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LOS PEDIDOS PUEDEN SOLICITARSE DIRECTAMENTE AL AUTOR, D. FERNANDO CABALLERO ECHEVARRIA, correo electrónico:

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El intervencionismo español en Marruecos, y en particular las circunstancias que rodearon al desastre de Annual, ha generado un gran número de publicaciones que, destacando en muchas ocasiones aspectos puntuales o anecdóticos, han creado multitud de tópicos y una gran confusión sobre el asunto. La obra del general Berenguer de 1923, Campañas del Rif y Yebala 1921-1922, el expediente Picasso y la Comisión de responsabilidades, divulgadas en un momento crítico, abonaron el terreno para que hayan visto la luz tan cuestionables publicaciones. Nuestro autor, experto en el análisis de conflictos, tras más de doce años de investigación, ha encontrado en esos documentos de referencia lagunas de difícil justificación. El análisis de la hoja de servicios del general Silvestre y el estudio del Consejo de Guerra contra los generales Berenguer, Silvestre y Navarro en el verano de 1924, además de otra variada documentación, permiten establecer una nueva hipótesis sobre las responsabilidades de los hechos y como se desarrollaron.

No cabe duda que las primeras publicaciones sobre el tema pudieron verse fuertemente influenciadas por la cercanía de los mismos y las presiones de todo tipo que afectaron a sus autores. Pasados los años, aparecieron sin embargo otras mucho más documentadas que, desgraciadamente, han resultado también mucho menos conocidas, al haber perdido el suceso el interés de la opinión pública con el transcurso del tiempo. Entre ellas cabe destacar La acción de España en Marruecos de Hernández Herrera, publicada en 1929; la obra de Berenguer, de 1948, con un título muy similar a la de 1923 aunque mucho más voluminosa; o la de Galbán Jiménez, editada en 1965, España en África: la pacificación de Marruecos. Estas, y otras obras postreras, dejan la puerta abierta a una interpretación de los hechos diferente a la inicialmente divulgada. Por otra parte, los trabajos de insignes analistas, han permitido al autor realizar una profunda revisión de la política exterior española de la época.

Así, la obra que tiene en sus manos reexamina este periodo de nuestra historia con un enfoque global, abordado desde la metodología polemológica, identificando los factores históricos, políticos, diplomáticos, económicos y sociales que condicionaron el modelo de intervención, y analizando su impacto sobre la acción militar. Las conclusiones alcanzadas, en muchos de los casos, seguro que sorprenderán al lector.

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Fernando Caballero Echevarria (Madrid, 1961) es Doctor en Historia por la UCM y Coronel de Artillería, diplomado en Estado Mayor en España y en Marruecos. Tras tres años destinado en Melilla, asciende a capitán en 1989, siendo destinado a la Academia de Artillería, donde publica su obra Introducción a los Sistemas de Dirección de Tiro.

Durante el curso de Estado Mayor se despierta su interés por el análisis de los conflictos, en especial por el tema marroquí, utilizando la metodología polemológica que, por entonces, se emplea en esa Es- cuela. En 1997, su paso por la Dirección de Investigación y Análisis para el Combate del MADOC, marcará su trayectoria profesional, desarrollando en esos años una intensa actividad intelectual: participa en diferentes grupos de estudio para la revisión doctrinal; obtiene el Magister/Master en Paz, Seguridad y Defensa del Instituto Universitario “Gutiérrez Mellado” por la UNED; simultáneamente, inicia el programa de doctorado Análisis de conflictos, en la UGR; y es galardonado con el premio Hernán Pérez del Pulgar de la Real Maestranza de Caballería de Granada, por su trabajo “Seguridad y Defensa en el siglo XXI; nuevas amenazas y capacidades para las FAS”, publicado por el MINISDEF.

Ya con el empleo de Teniente Coronel, su destino como analista de inteligencia en el Estado Mayor de la Defensa (EMAD) le mantendrá en contacto con los conflictos actuales, viajando a diferentes teatros de operaciones (Bosnia, Afganistán y Líbano). Entre 2006 y 2008 participa como profesor asociado del Curso Superior de Inteligencia Militar en la Escuela de Guerra, donde imparte la asignatura Metodología de análisis en Inteligencia. Tras desarrollar el Curso Superior de la Defensa de Marruecos (Kenitra), vuelve al EMAD como analista del Magreb, puesto que desempeñará durante cerca de tres años.

Ha colaborado como profesor invitado en el II curso internacional sobre Terrorismo Yihadista (UGR, 2007) y en el curso de verano Centenario de la Campaña de 1909 (UGR, 2009). Así como en diferentes congresos, como el IV Congreso Español de Ciencia Política y Administración (UGR 1999); el Congreso Internacional La Seguridad en Europa en el Siglo XXI (UGR, 2001) y el I Congreso nacional de Seguridad y Defensa (SEK, 2005); además, ha colaborado con diferentes publicaciones militares. Ateneísta de número del Ateneo Literario, Artístico y Científico de Cádiz. Recientemente ha finalizado su mando de Coronel Director del Centro de Formación de Tropas 2 (Cádiz), puesto que simultaneaba con los cargos de Comandan- te Militar de Cádiz y Gobernador Militar del Campo de Gibraltar, y que desempeñó desde marzo de 2012 hasta abril de 2016

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Trabajo sobre liderazgo de Millán Astray en un master sobre liderazgo en la Universidad Carlos III de Madrid

TRABAJO MUY INTERESANTE Y RESPETUOSO CON EL PERSONAJE

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Trabajo fin de master. Universidad Carlos III de Madrid

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El historiador Luis Eugenio Togores presenta su nuevo libro, «Historia de la Legión española: La infantería legendaria», sobre la trayectoria de una unidad de élite nacida al calor de la Guerra de Marruecos

 

La infantería que desfila con una cabra, los oficiales descamisados con barba de chivo, los novios de la muerte… La Legión española parece ser todo eso tan extravagante, pero también son la punta de lanza de las tropas españolas, una de las unidades militares más eficaces de toda Europa y los encargados de acudir a la mayoría de misiones en el extranjero realizadas por España en el siglo XX. Del Sáhara a los Balcanes, de Irak a Afganistán… El doctor en Historia Contemporánea y profesor universitario Luis Eugenio Togoresrepasa la trayectoria histórica de esta unidad en su libro «Historia de la Legión española: La infantería legendaria» (La Esfera de los Libros), y trata de conjugar ambas vertientes: un folclore tan peculiar con una capacidad combativa puesta a prueba en distintos escenarios.

 

La Legión ya es una unidad veterana, con casi 96 años a sus espaldas. El germen de su origen se encuentra en la primera generación de soldados que lucharon en la Guerra de Marruecos de principios del siglo XX. De este conflicto brotó una escuela de militares españoles de esencia colonial, los africanistas, «unos soldados profesionales que se caracterizaban por entender de una forma nueva la milicia, por su alta capacidad profesional, probada en el campo de batalla… y la existencia de fuertes lazos profesionales y personales entre ellos y sus hombres», explica en su obra el profesor Togores.

 

De la forma de entender y vivir la milicia de estos experimentados oficiales, nacieron los Regulares y La Legión. En el caso del segundo, el romanticismo y un peculiar folclore se adueñaron de su esencia. Numerosas novelas («La Bandera», de Pierre Mac Orlan, o «Tras el águila del César», entre otras) y películas contribuyeron a crear casi desde su origen una imagen novelesca y guerrera de «los novios de la muerte».

 

Melilla, el bautizo de fuego

 

Pero, ¿justificaba la Legión española en los campos de batalla esta leyenda? Marruecos tiene la respuesta a esa pregunta. A consecuencia del desastre de Annualla I Bandera de la Legión –fundada apenas un año antes– recorrió 96 kilómetros a pie en día y medio para llegar a Tetuán. El objetivo final era acudir cuanto antes a Melilla, donde los regulares de la zona oriental se habían pasado al bando enemigo y la plaza se encontraba indefensa. «¡Legionarios! De Melilla nos llaman en su socorro. Ha llegado la hora de los legionarios. La situación allá es grave; quizás en esta empresa tengamos todos que morir», arengó a las dos banderas de la Legión el fundador de la unidad, José Millán-Astray.

 

 

 

Cuando las tropas de élite españolas desembarcaron en Melilla, la situación allí era de motín y los civiles trataban de evacuar la ciudad a toda costa. Tras un aparatoso desembarco, con Millán Astray dirigiéndose a la multitud para tranquilizarla, La Legión ocupó los blocaos y las trincheras en los siguientes días, así como se encargó de proteger los convoyes que se dirigían a las posiciones más avanzadas. La unidad guarneció en un solo día 15 puestos, y su leyenda se extendió dentro y fuera de las fronteras de España.

 

«El 18 de agosto de 1921, a las nueve de la mañana, una multitud de excombatientes se agolpaban a la puerta de la embajada española en Londres para alistarse a La Legión. A las diez de la mañana los voluntarios pasaron de 2.500, de los que finalmente fueron alistados 40», relata Togores en «Historia de la Legión española: La infantería legendaria». Ese mismo mes, salieron deNueva York 200 voluntarios y, el 19 de septiembre, llegaron a Cádiz 287 legionarios procedentes de Buenos Aires. En los siguientes semanas, el Tercio terminaría de escribir su leyenda en los campos de batalla.

 

Ciertos sectores políticos protestaron ante su creación, puesto que veían peligroso que una unidad española tuviera un carácter mercenario

 

Obviamente, hablar de los orígenes de La Legión es hacerlo de uno de esos oficiales africanistas, en concreto de su fundador, José Millán-Astray. Destinado primero en Filipinas y posteriormente enMarruecos, este oficial gallego reclamó con insistencia que las tropas destinadas en Áfricafueran sometidas a una mayor profesionalización. El 5 de septiembre de 1919, el ministro de la Guerra, el general Tovar, autorizó al comandante gallego a realizar una visita a los acuartelamientos de La Legión Extranjera francesa en Argelia. Allí extrajo unas conclusiones de las que nacería, en diciembre de 1919, La Legión española, cuyo nombre original fue el de Tercio de Extranjeros, según un Real Decreto.

 

Ciertos sectores políticos protestaron ante este decreto, puesto que veían peligroso que una unidad española tuviera carácter mercenario, esto es, que aceptara a extranjeros entre sus filas. También en el seno del Ejército había quien recelaba de esta unidad, entre ellos el general Silvestre, responsable del desastre de Annual, que seguía sin entender las peculiaridades que planteaba el terreno africano.

 

Una mística especial y un grito: ¡Viva la muerte!

 

Millán Astray logró salvar todas estas dificultades y dotó a su unidad de una mística especial. Se inspiró para ello en el espíritu de los viejos Tercios de Flandes (el militar gallego copió sus tambores de los usados por la infantería española en Flandes) y en la forma de afrontar la vida de los samurais japoneses, compilada en el Bushido. El resultado fue «un cambio en la voluntad de vencer», es decir, «el establecimiento de un espíritu de superioridad en el soldado español –igual que el que tuvieron los Tercios de Flandes–».

 

«Cuando los legionarios lo gritan, no llaman a la muerte, sino que afirman su amor por la vida»

 

La característica más llamativa de este ideario legionario y de sus símbolos era su aparente atracción por la muerte, lo que que queda retratado en el grito necrófilo: «¡Viva la muerte!». No obstante, el libro de Luis Eugenio Togores se encarga de desmitificar este y otros tópicos vinculados a la unidad: «Cuando los legionarios lo gritan, no llaman a la muerte, sino que afirman su amor por la vida. Gritan que amando la vida están dispuestos a darla al servicio de la patria».

 

En este sentido, un archiconocida anécdota de Millán Astray y un joven cadete ansioso por unirse a la legión ilustran el auténtico ideario legionario:

 

–¿Sabes a qué vienes aquí? –le preguntó Millán Astray al muchacho–.

 

–Sí, mi coronel: ¡a morir!

 

–¿Quién te ha dicho eso? No señor. ¡Te han engañado! –reprendió el coronel elevando la voz–.

 

–Mi coronel, yo…

 

–No señor. Aquí se viene a velar por el día y por la noche; a abrir trincheras, a abrasarte en verano, a helarse en invierno, a luchar sin fatiga, a retirar muertos y heridos cuando sea preciso, y después de esto, ¡a morir!

 

 

 

 

160728 Hijos y nietos

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