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El historiador Luis Eugenio Togores presenta su nuevo libro, «Historia de la Legión española: La infantería legendaria», sobre la trayectoria de una unidad de élite nacida al calor de la Guerra de Marruecos

 

La infantería que desfila con una cabra, los oficiales descamisados con barba de chivo, los novios de la muerte… La Legión española parece ser todo eso tan extravagante, pero también son la punta de lanza de las tropas españolas, una de las unidades militares más eficaces de toda Europa y los encargados de acudir a la mayoría de misiones en el extranjero realizadas por España en el siglo XX. Del Sáhara a los Balcanes, de Irak a Afganistán… El doctor en Historia Contemporánea y profesor universitario Luis Eugenio Togoresrepasa la trayectoria histórica de esta unidad en su libro «Historia de la Legión española: La infantería legendaria» (La Esfera de los Libros), y trata de conjugar ambas vertientes: un folclore tan peculiar con una capacidad combativa puesta a prueba en distintos escenarios.

 

La Legión ya es una unidad veterana, con casi 96 años a sus espaldas. El germen de su origen se encuentra en la primera generación de soldados que lucharon en la Guerra de Marruecos de principios del siglo XX. De este conflicto brotó una escuela de militares españoles de esencia colonial, los africanistas, «unos soldados profesionales que se caracterizaban por entender de una forma nueva la milicia, por su alta capacidad profesional, probada en el campo de batalla… y la existencia de fuertes lazos profesionales y personales entre ellos y sus hombres», explica en su obra el profesor Togores.

 

De la forma de entender y vivir la milicia de estos experimentados oficiales, nacieron los Regulares y La Legión. En el caso del segundo, el romanticismo y un peculiar folclore se adueñaron de su esencia. Numerosas novelas («La Bandera», de Pierre Mac Orlan, o «Tras el águila del César», entre otras) y películas contribuyeron a crear casi desde su origen una imagen novelesca y guerrera de «los novios de la muerte».

 

Melilla, el bautizo de fuego

 

Pero, ¿justificaba la Legión española en los campos de batalla esta leyenda? Marruecos tiene la respuesta a esa pregunta. A consecuencia del desastre de Annualla I Bandera de la Legión –fundada apenas un año antes– recorrió 96 kilómetros a pie en día y medio para llegar a Tetuán. El objetivo final era acudir cuanto antes a Melilla, donde los regulares de la zona oriental se habían pasado al bando enemigo y la plaza se encontraba indefensa. «¡Legionarios! De Melilla nos llaman en su socorro. Ha llegado la hora de los legionarios. La situación allá es grave; quizás en esta empresa tengamos todos que morir», arengó a las dos banderas de la Legión el fundador de la unidad, José Millán-Astray.

 

 

 

Cuando las tropas de élite españolas desembarcaron en Melilla, la situación allí era de motín y los civiles trataban de evacuar la ciudad a toda costa. Tras un aparatoso desembarco, con Millán Astray dirigiéndose a la multitud para tranquilizarla, La Legión ocupó los blocaos y las trincheras en los siguientes días, así como se encargó de proteger los convoyes que se dirigían a las posiciones más avanzadas. La unidad guarneció en un solo día 15 puestos, y su leyenda se extendió dentro y fuera de las fronteras de España.

 

«El 18 de agosto de 1921, a las nueve de la mañana, una multitud de excombatientes se agolpaban a la puerta de la embajada española en Londres para alistarse a La Legión. A las diez de la mañana los voluntarios pasaron de 2.500, de los que finalmente fueron alistados 40», relata Togores en «Historia de la Legión española: La infantería legendaria». Ese mismo mes, salieron deNueva York 200 voluntarios y, el 19 de septiembre, llegaron a Cádiz 287 legionarios procedentes de Buenos Aires. En los siguientes semanas, el Tercio terminaría de escribir su leyenda en los campos de batalla.

 

Ciertos sectores políticos protestaron ante su creación, puesto que veían peligroso que una unidad española tuviera un carácter mercenario

 

Obviamente, hablar de los orígenes de La Legión es hacerlo de uno de esos oficiales africanistas, en concreto de su fundador, José Millán-Astray. Destinado primero en Filipinas y posteriormente enMarruecos, este oficial gallego reclamó con insistencia que las tropas destinadas en Áfricafueran sometidas a una mayor profesionalización. El 5 de septiembre de 1919, el ministro de la Guerra, el general Tovar, autorizó al comandante gallego a realizar una visita a los acuartelamientos de La Legión Extranjera francesa en Argelia. Allí extrajo unas conclusiones de las que nacería, en diciembre de 1919, La Legión española, cuyo nombre original fue el de Tercio de Extranjeros, según un Real Decreto.

 

Ciertos sectores políticos protestaron ante este decreto, puesto que veían peligroso que una unidad española tuviera carácter mercenario, esto es, que aceptara a extranjeros entre sus filas. También en el seno del Ejército había quien recelaba de esta unidad, entre ellos el general Silvestre, responsable del desastre de Annual, que seguía sin entender las peculiaridades que planteaba el terreno africano.

 

Una mística especial y un grito: ¡Viva la muerte!

 

Millán Astray logró salvar todas estas dificultades y dotó a su unidad de una mística especial. Se inspiró para ello en el espíritu de los viejos Tercios de Flandes (el militar gallego copió sus tambores de los usados por la infantería española en Flandes) y en la forma de afrontar la vida de los samurais japoneses, compilada en el Bushido. El resultado fue «un cambio en la voluntad de vencer», es decir, «el establecimiento de un espíritu de superioridad en el soldado español –igual que el que tuvieron los Tercios de Flandes–».

 

«Cuando los legionarios lo gritan, no llaman a la muerte, sino que afirman su amor por la vida»

 

La característica más llamativa de este ideario legionario y de sus símbolos era su aparente atracción por la muerte, lo que que queda retratado en el grito necrófilo: «¡Viva la muerte!». No obstante, el libro de Luis Eugenio Togores se encarga de desmitificar este y otros tópicos vinculados a la unidad: «Cuando los legionarios lo gritan, no llaman a la muerte, sino que afirman su amor por la vida. Gritan que amando la vida están dispuestos a darla al servicio de la patria».

 

En este sentido, un archiconocida anécdota de Millán Astray y un joven cadete ansioso por unirse a la legión ilustran el auténtico ideario legionario:

 

–¿Sabes a qué vienes aquí? –le preguntó Millán Astray al muchacho–.

 

–Sí, mi coronel: ¡a morir!

 

–¿Quién te ha dicho eso? No señor. ¡Te han engañado! –reprendió el coronel elevando la voz–.

 

–Mi coronel, yo…

 

–No señor. Aquí se viene a velar por el día y por la noche; a abrir trincheras, a abrasarte en verano, a helarse en invierno, a luchar sin fatiga, a retirar muertos y heridos cuando sea preciso, y después de esto, ¡a morir!

 

 

 

 

Durante setenta años el régimen comunista de Moscú, proclamaba que había "desterrado" a Dios de la mente de sus ciudadanos. La realidad es que la Iglesia Cristiana en Rusia está más pujante que nunca.

Se pretende que mediente una Ley se elimine la Historia de España, vana medida, porque cuando transcurran varias generaciones la Historia velverá al lugar que le corresponde.

160207 ABC Historia Militar

 

160702 Alcantara

Sra Alcaldesa:

 Soy María Eugenia López de Lamadrid Satrústegui, mujer de Agustín Muñoz-Grandes, Soldado de España.

En estos días mi familia se ha visto sorprendida por una noticia muy poco grata: Su comité para la Memoria Histórica quiere quitar a mi suegro, junto a otros dignos españoles, los honores que la ciudad de Madrid le concedió.

A él ya no se los pueden quitar pero a la historia sí...

 Yo soy catalana, vasca y cántabra.

Los últimos años de la vida en activo de mi marido los pasamos en Sevilla... me enamoré de esa tierra y de sus gentes.

Una cosa que me encantaba es que cuando te presentaban a alguien, muchas veces te decían: "ese es buena gente".

Pues bien, mi suegro era ... buena gente

Siento decir que su grupo de investigación de la memoria histórica, no me parece tan buena gente.

 Hace 50 años que estoy casada con Agustín y siempre, siempre, según iba ascendiendo en su carrera, le he oído decir : "Mandar es servir"

Y servir es servir a todos, es cuidar a todos , es preocuparse por todos.

Y servir también es querer...y enseñar.

Enseñar, por ejemplo, el perdón y no el odio.

Enseñar a respetar al que no piensa como tú y aceptar la diferencia sin rendir tus valores.

Enseñar que la historia no se borra ni se cambia pero que siempre se sigue construyendo.

Enseñar a mirar al futuro y a construir un mundo mejor donde quepamos todos.

 Desgraciadamente, hay mucha gente que piensa que mi suegro y la División Azul fueron nazis. Es  historia que lucharon junto a los alemanes, pero también es historia que , en el juramento que antes de entrar en combate la División prestó en Grafenwöhr, quedó clara su misión de luchar exclusivamente contra el comunismo.

 Y también es historia que mi suegro fue distinguido, por la bravura de sus hombres, con la mas alta condecoración del ejercito alemán.

Pero lo que poca gente sabe, y también es historia, que los más significativos enemigos de Hitler, Eisenhower, De Gaulle y Adenauer, le distinguieron mas tarde con muy altas condecoraciones.

 Sra. Alcaldesa.

Yo le pido sinceramente: RESPETO y ESFUERZO para CERRAR HERIDAS y DESTERRAR el REVANCHISMO.

Nos lo merecemos todos...

España se lo merece...

         MªEugenia Lopez de Lamadrid Satrústegui  de Muñoz-Grandes

160711 General Saenz de Tejada

Y como los viejos soldados de la balada, ahora cierro mi carrera militar; y simplemente me desvanezco. Un viejo soldado que tan sólo intentó cumplir con su deber como Dios le dio a entender. Estas palabras dichas por el general McArthur fueron escritas también para un viejo soldado que hoy no ha muerto, sino que se ha desvanecido, como aquellos viejos soldados de la balada.

Después de una larga vida, dedicada al Ejército y a España, el general de Ejército José María Sáenz de Tejada y Fernández de Bobadilla, Jefe de Estado Mayor del Ejército desde 1984 a 1986, ha abierto esa puerta infinita, como sólo lo hace el largo tiempo, sin ansiedad y sin pausa, a los 96 años de edad.

Un hombre sencillo que escribió la reciente Historia de España desde su puesto en los momentos cruciales: “Yo quería seguir la carrera judicial como mi padre”, contó al Periódico Tierra recientemente, “pero la Guerra Civil hizo que anduviera por este otro camino del que me siento muy orgulloso, el camino del Ejército”. Los pasos puede cambiarlos el futuro con sus variables circunstancias, pero lo que no cambia es el corazón de un hombre y al general Sáenz de Tejada, ni el vértigo ni las sombras ni el presuroso porvenir lograron que modificara ese corazón de soldado.

Vivió el 23-F como Jefe de Estado Mayor de la Capitanía General de Madrid, a las órdenes del general Quintana Lacaci, y en los medios se le consideró como uno de los hombres que salvaron la democracia.

Vivió los tiempos duros del terrorismo como Jefe de Estado Mayor del Ejército; “fue lo más doloroso que viví durante el tiempo que fui Jefe de Estado Mayor del Ejército. Ver a las viudas, a los hijos, tratar de consolarlos en un momento inconsolable; pero teníamos que ser fuertes”.

En el entierro de mi cuñado, asesinado por ETA, escuché una música en la iglesia pamplonica en la que se celebró su funeral y pensé que el Ejército debía tener una canción así para honrar y despedir a sus caídos. La canción la había compuesto el sacerdote español Cesáreo Gabarain Azurmendi. La arreglamos y ahora se escucha en todos los actos a los caídos. Es una bonita canción, ¿verdad?”.

Sí, mi general, La muerte no es el final es una canción muy bonita.

Después de pelear en todos los campos de batalla de la milicia, se mantuvo fiel a sus ideales de servicio y compromiso social y fue fundador y presidente de la ONG Fundación Desarrollo y Asistencia para ayudar a los más desfavorecidos; “desde mi punto de vista, uno de los elementos esenciales del voluntariado sincero y comprometido es ejercerlo sin esperar nada a cambio y la gran mayoría de las organizaciones mantienen esa norma. Por ello, estimo que no es necesario un reconocimiento expreso, que no sea la propia satisfacción personal”.

Sabemos que era un soldado y, aunque llevaba mucho tiempo alejado de los cuarteles, su voz sonaba a soldado, su espíritu volaba como el de un buen soldado, y sus palabras siguen sonando por los pasillos de este Cuartel General como las de un soldado: “Yo le diría a alguien que ingresa en el Ejército que siempre mantenga la ilusión, que sin ilusión no se puede trabajar en el Ejército”.

El general Sáenz de Tejada, el hombre libre, aquel que no era más que un viejo soldado que tan sólo intentó cumplir con su deber como Dios le dio a entender, no ha muerto, porque los viejos soldados nunca mueren, sólo se desvanecen.

 160711 Saenz de Tejada Cooperante

 

Se dice que hay quien muere con las botas puestas, y se dice, porque hay quien nunca en su vida se las ha quitado.

José María Sáenz de Tejada se ha ido a los 96 años. Muchos años y muy bien vividos, no porque hayan sido un camino de rosas, sino porque han sido muy plenos, muy llenos, repletos de servicio hacia los demás. Quizá hoy José María volvería a suspirar con paciencia desde el cielo si dijéramos que se fue quien fundó Desarrollo y Asistencia, porque “él –decía-, no había fundado nada”. Por eso no lo diremos aquí: diremos que se fue nuestro primer presidente y hasta hoy, mejor, hasta siempre, presidente de honor.

Después de toda una vida profesional en el Ejército hasta llegar a ser Jefe del Estado Mayor, no dudó cuando  llegó el momento de retirarse,  en seguir viviendo al servicio de la sociedad. Con 75 años, cuando muchos piensan en su ya merecido descanso, José María puso en marcha junto con un reducido grupo de amigos, Desarrollo y Asistencia. Durante los 10 años que estuvo al frente de la Fundación, la vio crecer como  nadie hubiera imaginado. Impulsó nuevos programas de acompañamiento, afianzó estructuras y procedimientos y juntos, como él decía, “fueron aprendiendo el concepto auténtico del ser voluntario”.   Fueron unos años en los que nos dejó, como dice Mar Garrido quien trabajó tan cerca de él,  “un legado claro: que el voluntariado se hiciera persona a persona; que fuera auténtico porque se buscaba comprender al otro considerándolo como uno mismo; y que la ONG fuera un espacio de solidaridad donde cupieran todos”. Como él mismo  decía “todos los voluntarios han de adquirir conciencia de cuanto se encierra en la persona humana, su propia dignidad y su propia libertad, la igualdad de todos, con la misma naturaleza y el mismo origen. También con sus problemas y preocupaciones, con sus alegrías y sus esperanzas y con una realidad personal propia, insustituible.”

De una gran talla humana, podríamos resaltar en él tres aspectos que reforzaban su sabiduría: el sentido común, el sentido de la medida y el sentido del humor. Y todo ello lo ponía al servicio de los más vulnerables. Cuando dejó la presidencia de DA, continuó como voluntario en el Hospital Puerta de Hierro y en la Residencia Sanyres de Aravaca. Y allí estuvo hasta el final, hasta que su cuerpo no pudo más y dijo basta.  Allí estuvo acompañando a enfermos y a personas mayores que sufrían el peso de la soledad, contribuyendo con su buen hacer que se sintieran aliviados, valorados, queridos.

José María ha visto irse a muchos de aquellos con los que empezó DA y algunos también de los que vinieron a lo largo de los años. Un buen grupo de voluntarios y voluntarias que le habrán recibido agradecidos, por haberles dado la posibilidad de formar parte de Desarrollo y Asistencia, Y quién sabe, hasta quizá lo hayan nombrado de nuevo presidente de honor, esta vez de aquella sucursal que Desarrollo y Asistencia  tiene en el cielo.

http://desarrolloyasistencia.org/2016/07/08/d-e-p-jose-maria/

160627 Toledo

La admirable ciudad de Toledo añade de antiguo a sus innumerables glorias efectivas la fronda de otras tantas leyendas y tradiciones que comenzaron a adquirir forma concreta casi en la misma época en que cristalizaba la lengua castellana. En efecto, la primera versión de una de esas leyendas más conocidas, la de la cueva de Hércules y subterráneo del palacio real, data de la crónica del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada (1175?—1247).

 A partir de entonces no ha habido generación que no se interese por semejantes misterios, comprendidas las más recientes que los estudian todavía con más ahínco, además de usar criterios y métodos propios de la ciencia y la técnica actuales. Merced a esta evolución la arqueología ha salido beneficiada de un acervo de noticias e investigaciones que en su origen estuvieron estimuladas por la curiosidad y la fantasía. Vamos a repasar rápidamente las sucesivas versiones dadas en el curso de los tiempos al tema central de la cueva toledana mágica llena de maravillas pasmosas.

 El primer planteamiento del obispo Jiménez de Rada refiere que en Toledo había un palacio que había estado cerrado desde tiempo inmemorial y el rey Rodrigo lo mandó abrir. 

No encontró nada en él sino un arca cerrada y dentro había un paño donde estaba escrito lo siguiente: Cuando estas cerraduras fueren quebrantadas y el arca y el palacio fueren abiertos y lo que allí hay fuere visto, entrarán en España gentes de tal manera como en este paño están pintadas y la conquistarán y serán de ella señores. La pintura representaba hombres de figura y vestido "así como agora andan los alárabes". No hay que repetir que el infortunado don Rodrigo, de quien trataremos en un capítulo posterior, se apesadumbró mucho ante semejante anuncio. Este suceso fue recogido por los cronistas y aun los historiadores de los siglos siguientes y pasó a conectarse con otras leyendas toledanas referentes a la fundación de la ciudad. 

Estas narraciones eran parientes de las falsas crónicas que ya veremos que no pecaban de tímidas ni cortas. No sólo manejaban dragones, osos y otras fieras sino también las figuras más renombradas de la antigüedad, reales o imaginarias, dándoles parte en la fundación de Toledo. Surgen así variadas historias toledanas que coinciden en centrarse en una cueva guardada por un dragón y abundan en vincular con ella al remoto rey de España Hércules Egipcio, uno de los sucesores del todavía más antiguo Túbal, y otros fundadores de este país, cuyas figuras se entretejen en diversas formas con la repetida cueva y en su caso, con el dragón que la guarda. Más adelante, este manojo de fábulas se combinó con la nombradía que adquirió Toledo de emporio de las ciencias ocultas, derivación de su fundada fama como centro de cultura durante largos siglos. 

El repertorio de ensoñaciones que rodeaba a la cueva se aumentó en tiempos pasados con diversas fábulas de que en ella había un tesoro y que éste había sido buscado en vano por diferentes hombres que habían perdido la vida en el empeño, máxime cuando alguna de las versiones afirma que el tesoro estaba guardado por un perro espantoso que los devoraba. Ante la notoria inexistencia de cuevas en Toledo, la cavidad en cuestión se conectó con el verídico y real subterráneo de la parroquia de San Ginés. Este templo existió, fue demolido en 1841 y lo ha estudiado mi ilustre amigo don Julio Porres, columna básica de los estudios toledanos. 

Aplicando al sótano de esta iglesia la curiosidad que inspiraba la irreal cueva de Hércules, el cardenal Juan Martínez Silíceo había ordenado en el año 1546 que fuese explorado por un equipo que entró con linternas, cuerdas y comida. Pasaron el día en su registro y al salir declararon que habían caminado media legua y habían visto unas estatuas, al parecer de bronce, de las que cayó una con gran ruido. Luego toparon con un curso de agua que no pudieron atravesar y se volvieron penetrados del frío y la humedad, por cuyo efecto enfermaron y murieron casi todos. El ingeniero don José Antonio García-Diego, que ha estudiado detenidamente la llamada cueva de Hércules, apenas admite otra veracidad en esta historia que la de que el cardenal encargó semejante exploración, pero todo lo demás lo considera fabuloso, empezando por que en aquel subterráneo haga frío, ya que él mismo bajó y dice que pasó "un calor bastante respetable" en él. 

En el siglo pasado empezó a ser visitada la cripta de la iglesia de San Ginés. La primera bajada se efectuó en 1839 y cuenta León María Carbonero que la hizo su padre. Tras levantar una losa y descender con una escalera de mano, encontraron un espacio lleno de restos humanos, que parecía corresponder a la zona intermedia entre el suelo de la iglesia y la bóveda del subterráneo y estaría dedicada a la inhumación de los feligreses. 

Señalaron luego la clave de un gran arco que acaso daba acceso a "la cueva", pero aparecía obstruido por escombros que impidieron otras averiguaciones. En 1851 se realizó otro descenso que es reseñado por José Amador de los Ríos, hombre de crédito, aunque no vio la cueva que le fue descrita por uno de sus visitadores. 

Refleja la desilusión de los aficionados: buscaban el palacio mágico de la leyenda y encontraron unas bóvedas fuertes, no muy amplias, cerradas por piedra viva, que habían correspondido a otra estructura y no conducían a ninguna parte. No menos decepcionantes han sido otros intentos de demostrar que la cueva se comunicaba con largas vías y salía al exterior en bocas muy distantes de Toledo. Este enfoque se trasmuta, según algunos, en la hipótesis de que la entrada de la cueva de Hércules se encuentre lejos de la capital, por ejemplo en el paraje de Higares, a 12 km. de la misma. Los ingenieros García-Diego y Fernández Casado han explorado y estudiado aquel mismo local inferior de la iglesia mencionada y lo identifican con el sótano de la casa número 3 del callejón de San Ginés y parte de la planta baja del número 2 de la calle del mismo nombre. Estiman que el recinto constituye el depósito terminal del abastecimiento romano de aguas de Toledo, que empezaba en la presa de Alcantarilla, desde la que el agua era conducida por un canal de unos 36 km. hasta la ciudad, salvando la hoz del Tajo mediante un acueducto. La obra era un "castellum" de distribución del agua hacia cisternas y tuberías de la ciudad pero no es imposible que estuviera conectada con otros recintos abovedados, que han sido también explorados en parte. Julio Porres opina que, después de su empleo por los romanos, esta estructura sirvió de depósito de agua anexo a la mezquita. En fecha más reciente, la Confederación Hidrográfica del Tajo efectuó la encomiable tarea de vaciar en parte los escombros de aquel recinto, a instancias del señor Fernández Casado. De este modo, ha sido posible inspeccionarlo mejor, admirar con más precisión sus sólidas arcadas y medir la capacidad del depósito de aguas que fue, la cual se ha estimado en un total de 150 metros cúbicos, que por lo demás no eran de retención pasiva, puesto que el agua entraba y salía sin cesar. 

Otra leyenda toledana famosa está igualmente conectada con restos de edificios antiguos mal definidos por la tradición. Nos referimos a la historia de la hermosa Cava, presuntamente violada por el rey Rodrigo, del cual estropicio derivó nada menos que la pérdida de España, país tantas veces perdido y recobrado, dicho sea de paso, que a la postre uno se siente inclinado a pensar que o nunca ha estado muy perdido o nunca se ha rehecho de veras, como se desprende de la brillante revisión histórica de Carlos Rojas , la Españeta, publicada en 2000 por esta misma Editorial. Volvamos al erótico problema de la hermosa Cava, o Florinda la Cava, según también se la llama. 

Era ésta la hija (otras versiones dicen que la esposa) del conde don Julián o don Yllán, gobernador de Tánger y/o Ceuta en nombre de los reyes visigodos Vitiza y luego Rodrigo. 

Cuando en seguida tratemos de este último monarca repetiremos que nuestra presencia en aquellas plazas norteafricanas estaba inserta en una amplia dominación visigoda sobre el Magreb y una íntima comunicación entre éste y la península .[2] Don Julián, denominado por otros Urbano, pudo ser un impecable gobernador visigodo que, al estallar la guerra civil sucesoria entre los hijos de Vitiza y Rodrigo, optó por los primeros y pactó con los moros algunas avenencias para contar con su ayuda en la lucha, como volveremos a decir pronto.

 Don Julián había enviado a su hija a la corte toledana para que fuese educada allí y en su momento casase con un magnate adecuado. La hermosura de la joven y la ligereza del soberano —que no ha dejado fama de sensatez por ningún concepto— ocasionaron que éste violase a su pupila. La Cava notició a su padre y éste, para vengarse, entregó su plaza a los moros y los ayudó a pasar el estrecho, además de combatir luego a su lado contra las huestes de Rodrigo. Esta historia consta en autores árabes desde el siglo IX en adelante y aparece todavía con más vigor en la tradición cristiana, dentro de la cual ayuda a explicar el hundimiento del reino visigodo y la entrada de lo que hemos venido llamando hasta hace pocos años el infiel marroquí. 

Más de un autor cristiano, al denostar a la Cava, dice que su nombre significa en árabe "mala mujer", cosa que no es verdad. "Aqaba" significa cerro, y un cerro hay en Toledo cerca de las supuestas ruinas del Baño, y en este cerro están la plaza, bajada y travesía de la Cava, que no es la hermosa atropellada sino la loma. Hubo allí en efecto unos baños de la Cava, pero el nombre aludía al Jugar y no a la beldad. En Toledo sigue contemplándose en la orilla del Tajo "un torreón despedazado en parte por las injurias de los siglos, el cual es conocido con el peregrino nombre de 'Los Baños de la Cava'... por suponerse que don Rodrigo tuvo su palacio frente a esta torre, debió tener la Cava sus baños allí para que pudiera el rey solazarse en contemplarla desde lo alto de uno de los miradores... ", escribía en 1845 José Amador de los Ríos, ya mencionado antes como apreciable autor de Toledo Pintoresca. 

Las ruinas se alzan unos doscientos metros aguas abajo del puente de San Martín y se vinculan con éste por una cortina defensiva que nace de la muralla de la ciudad y termina en el mismo río dentro de cuyas aguas está el último de sus torreones. No hace mucho tiempo, Julio Parres encontró bajo el nivel del río un pilar que faltaba concretar, y se valió para ello de la colaboración de un equipo subacuático del regimiento de Ingenieros de Alcalá, y dos ingenieros de Caminos. Reconstruidas y cuidadas, estas ruinas dan testimonio de un puente, a la vez que son jalón referencial de una leyenda amorosa reiterada desde hace mil años. 

Otra leyenda que tiene su punto culminante en Toledo hilvana nada menos que cuatro civilizaciones: la hebrea, la romana, la visigoda y la musulmana, y cuenta con bastante fundamento y verosimilitud. 

Trátase de las vicisitudes de la Mesa de Salomón, que sin duda existió en la realidad, aunque en su acepción más popular se la dipute de cuento de las Mil y Una Noches, entre los cuales figura. La crónica de Ibn Abd al-Hakam (m. 871) refiere que cuando Tarik, al frente de los norteafricanos, conquistó Toledo, preguntó por la mesa de Salomón, que era lo único que le interesaba. La pieza se encontraba "en una fortaleza que se llama Firas a distancia de dos días de Toledo, y a cargo de ella estaba un sobrino de Rodrigo que pidió salvaguarda para él y los suyos a Tarik. Éste llegó hasta él y se la concedió, siendo fiel a la misma. Y le dijo: "¡Dame la mesa!", y se la entregó. La mesa tenía una cantidad de. oro y piedras preciosas como no se había visto jamás. Tarik le arrancó una pata con sus piedras preciosas y oro, colocando otra semejante en su lugar". 

Tal astucia le fue útil a Tarik cuando hubo de entregar la mesa a su superior Muza, y éste se la ofreció al califa de Damasco como cosa propia. Tarik, delante del soberano, protestó diciendo que la había conquistado él, y en prueba sacó de entre sus ropajes la pata auténtica que había arrancado en Toledo. 

Ahorramos descripciones y ponderaciones de lo rica y espléndida que era la joya, cuajada de piedras preciosas, porque los autores difieren en los detalles y andan a la greña en ver quién la enaltece más. No disienten menos en explicar cómo les parece su origen y traslación, pero lo que sacamos en limpio es que el rey de Israel, Salomón. mandó hacerla, los romanos se la llevaron con el botín de Jerusalén cuando Tito conquistó esta ciudad, los visigodos de Alarico la cogieron cuando tomaron Roma, los ostrogodos se la arrebataron a éstos, junto con el tesoro romano, al conquistar Carcasona, y en el año 526 el rey ostrogodo Teodorico le devolvió tal tesoro a su yerno, el rey visigodo Amalarico. Éste fue asesinado, como tantos otros de su serie, y las riquezas pasaron a Toledo. 

En estas adquisiciones, devoluciones y traslados se atestigua que el tesoro regio, según señaló Menéndez Pidal, tenía valor de símbolo de la monarquía, y lo mismo debía de pensar Tarik cuando sentía tanto afán por capturar la mesa. Repetiremos luego que los moros invasores se tomaron la molestia de concertar unos tratados con los hijos de Vitiza, defensores de su propia herencia, lo cual sugiere que deseaban revestir su conquista de títulos y símbolos de legitimidad. 

La suerte de la mesa de Salomón es objeto de noticias tan diversas y vagas antes de su paso por Toledo como después de su expolio por los musulmanes: unas fuentes dicen que el califa la desmontó para aprovechar sus componentes; otras que fue a la Meca, donde acaso sería objeto de nuevo saqueo cuando los cármatas asaltaron la ciudad en el año 930; las de más allá la sitúan en Bagdad donde la habrían cogido los turcos en 1058, y aun habría habido luego nuevas aprehensiones de ella en los azares del Oriente medio. Lo que parece daro es que donde estuvo segura una buena temporada fue en Toledo.

Misterios de Toledo 27.06.2016

Leyendas de Toledo. 27.06.2016

Descargar Libro de Pedro Voltes: Rarezas y curiosidades de la Historia de España

Pedro Voltes

 

EN LOS MISTERIOS DE TOLEDO, el coronel Beltrán Gómez-Alba, nos remite el siguiente comentario sobre Siruela:

Lo que hoy se conoce como Siberia Extremeña con Siruela en su centro, pertenecieron al reino musulmán de Toledo( no al de Badajoz) hasta su conquista por Alfonso VI en 1085. Estos territorios por estar alejados de la capital toledana, no se incorporaron en esa fecha a Castilla, quedando como tierra de nadie en la frontera entre musulmanes y cristianos. Tras las Navas de Tolosa, un caballero placentino afincado en Toledo, Alfonso Téllez de Meneses en 1222 ocupo y conquisto la comarca, vendiendo algunos castillos y donando el resto al Arzobispo de Toledo…..la historia es larga. Templarios, Alcantarinos…en 1314 la orden de Alcántara entrego la tierra de Siruela de forma vitalicia a Diego Garcia de Toledo, mayordomo del Infante Pedro de Castilla y Molina, retorno luego a Alcantarinos y luego al Concejo de Toledo….Como veis, desde tiempos de moros, siempre la Siberia Extremeña fue toledana y extremeña. Hoy seguimos siéndolo, de alguna manera, ya que pertenecemos a esa Diócesis desde 1085 y nos oponemos a algunas maniobras políticas, que intentan sacarnos de ella, por cuestiones económicas de rentas del Monasterio de Guadalupe, pero esa es otra historia. Lo cierto es que los extremeños de la Siberia con Siruela en su centro, estamos muy orgullosos y satisfechos de ser extremeños y pertenecer episcopalmente a Toledo desde 1085. 


 

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