploración. Era el objetivo básico de estos aparatos. Los pilotos y observadores de vuelo solían dibujar mapas de las zonas inexploradas por el ejército lo que permitía que, al ser capturadas, pudieran ser bien defendidas. A su vez, estos planos permitían a los españoles no ser «cazados» hombre a hombre en una emboscada de los rifeños. Por descontado, estos sodlados también tenían la capacidad de descubrir los puntos clave de resistenciapara que pudieran ser batidos por la artillería.

Su labor era tan útil, que sus bondades fueron recogidas por decenas de militares. Así lo afirmaba un oficial de la época en un informe que recoge el Ejército del Aire en su dossier «Usos de la aviación en Marruecos»: «Es indudable que se debe por todos los medios tender a hacer [la información aérea] efectiva permanente, por lo que sería conveniente se confiara a las fuerzas aéreas como una de sus misiones permanente esta de información diaria […] Insistiendo sobre esta fuente de información consideramos que prestaría un excelente servicio».

 

Escuadrilla

2-Atacar al enemigo. Como es lógico, el que los aparatos estuvieran elaborados con madera y lona (y que, por tanto, fueran muy sensibles a los impactos de bala), no impidió a los militares españoles utilizar estas nuevas máquinas para bombardear ametrallar al enemigo. Los pilotos llevaban a cabo ambas acciones volando «a la española», como se solía decir. Es decir, atacando a los rifeños a un distancia lo más cercana posible al suelo para así ganar en puntería y no errar el blanco (además de dispararles en cadena). De hecho, se solía decir que no había peor vergüenza para un aviador que ser fotografiado por sus compañeros disparando a los moros desde una gran altura.

3-Abastecer las posiciones avanzadas españolas asediadas por el enemigo. En la Guerra del Rif, los militares españoles solían defenderse enblocaos (pequeñas fortificaciones portátiles de madera que podían montarse fácilmente en mitad del desierto). El problema fue que, ante de 1921, la expansión del ejército a lo largo del vasto territorio africano fue de tales dimensiones que resultó imposible que las posiciones estuvieran ubicadas cerca unas de otras para defenderse mutuamente. Por el contrario, solía existir una gran cantidad de territorio entre ellas. Así pues, cuando eran asediadas debían resistir varios días hasta que llegaran los refuerzos.

Suministros

 

En ese momento entraban en acción los aviones. Estos despegaban continuamente desde los aeródromos cargados con sacos de comida ycartuchos para que los defensores pudieran hacer frente a los rifeños hasta que fueran reforzados. También solían llevar agua hasta los sitiados. Con todo, no lo hacían lanzando sacos cargados con el líquido elemento, ya que de esta forma podían romperse (y se habría desperdiciado un viaje) sino que arrojaban barras de hielo de 12 kilogramos desde los cielos. Cuando estas eran recogidas, los militares tan solo debían esperar unas pocas horas para beber un buen vaso de agua helada.

4-Enviar cartas. «En cuanto a su utilización de correos, destacaba en ciudades o posiciones de cierto tamaño que estaban aisladas y donde el enemigo había interrumpido el contacto telegráfico con el resto del territorio bajo dominio español. Hay que tener en cuenta que el uso del telégrafo fue bastante tardío en el contexto de las Campañas de Marruecos puesto que el heliógrafo tenía mucho más predicamento en el ejército español», añade el Ejército del Aire en su dossier.

5-Evitar el rearme de los enemigos. Tanto los aviones tradicionales como los hidroaviones fueron sumamente útiles en la costa para evitar que los rifeños recibiesen armamento y municiones desde el exterior.

La venganza tras Annual

Los diferentes aviones sirvieron en los siguientes años de forma heroica en África y, día tras día, hicieron multitud de salidas con las que ayudaron al general Manuel Fernández Silvestre (comandante general de Ceuta y Melilla) a expandir el territorio español en el norte de África a base de fusil y bayoneta.

Y todo ello, a pesar de contar con unos hombres bisoños (novatos y faltos de entrenamiento), un armamento anticuado y heredado de la Guerra de Cubay unos víveres no demasiado abundantes. Así lo hicieron hasta julio de 1921, año en que miles de rifeños al mando del general rebelde Abd El-Krim –hasta el turbante todos ellos de tanto español por aquí y militar por allá- iniciaron una gran ofensiva que fue imposible contener por parte de los militares.

Ordiales participó en el «Desquite», la venganza española contra los rifeños tras el Desastre de Annual

Tras tomar las posiciones de Igueriben y pasar a cuchillo a sus defensores, los hombres de Abd El-Krim cayeron entonces sobre el campamento de Annual (al oeste de Melilla). Su ferocidad y número no tuvo parangón y, tras una breve resistencia, los españoles no tuvieron más remedio que salir por piernas para salvar la vida. Así fue como la casi totalidad del ejército español dio la espalda a los rifeños en una cruel carrera en la que oficiales y soldados se llegaron a matar entre ellos para lograr subirse a los camiones que se dirigían a la plaza fuerte de Melilla. El resultado, a pesar de la ayuda que prestaron los aviones, fue el de unos 10.000 muertos por el bando rojigualdo. Un desastre de grande como una montaña.

La masacre fue absoluta. Sin embargo, cuando el frente se estabilizó y se logró expulsar a los rifeños de las cercanías de las posiciones españolas, la aviación cobró una gran importancia, pues los aviones se dedicaron a despegar día tras día de los aeródromos para atacar de forma incansable a los rifeños. No ya solo para diezmar las fuerzas moras, sino para aniquilar cuantos más enemigos mejor en venganza por la muerte de sus compañeros.

«Durante el Desquite, en septiembre se recuperaron el aeródromo de Melilla y Monte Arruit, protegiendo la Aviación estos avances. Poco después, en noviembre se crearon las Fuerzas Aéreas de Marruecos que contaban con seis escuadrillas [de aviones] y cuyo mando fue confiado al coronel de Ingenieros Jorge Soriano, lo que facilitó las operaciones terrestres que permitirían recuperar el terreno perdido en 1921 y llevar cierta calma al territorio», añade Méndez en otras de sus obras, «La Aviación Militar Española: una historia corta pero de gran intensidad».

«La Balumba» y el Breguet

Nuestro protagonista llegó a Marruecos cuando el «Desquite» estaba tocando a su fin, pero todavía seguía activo (aproximadamente en 1923). Ordiales fue incluído en la «La Balumba», un grupo destinado -por un lado- a minar la moral de los rifeños mediante continuos bombardeos y -por otro- a explorar continuamente el territorio en posesión del enemigo para evitar sorpresas desagradables, Además, este aviador y sus compañeros también recurrieron a la «guerra de guerrillas». Es decir, a destruir habitualmente el ganado y las cosechas de los soldados leales al infame Abd El-Krim.

Ordiales, al igual que todo su grupo, pilotó uno de los aviones más populares de la Primera Guerra Mundial, el Breguet XIV, durante sus primeros años en África. Este biplano había sido adquirido por el gobierno español a Francia tras la Gran Guerra aprovechando su gran excedente. Cuando llegó a la Península -allá por 1919- fue destinado directamente a la Guerra de Marruecos, donde ofreció dignos servicios durante años.

«El Breguet XIV fue un avión muy importante en nuestra aviación militar por elduro y prolongado trabajo que realizó en Marruecos. Dotado de una célula robusta, de estructura principalmente metálica, fue preferido por muchos al DH.4 para el empleo habitual en Marruecos», explica el Instituto de Historia y Cultura Aérea en su obra coral «Aviones militares españoles».

Primeros combates

En las siguientes semanas nuestro protagonista participó en sus primeros combates en el norte de África demostrando su carácter y sus capacidades como piloto. No le quedaba más remedio, pues tanto él como sus compañeros eran –en muchos casos- la única esperanza para los soldados españoles quequedaban aislados en el frente occidental. A su vez, también solían convertirse habitualmente en los ángeles que descendían de los cielos para salvar a aquellos soldados que eran asaltados por los soldados a las órdenes de el Jeriro (el lugarteniente de Abd El-Krim) «Este había comenzado una serie de ataques que amenazaban las comunicaciones de nuestras tropas con los puestos avanzados y en la primera quincena de mayo fueron alcanzados varios convoyes españoles», añade Méndez.

Sin embargo, Ordiales todavía tuvo que esperar hasta finales de junio para que su nombre empezase a ser conocido en los aeródromos bajo bandera española. Y es que, fuese a partir de ese mes (del día 28, más concretamente) cuando empezó a ametrellar a los rifeños que habían aislado la posición de Coba Darsa. Todo ello, acompañado por las continuas y peligrosas salidas que hacía a diario para aprovisionar a sus compañeros. Por entonces la tensión podía cortarse con una gumía rifeña pues, como ya había admitido el general Primo de Rivera en una nota informativa a uno de sus oficiales, «el estado de cosas en la zona occidental de Marruecos se ha agravado sensiblemente». Y esa confesión, viniendo del alto mando, no era demasiado halagüeña. Pintaban bastos, como se suele decir, para el ejército español.

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Fue por ello por lo que «La Balumba» y Ordiales tuvieron una gran importancia en aquella región. «Desde el aeródromo Sania Ramel durante dos meses realizó una larga, dura y agotadora operación para abastecer a las numerosas posiciones asediadas y atacadas por una fuerza de cerca de7.000 rifeños. El teniente Ordiales tuvo una activa y decidida participación en los bombardeos de las fuerzas rifeñas y en la protección y abastecimiento aéreo de las posiciones de Coba Darsa y Solano. Unas misiones que hubo de realizar bajo duras condiciones meteorológicas, sobre un terreno muy accidentado y con el riesgo de ser alcanzado por una bala rifeña», completa el general.

Durante aquellos meses no hubo descanso para los hombres de «La Balumba» y sus fieles aparatos. Así lo demuestra el que, una vez finalizadas las operaciones de reabastecimiento a las posiciones sitiadas, les fuera entregada una nueva misión: la de bombardear el cuartel de Albd El-Krim y su propia casa. En una de estas operaciones de ataque selectivo fue nuevamente reconocido el valor de Senén Ordiales por el «espíritu y gran celo demostrado en un bombardeo realizado el 11 de octubre de 1924 sobre las trincheras enemigas de Dar Mizzian».

Las dos medallas de Ordiales

1-El valiente que ametralló a decenas de rifeños para salvar los cadáveres de sus compañeros (Medalla militar individual).

1925. Ese, sin duda, fue uno de los peores y, a la vez, de los mejores años de Senén Ordiales. Y es que, aunque estuvo a punto de morir en varias ocasiones, también logró hacerse con dos flamantes medallas que quedarían como una exhibición perpetua de su valor y coraje. La primera, concretamente, la recibió en abril de ese mismo año. Un mes en el que el Ejército español se estaba preparando para llevar a cabo la primera operación de su historia en la que se coordinarían las fuerzas de tierra, mar y aire (el desembarco en la bahía de Alhucemas) con el objetivo de dar el golpe definitivo a los rifeños.

Su valor en 1925 le hizo ganar dos medallas: una en Beni-Bu-Yahi y otra cerca de Alhucemas

El 19 de abril de 1925, nuestro protagonista andaba subido a lomos de su aeroplano. Desconocemos de qué color estaría el cielo, si hacía buen o mal tiempo… pero lo que sí sabemos es que, a su espalda, Ordiales contaba con la compañía del sargento Gutiérrez Lanzas quien, como ametrallador que era, andaba asiendo su arma dispuesto a defender el aparato de los rifeños ubicados en tierra. Aquella jornada, además, Ordiales andaba lanzando las bombas de espoleta contra el Had de Beni-Bu-Yahi. «Bum, bum, bum». En esas andaba el piloto español cuando observó que uno de los miembros de su grupo, el Bristol nº 24, había sido derribado y se había estrellado sobre territorio enemigo.

Poco podía hacer ya Ordiales por sus compañeros. Probablemente ya estarían muertos. Sin embargo, el aviador descendió sin dudarlo conociendo, probablemente, las vejaciones que sus compañeros podrían sufrir de parte de los rifeños si todavía seguían vivos. Quizá todavía estaba en su mente lo que los hombres de Abd El-Krim habían hecho apenas cuatro años al generalSilvestre quien (según se cree) fue capturado, torturado y paseado como un trofeo de guerra entre la población. Es probable que en su mente estuvieran también los castigos de los nativos a otros tantos soldados, a quienes habíanenterrado o incinerados vivos. Sin embargo, lo cierto es que no podemos saberlo.

Independientemente de lo que pasara por su mente, lo cierto es que Senén Ordiales descendió y, con su carabina, defendió lo que quedaba de sus compañeros. Así relata aquel suceso el dossier «100 años de la aviación militar española»: «Sin dudar un momento, junto con su ametrallador el sargento Gutiérrez Lanzas, aterrizó próximo al lugar, defendiendo con su carabina a los cadáveres de los tripulantes del Bristol abatido hasta la llegada de fuerzas terrestres propias y despegar de nuevo con su aparato. Por esta acción le sería la Medalla Militar individual».

Bristo Ordiales

 

2-La muerte alada en Alhucemas (Cruz Laureada de San Fernando).

Tras la Medalla Militar individual, Ordiales obtuvo su máxima condecoración en el Desembarco de Alhucemas, una gigantesca operación militar en la que participaron 13.000 soldados, más de una veintena de piezas de artillería, 11 carros de combate «Renault FT 17», media docena de tanques «Schneuder CA1», 67 navíos de guerra y unos 160 aeroplanos. Entre ellos se destacaba el avión de Senén quien, en las operaciones que se sucedieron entre el día del desembarco (el 8 de septiembre) y octubre de 1925, demostró su valor en una acción heroica sobre el monte de Yebel Amekrán (en Axdir,). Un monte del que los rifeños solían decir que, «si cayera algún día en manos del infiel, los cristianos se apoderarían de la kabila de Beni Urriaguel y la dominarían durante treinta años».

El 1 de octubre de 1925 Ordiales, todavía teniente de artillería y a los mandos del Bristol número 15, se encontró con su destino. Y es que, mientras volaba sobre el monte ya citado, se percató de cómo un grupo de nativos transportaba por el terreno un cañón con el que arrasar a las tropas españolas que acudían, como alma que lleva el diablo, a la zona con sed de venganza. Como ya hizo al conseguir su pasada condecoración, el aviador pensó rápido y se lanzó contra ellos volando a una altura de apenas 60 metros. El descenso le salió caro, pues una bala rifeña le impactó en la cabeza. Sin embargo, el piloto no se detuvo y soltó sus bombas sobre aquellos rifeños con el objetivo de inutilizar su pieza de artillería.

Al poco, el destino fue nuevamente esquivo con él, pues otro cartucho rifeñole impactó en la muñeca derecha, provocando un reguero de sangre. Todo parecía estar perdido, pero Ordiales continuó con su misión. «Después de vendarse con la corbata del Sargento bombardero, continuó la misión hastaarrojar todas las bombas, aterrizando entre Malmusi y Cala del Quemado sin averías en el aparato. Al descender a tierra perdió el conocimiento, salvando la vida gracias al inmediato tratamiento médico», explicó la Real Orden del 1 de Mayo de 1927 (la misma que corroboró que recibía la Cruz Laureada de San Fernando).

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Ordiales sobrevivió y, en marzo de 1927, volvió a la vida castrense. Fue ascendido a Jefe de Escuadrilla del Sector Occidental de Marruecos por sus múltiples actos de valor. Dos años después en junio de 1929, fue destinado en la Escuadrilla de Experimentación de Cuatro Vientos. Su vida fue relativamente tranquila hasta 1936, cuando se negó a volar bajo la bandera republicana y fue encarcelado. El 18 agosto de 1936 fue sacado de prisión y fusilado.

 

El pirata Drake no fue invencible

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El Instituto de Patrimonio Cultural de Madrid restaurará un estandarte arrebatado al temible corsario por un descendiente del Doncel de Sigüenza

 

Rafael Fraguas 2014

 

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La catedral de Sigüenza, esconde un tesoro histórico tan rico e interesante como desconocido. Se encuentra oculto en una estancia oscura de grandes dimensiones situada detrás de una extensa bancada de madera que recorre una espaciosa sala capitular catedralicia. Una puerta de madera, camuflada tras la sillería, conduce al lugar donde el tesoro ha languidecido durante cuatro largos siglos: un ajuar formado por dos estandartes y una banderola cuajados de historia.


Uno de ellos es una enseña aspada con la cruz de San Andrés, bien conservada, que perteneció a un regimiento formado por universitarios seguntinos y al mando del marqués de La Romana. El destacamento fue enviado a Dinamarca para impedir que lucharan en España contra Napoleón. Su heroico retorno ha escrito una renombrada página de la historia militar española.
El otro emblema, de más solera histórica aún, si cabe, es el estandarte de siete franjas, el único capturado en combate al hasta hoy mismo invicto –según la historiografía inglesa—sir Francis Drake, pirata al servicio de Isabel I de Inglaterra y por ella ennoblecido, al que le fue arrebatado en retirada el 5 de junio de 1589 sobre el litoral lisboeta junto a Cascaes por tropas españolas allí desplegadas al mando de conde de Fuentes, mientras Alonso de Bazán, hermano del marqués de Santa Cruz, estaba al mando de las galeras españolas.

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El estandarte, de 3.30 metros de longitud por 1.68 metros de anchura, tiene siete franjas de tafetán en colores blanco, rojo, azul turquesa, amarillo, granate, verde y blanco, de las que se conservan cuatro. Fue examinada en un estudio vexilológico que data de 1992, por los especialistas Antonio Manzano y Luis Sorando. Una tercera bandera procede de aquella misma acción y se desconoce su origen, si bien se cree que era de infantes portugueses.

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La enseña capturada a Drake se encuentra deteriorada y hoy sometida in situ a un tratamiento contra ácaros, insectos y carcoma. No obstante, el Museo Naval de Madrid se propuso exhibirlo, tras ser restaurado, en una futura exposición. Una de las singularidades del estandarte arrebatado a Drake es que quien lo capturó fue Sancho Bravo y Arce de Laguna, sobrino-nieto del llamado Doncel de Sigüenza, Martín Vázquez de Arce; su escultura sedente en alabastro, insertada en su sepulcro, compone una de las joyas escultóricas del Renacimiento español. Algunos atribuyen su talla a Andrea Sansovino, discípulo del Pollaiollo, ya que su hechura es contemporánea de la estancia del artista italiano en la catedral de Toledo para esculpir el enterramiento del poderoso cardenal Mendoza.


Francis Drake, por orden de Isabel I de Inglaterra, en el invierno de 1589, recibe la encomienda regia de formar una poderosa flota no oficial —solo contó con seis galeones reales de los 180 buques que reunió— y de enrolar una marinería que llegó a 27.667 embarcados, entre navegantes e infantería. John Norris comandaba con Drake la expedición. Debían encaminarse en primer lugar hacia Santander, para arrasar muchas las 102 naves hispanas que sobrevivieron a la Armada Invencible —formada esta por 137 naves—, y que en su mayoría estaban siendo reparadas en el puerto entonces castellano. Así lo explica el historiador Luis Gorrochategui, autor del libro La Contra-Armada. La mayor catástrofe naval de la Historia de Inglaterra, editado por el Ministerio de Defensa en 2011 y recién traducido al inglés.


Drake, por imperativo regio, debía luego aproar hacia Lisboa —ya que entonces Portugal permanecía bajo el dominio de la Corona española—, para expulsar a España del territorio lusitano, imponer un pretendiente portugués afín a Inglaterra, el prior de Crato, de nombre Antonio; asimismo, debía cortar definitivamente las comunicaciones entre la Península y el continente americano, con objeto de cercenar el poderío español sobre América del Sur y, de paso, quedarse también con Brasil, asignado a Lisboa por el Tratado de Tordesillas, ya en 1479.


Pero el pirata Drake, que zarpó de Plymouth con 180 navíos y casi 28.000 hombres a finales de abril de 1589, desobedeció a su reina; eludió Santander e intentó, por su parte, tomar y arrasar La Coruña, sin éxito, al ser fieramente repelido por los lugareños, entre los que destacó María Pita, como recuerda una lápida colocada en la muralla de la ciudad gallega el pasado 14 de mayo, 450 años después de aquella gesta.


Rumbo a Lisboa, Drake y Norris encontraron fortísima resistencia española y, tras desembarcar en las inmediaciones de Cascaes, sus tropas serían derrotadas y dispersas. Según el documentalista británico R. B. Werham, en un texto sobre aquella expedición publicado en 1988, de los 27.670 marineros y soldados embarcados en Plymouth, solo 3.700 marinos y soldados se presentarían a la paga en el mismo puerto inglés a su regreso de la fracasada expedición punitiva contra España. “Y ello sobre una flota que dejó el litoral lusitano sembrado de hasta 80 navíos hundidos o bien buques-fantasmas al pairo, con tripulaciones capitidisminuidas o diezmadas por la peste, la desorganización y la derrota de aquella frustrada invasión de Portugal, que permitió que Latinoamérica prosiguiera tres siglos más bajo el dominio español”, concluye el historiador Luis Gorrochategui.


“La historiografía británica circula desde entonces por España veloz y profusamente; pero la historiografía española es allí completamente desconocida”, se lamenta. Prueba de ello es que el Golden hind, buque emblema de Drake, se sigue exponiendo en un puerto inglés y sus visitantes desconocen que aquel buque, que el pirata llevó a su Contra-Armada para vengar a la Invencible, fue hundido por españoles en las procelosas aguas portuguesas.

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