Se adjunta la revista EJÉRCITO en el siguiente enlace:

Revista Ejército 924. 250 aniversario de las Reales Ordenanzas de Carlos III

180421 Portada Ordenanzas de Carlos III 

 

250 Aniversario de las Ordenanzas de Carlos III.

Se hace constar que uno de los autores del espècial sobre las Ordenanzas, es el coronel D. Rafael Vidal Delgado, que ha desarrollado las correspondientes a la Artillería. Nos informa  el coronel que el trabajo ha sido realizado conjuntamente con el historiador malagueño D. Juan José Toledo, el cual no figura como autor, aunque como tal se remitió a la redacción de la revista.

 

180404 Guisado

Así protagonizaron Guisado y sus 27 hombres el rescate más peligroso en Irak

En una doble incursión en territorio hostil, el Ejército español rescató a 70 soldados salvadoreños y 38 iraquíes del ataque de 2.000 insurgentes. Hoy es el aniversario de una operación que se ha inmortalizado en viñetas.

FOTO: El capitán Jacinto Guisado protagonizó el rescate de Najaf (Irak). G. Araluce

EL ESPAÑOL. 04.04.2018

“Les dije que nos íbamos a salvar, que confiaran”

Video El País. 08.03.2018

180309 Cte en Mali

 

“Uno es militar las 24 horas del día. Nunca cuelgas el uniforme”, explica el comandante Miguel Ángel Franco Fernández (Valencia, 1974). Ni siquiera, podría añadir, cuando se queda en bañador.

 

Todavía no logra recordar qué música escuchaba a través de los cascos de su MP3, adormilado en una tumbona, cuando le sobresaltó una ráfaga de estampidos secos. No lo dudó un instante. Se puso en pie de un salto y vio cómo quienes le rodeaban se miraban inquisitivos entre sí, sin hacer nada. “Attack! Attack! Go! Go!”, empezó a gritar. Descalzo y en traje de baño rojo, guió a una docena de personas hacia la cima de una colina mientras las balas silbaban a su alrededor.

Eran las 15.40 del 18 de junio pasado y un comando yihadista había irrumpido a tiros en Le Campement, un resort a 45 minutos de Bamako al que acudían los domingos a relajarse los miembros de EUTM Malí, la misión europea de instrucción de las Fuerzas Armadas malienses. El ataque dejó seis muertos, incluido un militar portugués. Cinco yihadistas fueron abatidos.

El comandante Franco, jefe del centro de operaciones de la UE en Malí, tenía una deformación profesional. Cada vez que llegaba a un sitio buscaba las vías de evacuación. Su manía podía resultar cargante: “¿Qué haríamos si atacaran?”, preguntaba al entrar al restaurante. “¡Cállate ya, nos vas a amargar la cena!”, protestaban sus amigos. Aquel día le salvó la vida. Y no solo a él.

Guiado por el militar español, el grupo huyó campo a través. “Había una mujer de apariencia nórdica con una niña de unos siete años y un bebé”, recuerda. “La niña estaba gritando y le indiqué que le tapase la boca, para que no nos descubrieran”. Había que alejarse y esconderse en la maleza.

El comandante Franco no llevaba armas. Se suponía que la zona era segura (hacía más de un año del último atentado en Bamako) y, según las normas de la misión, bastaba con que uno de los militares europeos fuese armado. Franco se fijó en la mochila que llevaba un teniente coronel húngaro. “¿Tienes un arma?, le pregunté. Me contestó que sí. Pensé: si no la ha sacado hasta ahora, ya habían pasado cinco minutos del inicio del ataque, no va a ser capaz. No sé por qué, le miré a los ojos y le dije: préstamela. La sacó, metió el cargador, la montó y me la entregó: tiene 14 cartuchos y el seguro puesto”.

Un oficial italiano le avisó de que se acercaba un yihadista. Tenía el aspecto de los que se ven en televisión, “con turbante negro tapándole toda la cara, salvo los ojos”, recuerda Franco. Iba armado con un Kaláshnikov, frente a su pistola de 9 milimetros parabellum. Es decir, el yihadista podía dispararle a más 300 metros de distancia, mientras que él no le podría alcanzar hasta que estuviera a menos de 50.

“Les indiqué que cuando se produjera el enfrentamiento corrieran hacia la cima de la colina. Recuerdo que les dije que nos íbamos a salvar, que tuvieran confianza. Adopté una posición algo más estable y esperé a que se acercara lo más posible. Respiré, casi con ansiedad, porque quería saber cuanto antes el desenlace. Esperé mucho, más de lo que pensaba. Él avanzaba buscando personas escondidas. Hasta que nos vio. A escasos 15 metros se detuvo. Apuntó y abrió fuego”.

Franco aún no se explica cómo salió vivo. Y lo atribuye a la suerte. Respondió a los tiros y el yihadista se refugió tras un matorral. “Se quedó sorprendido. No esperaba ver a alguien en bañador disparándole”. Avanzó un par de metros, pero recibió los disparos de otro yihadista. “Empiezan a llover tiros y salgo saltando, corriendo, cayéndome, no lo sé”. Se une al grupo que sube la colina.

Se organizan en una posición más alta a esperar otro ataque. A los tres minutos de la primera ráfaga, Franco había avisado al cuartel de Bamako. La fuerza de reacción de la UE está en marcha. “A la hora y media escucho tiros que identifico como de los nuestros. Es un respiro, pero también una preocupación, porque estamos en la línea de fuego y empezamos a recibir disparos propios”.

Un equipo de militares españoles se acerca desde el otro lado de la colina. Franco no quiere abandonar la posición, para no delatar su presencia a los yihadistas. Pero el tiroteo está cada vez más próximo. “Les digo que vamos a subir, que las fuerzas de rescate están ahí. Me pongo en pie y caigo al suelo. No puedo andar. Tengo los pies destrozados. Les digo que se vayan. Recuerdo que las dos mujeres, como siempre las mujeres son más bravas y fuertes, se quieren quedar. Insisto en que estoy bien. Subí arrastrándome, cogiéndome a las ramas, con una sola mano y hacia atrás, como una sanguijuela. Cuando quedaban 15 metros para la cima, escuché hablar en español. Y susurré: “Estamos aquí”. La pesadilla había durado seis horas y media.

 

 

 

Manuel Casteleiro: “Los héroes del Alcázar”

desdemicampanario.es

Manuel Casteleiro de Villalba: Los héroes del Alcázar 440 pp. + 24 de fotos 16,5 x 25 cm. Encuadernación en tapa dura con sobrecubierta ISBN: 978-84-9739-158-0 P.V.P.: 32,00 euros Comprar Hace ahor…

MÁS MEMORIA HISTÓRICA

FERNANDO SUÁREZ GONZÁLEZ ES MIEMBRO DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS

CONOZCO, como se comprenderá, a muchos españoles admiradores del Generalísimo Franco y a otros muchos que sienten hacia su figura agradecimiento y respeto. Ninguno de ellos propone que se regrese a una situación en la que la Jefatura del Estado mantenga «la suprema potestad de dictar normas jurídicas de alcance general», que se recupere el Decreto de unificación, que se prohíban las huelgas o que se reimplanten la censura de prensa y el sindicalismo vertical, de modo que ya no es posible descalificar a ese tipo de franquistas, pura y sencillamente porque no los hay. Lo que pudo considerarse oportuno en 1939 no lo era, de ninguna manera, en 1975.

Quiere ello decir que la proposición de ley que ha presentado doña Margarita Robles en nombre del Grupo parlamentario socialista y que pretende castigar con la pena de prisión de seis meses a dos años a quienes justifiquen o enaltezcan por cualquier medio de expresión «el franquismo» utiliza unos conceptos que nos van a dar mucho que hablar.

Hasta 1992 no aparece en el diccionario de la Real Academia Española la palabra «franquismo» y es curioso comprobar que, considerado inicialmente «movimiento político y social de tendencia totalitaria», en 2014 se transforma en «dictadura de carácter totalitario impuesta en España por el general Franco a partir de la guerra civil de 1936-1939 y mantenida hasta su muerte». Una segunda acepción, algo más benévola, se refiere al «período histórico que comprende la dictadura del general Franco». Aparte de discrepar frontalmente de que esa dictadura del general Franco mantuviera hasta su muerte carácter totalitario –lo que, no sólo resultaría ofensivo para quien ejerció la Jefatura del Estado en sus ausencias, sino que hubiera hecho imposible la muy razonable y ordenada reforma que sus leyes propiciaron–, es obligado preguntarse qué se entiende por justificar y por enaltecer.

Siempre con el diccionario a la vista, justificar es «probar algo con razones convincentes, testigos o documentos» y son muchos los historiadores que han probado de ese modo que, partiendo de la dramática situación que España vivió entre febrero y julio de 1936, se explican las razones que movieron a una parte de españoles a abortar la dictadura del proletariado que otra parte pretendía, iniciándose una guerra terrible, en la que tuvieron también que participar quienes inicialmente no hubieran estado ni con unos ni con otros. Aún admitiendo que los orígenes de la guerra civil española sean objeto de una polémica inacabable, lo que es seguro es que si tal polémica se sofoca con penas de cárcel para quien no comparta la muy sectaria versión de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, que seguramente no suscribiría nuestra Real Academia de la Historia pero que la proposición del PSOE recoge en su preámbulo como dogma de fe, la libertad en que vivimos se va a ver otra vez muy lastimosamente cercenada.

Se prohíbe también enaltecer, que significa «ensalzar, alabar, manifestar aprecio o admiración», expresiones todas repletas de matices.

Sin ir más lejos, este mismo año 2018, y por utilizar sólo períodos quinquenales aun eludiendo aniversarios de mucha trascendencia, se podrían y deberían conmemorar el ochenta aniversario de la creación de la Magistratura de Trabajo y de la Organización Nacional de Ciegos Españoles, el setenta y cinco de la inauguración de la Escuela Naval de Marín y del Museo de América, el setenta de la primera transmisión de televisión en España, el sesenta y cinco de la fabricación del primer automóvil Seat y de la creación de la Filmoteca Nacional, el sesenta del ingreso en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial y de la inauguración de los pantanos de Entrepeñas y Buendía o del Centro Nacional de Energía Nuclear, el cincuenta y cinco del ingreso en el Gatt y de la apertura del túnel de Guadarrama, el cincuenta de las Universidades autónomas de Madrid, Barcelona y Bilbao o el cuarenta y cinco del establecimiento de relaciones diplomáticas con China.

Bien porque firmó los correspondientes Decretos, porque presidió las inauguraciones, o por ambas cosas, la figura de Francisco Franco es inseparable de tales acontecimientos y va a resultar harto difícil celebrar esas efemérides sin posibilidad de citarle, ante la eventualidad de que se considere enaltecimiento.

Un supuesto extremo, máximo, inapelable, es el de la instauración de la Monarquía. Cualquier español razonable, incluidos aquellos cuyas preferencias republicanas no surgen de un rencoroso revanchismo, tiene que aceptar que debemos al Rey Don Juan Carlos I uno de los más fecundos y libres períodos de nuestra historia, en el que se asentó la democracia y España alcanzó un prestigio mundial sin precedentes. Ahora mismo, todo el que no niega la evidencia está reconocido a la ejemplaridad y al acierto con que ejerce su función, en equilibrio exquisito de gallardía y prudencia, el Rey Don Felipe VI. Si alguien se atreve a decir que la recuperación de la institución que personifica los momentos cumbres de nuestra historia es inexplicable sin la voluntad personal de Franco, incluso frente a un entorno poco monárquico, ¿va a ser acusado de enaltecimiento por manifestar su aprecio hacia el estadista que así lo decidió?

Si esa proposición se convierte en Ley, ¿podré yo mismo decir públicamente que gracias a mi condición de exvicepresidente de uno de sus gobiernos tuve alguna autoridad para contribuir a convencer a las Cortes configuradas por sus Leyes Fundamentales de que era necesario y patriótico conseguir que la nueva Monarquía fuera parlamentaria y democrática?

Vamos a tener la fiesta en paz. Vamos a ocuparnos del futuro sin enredarnos en polémicas sobre el pasado que fomentan la discordia en el presente. Hace unos años, la lectura de esa proposición de ley y los planteamientos de la izquierda que se deducen de ella me hubieran producido indignación, porque rompen los acuerdos que considerábamos definitivos en los años 1976 a 1978. A estas alturas de mi vida, lejos de indignarme, me producen tristeza, porque demuestran que la actual dirección del Partido Socialista, en el que han militado y militan tantos ciudadanos serios y competentes –y tal vez por no contar con ellos– parece carecer de ideas sobre como abordar los candentes problemas que hoy planean sobre nuestra vida pública y quiere disimularlo recurriendo puerilmente a eliminar los respetables recuerdos de una época en que, entre aciertos y errores, se pretendía también una España mejor.

Con el argumento de que «los símbolos públicos sean ocasión de encuentro y no de enfrentamiento, ofensa o agravio» y con el propósito de «suprimir elementos de división entre los ciudadanos», se viene considerando exaltación de la guerra civil cualquier monumento, calle o plaza dedicado a quienes la ganaron, a la vez que se enaltece a quienes la perdieron, como si fueran completamente ajenos a esa misma guerra civil. ¿No sería más constructivo, más integrador y más razonable aceptar que tanto unos como otros forman parte de la historia y dejar el juicio que merezcan a los historiadores y a la opinión de cada cual? Ya sé que en algún momento se propusieron versiones unilaterales de los acontecimientos, pero ¿se atrevería alguien a decir que esa era una conducta democrática?

Hay quien lleva años revisando las actas de las corporaciones provinciales y locales para eliminar de ellas los acuerdos que concedían honores y distinciones al Jefe del Estado o a las personalidades e instituciones de la época, pero que no se pueden eliminar de las hemerotecas ni, por lo tanto, de la historia. Ya solo falta que se dirijan a la Asamblea General de las Naciones Unidas para que retire de sus actas el minuto de silencio que guardó cuando conoció la noticia del fallecimiento de Francisco Franco.

Joomla Templates by Joomla51.com