Augusto Ferrer Dalamau ama el arte y la milicia a partes iguales y refleja esa pasión en cada cuadro, en cada boceto, en cada pincelada. Le acaban de otorgar la Gran Cruz del Mérito Militar, por evocar con su pintura la historia militar de España.

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 170908 Ferrer Dalmau

Augusto Ferrer-Dalmau / Antón Muñoz

 

El pincel de Augusto Ferrer Dalmau ha merecido, a lo largo de su larga trayectoria pictórica, decenas de reconocimientos. El último de ellos, la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, concedida el pasado 1 de septiembre.

Frente a uno de sus cuadros, por ejemplo, El milagro de Empel, uno es capaz de sentir la épica, la Historia y el orgullo. Pero también los nervios, el miedo ante la batalla, el olor de los caballos o el crujir de los correajes de los uniformes de nuestros soldados.

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Ferrer Dalmau lleva en sus venas la épica militar y el romanticismo que traslada a sus lienzos con viveza inusitada en su categoría. No en vano su héroe de la Historia militar española es el general Zumalacárregui, carlista, “porque era un militar de los pies a la cabeza, era un idealista”.

Ferrer Dalmau ha sido el primer pintor español que ha formado parte de una misión del Ejército español en el exterior

De él ha dicho Arturo Pérez Reverte, el deslenguado miembro de la Real Academia Española que trasladó a España la grandeza y el horror de la Guerra de los Balcanes, que “nadie pinta en España con tanta honradez y con tanta admirable ausencia de complejos a la hora de recuperare las imágenes de nuestro largo pasado militar”.

190809 Milagro de Empel

El milagro de Empel”, de Augusto Ferrer-Dalmau

Un desempeño que, a su juicio, “resulta doblemente asombroso: por lo insólito del empeño y por la espléndida belleza del resultado”. No en vano, Ferrer Dalmau ha sido el primer pintor español que ha formado parte de una misión del Ejército español en el exterior, precisamente para dejar, con su arte, constancia del desempeño del soldado español.

“El soldado español es de fiar, lo quieren a su lado”explicó Ferrer Dalmau a Actuall. “Sigue siendo el mismo que estuvo en los tercios: disciplinados y muy preparados. Les gusta lo que hacen, ponen todo el alma y toda la pasión”.

170908 Alcantara

El Regimiento de Alcántara protagonizó una carga heroica en el desastre de Annual / (Obra de Augusto Ferrer-Dalmau).

Pasión, disciplina y preparación que él, como miembro honorífico de decenas de unidades de nuestras tropas, vuelca a través de su paleta y con cada trazo, incluso cuando el reto es mostrar derrotas como la de Trafalgar.

“Cuanto peor lo tenemos, más nos crecemos”, ha asegurado, confiando en que “tarde o temprano habrá una revulsión contra el nacionalismo”

“Nuestras derrotas son victorias porque hemos sabido sufrir”, señala sin dejar de puntualizar, con orgullo: “Pero estamos muy acostumbrados a ganar batallas”.

No sabemos si le tocará retratar un episodio futuro de las tropas españolas en Cataluña, su tierra natal, de donde tuvo que exiliarse en 2010, harto de discutir con los conocidos por el tema nacionalista.

Lo que sabemos con certeza es que no se imagina dibujando la independencia de Cataluña (“no, nunca”) porque tiene la convicción de que “Cataluña siempre será España”. Y en caso de que tuvioera que hacerlo, admite con sorna, “pintaría un derbi Barcelona- Lleida”.

Pero no pierde la esperanza: “Cuanto peor lo tenemos, más nos crecemos”, ha asegurado, confiando en que “tarde o temprano habrá una revulsión contra el nacionalismo”.

Y allí estará Ferrer Dalmau, armado de caballete, lienzo, paleta, pinceles, pinturas y aceite de linaza para pintar la épica en un tiempo de derrotas.

 

GUILLERMO ROCAFORT

Profesor de la Universidad de Comillas y veterano legiona
 
170823 Millan Astray
 
Es el último gran hidalgo de la historia de España, comparable al Cid o a Viriato, y como Cervantes y Garcilaso combinó a la perfección las Letras con las Armas
 
Granada Hoy 09.08.2017
 

 

BOMBARDEO DE LA LINEA DURANTE LA II GUERRA MUNDIAL

Un trágico error de los italianos en su ataque a Gibraltar

(José Manuel de Molina).El verano de 1941 los linenses se preparaban con ilusión para ver renacer su Velada, unas fiestas cuya última edición se había visto trágicamente interrumpida por la Guerra Civil.

        Ahora, cinco años después, la población de La Línea se preparaba para dejar a un lado, aunque sólo fuese por unos días, sus penalidades cotidianas. Las entidades más representativas estudiaban la preparación de sus casetas; los cafés, bares y comercios esperaban que todo aquello se dejase notar devolviendo a la ciudad parte de su perdida vitalidad; y no eran pocos los aficionados ya que habían estado haciendo pronósticos sobre las figuras que podrían componer el siempre atractivo cartel de Toros de la Velada linense, un cartel que al final se montaría con los diestros Vicente Becerra, Juanito Belmonte y Pepe Luis Vázquez.

        Simplemente por estar ubicados junto a Gibraltar, separados de un objetivo de guerra por la ilusión de una barrera fronteriza, la noche del 11 al 12 de Julio de 1941, quedaría marcada para siempre en la historia de la ciudad con letras de tragedia.

        A más de tres mil kilómetros de distancia, en las pistas de un aeródromo italiano, un solitario Savoia Marchetti SM-82 "Marsupiale" calentaba motores. En su vientre aparecían fijadas tres mortíferas bombas que el aparato debía llevar desde Cerdeña hasta la Bahía de Algeciras.

        Sobre las tres de la madrugada del sábado 12 de julio, el SM-82 fue descubierto por los sistemas de detección acústica de la Roca y poco después soltaba sus tres enormes bombas. Tal vez fuese a causa del fuerte viento de poniente, tal vez fue un trágico error de puntería, pero lo cierto es que las tres bombas lanzadas por los italianos aquella noche no cayeron sobre los mercantes ingleses, sino en La Línea de la Concepción.

        Dos de ellas no hicieron explosión, quedando medio enterradas en las dunas de la playa de Poniente, pero la tercera haría blanco en la esquina que forman las calles "Duque de Tetuán" y "López de Ayala", a la altura de los números 10 y 3 respectivamente según la numeración en vigor de entonces.

       La explosión afectó a tres viviendas, ocupadas por la familia Caballero, la viuda de Valdés y sus hijos y la familia Ruiz-Sánchez. A pesar de que estas tres propiedades quedaron reducidas a escombros, el hecho de que la bomba cayese dentro de un pozo había evitado un desastre aún mayor. Aún así, la sacudida de la onda expansiva se haría sentir a muchos metros de distancia. Bomba(En la imagen uno de los monstruosos torpedos aéreos "FF" italianos recogido en las playas de La Línea y que hoy puede verse en el Museo Militar Regional de Sevilla)

        La explosión había destrozado el tendido eléctrico y no había luz.Para facilitar la labor de desenterrar las victimas se sirvieron de los focos de unos camiones militares. Soldados, policías y civiles, algunos de ellos familiares de los que permanecían enterrados, ayudaron en las labores de desescombro. Poco a poco fueron apareciendo las primeras víctimas de aquella tragedia. Los cuerpos de cinco personas: María Caballero Hidalgo, Tomás Caballero Hidalgo, Joaquina Morilla Vega, Julia Rojas Torres y José Luis Valdés Díaz fueron sacados sin vida; también hubo muchos heridos, y los casos más graves (Ana Serrano Pérez, Dolores Ruiz Sánchez, Encarnación Ruiz Sánchez y Concepción Bernaveu Sánchez, prima de las anteriores), fueron conducidos al Hospital Municipal. El resto fueron atendidos allí mismo.

        La Línea quedó conmocionada por la tragedia de aquella noche. Se decretó día de luto, y entre otras resoluciones, se acordó que todos los actos programados con motivo de la apertura oficial de la Velada quedarían aplazados hasta el domingo.

El sábado 12 de julio, con la presencia del Gobernador Civil y las autoridades municipales, tuvo lugar el sepelio de las víctimas en el cementerio de San José. Varios miles de personas acompañaron a La comitiva fúnebre a lo largo de su recorrido por las calles de la ciudad.

Las otras dos bombas arrojadas aquella noche habían caído sin hacer explosión en la playa de Poniente. Sin dar demasiada publicidad al hecho y tras identificar estos artefactos como italianos, las autoridades españolas se limitarían a plantear una protesta oficial ante los representantes de Mussolini.

A pesar de todo, la madrugada del domingo día 13, del lunes 14 y martes 15, el SM-82 repetiría sus incursiones contra la Bahía, fastidiando las tres primeras noches de feria que los linenses vivían desde hacía un lustro. La madrugada del martes 15 los reflectores lograron localizar de nuevo al bombardero enemigo, el cual, ante el fuego antiaéreo, se apresuraría a virar hacia Campamento deshaciendose de su carga. Esta vez dos de las bombas estallaron en las cercanías de las antiguas pistas de Polo, mientras que una tercera quedaba encajada en las arenosas riberas del "Rio Cachón".

Según fuentes italianas, desde el bombardeo de La Línea, las incursiones posteriores de los SM-82 habían sido contestadas por fuego antiaéreo procedente de territorio español. Según afirman aquello era una muestra de sus deseos de vengar las muertes de sus compatriotas, aunque lo más lógico es pensar de que en realidad no era más que un intento de hacer respetar el espacio aéreo, como se había hecho en ocasiones anteriores con los aviones franceses.

Al finalizar la guerra, el gobierno italiano pagaría una indemnización de 250 mil dólares por los daños causados por la Segunda Guerra Mundial a personas y bienes de nacionalidad española en La Línea de la Concepción, así como otra clase de daños causados por hechos de guerra a personas y bienes españoles en el territorio de soberanía española o en el mar. Esta cantidad serviría para amortizar parte de la deuda contraída por España ante Italia durante la Guerra Civil. En consecuencia, el Estado español se tendría que hacer cargo de hacer efectivo el pago de las indemnizaciones a las familias de los fallecidos, de los gastos médicos de los heridos y a la restitución a los afectados por la pérdida de sus bienes.

Andalucía ADN

Wikipedia. Bombardeo de la La Línea

Cuando La Línea de la Concepción fue bombardeada por error durante la IIGM

 

Bombardeo de La Línea en la II Guerra Mundial (12 julio de 1941)

170803 Desde Filipinas

El fin de semana pasado me invitó a almorzar a casa de su madre, Enrique Avanceña y Quezón, nieto del Pte. de Filipinas Manuel Luis Quezón y Molina (1935-1944), natural de Baler; cuyo padre fue Sargento de la Guardia Civil, maestro en Baler y amigo de los españoles, por lo que fue asesinado por los insurrectos (1898) junto a uno de sus hijos.

 Manuel se libró porque se encontraba en Manila estudiando Derecho, llegando a ser Presidente posteriormente. Su madre también fue asesinada en los años 1940s cuando iba a inaugurar un hospital en Aurora; para más información leer documento pdf adjunto.

 La madre de Enrique tiene 94 años, pero aún recuerda algo de español.

Vive en una urbanización (1 km2) vallada con muro de piedra y alambrada (h=5m), cerrada y vigilada; por supuesto en Ciudad de Quezón (MNL).

 La casa o chalet es tipo español: puertas con relieve de madera, muebles esculpidos, sillas con respaldo de rejillas, cortinas y visillos, persianas, y rodapiés en suelo y techo. Fotografías en B/N decoran algunos muebles, con sus leyendas aún en español; ver fotos.

 Como era la 1ª/ vez que les visitaba, le llevé una maceta a su madre, cosa que sorprendió sobremanera a los 25 reunidos allí, pero lo entendieron y añoraron al saber que yo era español. ¡Qué les visite un español, es como a nosotros S.M. El Rey!.

 En cuanto al menú fue para mi una sorpresa: fabada asturiana, lasaña, queso manchego, pan tostado y arroz cocido filipino (¡no faltaba más!). Lo más extraordinario fue que se empezó a almorzar a las 16:30h.

 Por supuesto, las bebidas: cerveza San Miguel (como no podía ser de otra manera) y brandy filipino; aunque eran sabedores de todos los brandys españoles, desde: Fundador, Soberano, Veterano, 103, 1880, Carlos I, Cardenal Mendoza, Lepanto, etc...

 Me han pedido que el próximo año les traiga una botella de vino fino. Más son entendidos pues, ya que me preguntaron cuál era mejor, si el Jerez (CA) o el Montilla (CO).

 Por último, algunos realizaron un juramento en tagalog, que yo no quise preguntar de qué se trataba, pero a mi me sonó a masonería. ¡En fin, allá ellos!.

170803 Luis Quezon C

 

Mausoleo

Monumento al presidente D. Luis Quezón Molina

Sarcófago

Sarcófago donde reposan los restos del presidente Quezón

170717 Perejil

El Español. 14.07.2017

El coronel Santacreu recuerda para EL ESPAÑOL cómo fue su despliegue en el islote, del que se cumplen 15 años. Levantaron fortificaciones y se protegieron de una posible ofensiva marroquí.

 01:47

 

Gonzalo Araluce  @GonzaloAraluce

 

La premisa es clara: que Marruecos no invada de nuevo Perejil. Cueste lo que cueste. Son las ocho de la mañana del 17 de julio de 2012 -fecha de la que se cumplen 15 años- y un equipo de operaciones especiales del Ejército español acaba de capturar a los seis soldados marroquíes que desde el 11 de julio habían tomado el islote, en una crisis diplomática entre Madrid y Rabat que ha rozado un enfrentamiento bélico. Ahora es el turno de 75 legionarios, comandados por el coronel Javier Santacreu. Relevarán al equipo anterior, fortificarán el emplazamiento y evitarán una posible contraofensiva. Viajan desde Ceuta a bordo de helicópteros HU-21 con destino a Perejil. Apenas han levantado el vuelo cuando de forma espontánea elevan la voz por encima del ruido de las hélices y del viento:

“El morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde”.

Recitan el credo legionario, donde se enumeran las máximas que, según la tradición del cuerpo militar, debe de tener cualquiera de sus soldados. Los designados para proteger Perejil están enardecidos, se sienten orgullosos de formar parte de la misión: “La bandera de la Legión será la más gloriosa porque la teñirá la sangre de sus legionarios”, apuntalan con voces solemnes.

“Lo recuerdo y se me pone la piel de gallina”, afirma el coronel -entonces comandante de infantería- Javier Santacreu del Castillo. Él estaba al mando de aquel contingente compuesto por 75 legionarios que protegió la isla tras la expulsión de los soldados marroquíes. Sus hombres estaban preparados para todo. Hicieron un fortín de aquel peñón de 150 metros cuadrados y durante tres días lo protegieron de una posible contraofensiva sobre Perejil.

 

 

o por

Santacreu, de 57 años, revela a EL ESPAÑOL y por primera vez cómo fueron las 85 horas que pasaron en el islote [desde las 8.00 del 17 de julio hasta las 21.00 del 20], dispuestos “a protegerlo con sus vidas”. Habla con indiscutible acento tinerfeño, de donde es natural.

El coronel Santacreu estaba al mando de aquel contingente compuesto por 75 legionarios que protegió la islahttp://s2.eestatic.com/2017/07/14/actualidad/Actualidad_231239772_39682979_855x1140.jpg 855w, http://s6.eestatic.com/2017/07/14/actualidad/Actualidad_231239772_39682978_1280x1706.jpg 1280w" sizes="(max-width: 479px) 100vw, (max-width: 1023px) 80vw, 40vw">

El coronel Santacreu estaba al mando de aquel contingente compuesto por 75 legionarios que protegió la islaDiario de Avisos

-¿Realmente era posible que Marruecos lanzase una ofensiva sobre Perejil?

-Ni pensábamos en la contraofensiva ni la descartábamos: estábamos para cumplir con la misión que se nos había encomendado. Uno de mis legionarios dijo: “Estamos preparados para proteger la isla. Si quieren venir, que vengan, que nosotros estamos preparados”. Ese era el sentimiento que teníamos todos, hay que estar dispuesto para lo peor.

“Ya estábamos preparados”

El coronel Santacreu estaba destinado en el II Tercio Duque de Alba de la Legión (Ceuta). Desde allí habían seguido con especial interés (por la proximidad geográfica) la escalada de tensión que se había desatado en torno a la isla de Perejil, la mayor crisis diplomática entre Madrid y Rabatde las últimas décadas.

Marruecos no ofreció explicaciones concisas sobre la ocupación de Perejil. Posiblemente fue su respuesta a la decisión de José María Aznar de apoyar el plan Baker sobre el Sáhara occidental, una salida auspiciada por la ONU para la autodeterminación de esta región que había levantado ampollas en el Gobierno marroquí. O quizá fue por los últimos rifirrafes sobre las aguas pesqueras que compartían España y Marruecos. Fuese por lo que fuese, el rey Mohammed VI arengó a su pueblo con la reivindicación de los territorios que, a su juicio, estaban ocupados por España. Y el 11 de julio, por la mañana, el islote de Perejil amaneció ondeando con dos banderas marroquíes.

Una patrullera de la Guardia Civil se aproximó hasta la isla para preguntar a sus ocupantes el motivo de aquel gesto. Cuál fue su sorpresa cuando vieron que aquellos hombres estaban armados con rifles kalashnikov y que les amenazaron con dispararles “por error” si no se marchaban inmediatamente.

Aquel fue el inicio de un conflicto diplomático sin precedentes, con una isla de 150 metros cuadrados como epicentro de un terremoto que sacudió España, Marruecos y a sus aliados. El diálogo a ambos lados del Estrecho fue infructuoso y el Gobierno español, con José María Aznar a la cabeza y Federico Trillo como titular de Defensa, optaron por la intervención militar.

Al coronel Santacreu no le sorprendió que le avisaran para participar en aquella misión:

-¿Creía que podía darse una intervención militar como la que finalmente se desencadenó?

-Tuve conciencia de que aquello no lo paraba nadie en la tarde del 15 al 16, cuando me informaron de que la operación se ponía en marcha si los marroquíes no se iban antes de una determinada hora. Llegó la noche y supe que todo seguiría adelante.

-¿Fue entonces cuando avisó a su batallón?

-No. Reuní a los capitanes y les conté la situación, pero les pedí que no se lo contaran a nadie. Quería que los legionarios estuvieran tranquilos, que fuera una jornada habitual. Ellos ya estaban preparados, porque habíamos dibujado la silueta de Perejil en la explanada de la base y habíamos ensayado mil veces cómo tendríamos que movernos. Lo teníamos todo mecanizado, así que no había por qué alertarlos.

'Tato' está en la isla

El conflicto de Perejil entre España y Marruecos se quedó en nada, pero la tensión diplomática  ascendió hasta límites insospechados.http://s4.eestatic.com/2017/07/14/actualidad/Actualidad_231239793_39683543_854x640.jpg 854w, http://s4.eestatic.com/2017/07/14/actualidad/Actualidad_231239793_39683542_1706x1280.jpg 1706w" sizes="(max-width: 479px) 100vw, (max-width: 1023px) 80vw, 40vw">

El conflicto de Perejil entre España y Marruecos se quedó en nada, pero la tensión diplomática ascendió hasta límites insospechados.Cedida

Llega el día D, el 17 de julio. Son las cuatro de la mañana y todo está dispuesto para intervenir sobre Perejil. En Facinas, una pedanía de Tarifa (Cádiz), aguardan los soldados españoles que, a bordo de seis helicópteros, están a punto de tomar la isla. En Ceuta, el coronel Santacreu despierta a sus soldados, los 75 elegidos para fortificar el islote tras su liberación. Arranca una carrera contrarreloj en el cuartel de la Legión, preparando los equipos y ultimando los detalles de la operación.

A las 6.45 se escucha un ruido de hélices. En lontananza se ven los helicópteros HU-21 que han dejado en Perejil al equipo de operaciones especiales encargado de su liberación. Los pilotos de las aeronaves traen noticias que les hacen estallar en júbilo: los seis marroquíes que ocupaban la isla han depuesto las armas y en ella ya ondea la bandera española.

En mitad de esa celebración, el coronel Santacreu da una última orden a un comandante: “Dile a Susi [su mujer] que, cuando lleguemos, soy yo el que está en la isla”. En ese momento también se acuerda de sus tres hijos, Carlos, Ignacio y Lucía, de 11 años, 9 y 1. “No te preocupes, Tato [como cariñosamente llamaban al militar], yo se lo diré”, le prometió su compañero. A partir de aquí, asegura Santacreu, sólo pensará en el éxito de la misión, sin margen para reflexiones personales.

Rumbo a Perejil

Al coronel Javier Santacreu todavía se le quiebra la voz cuando recuerda a sus hombres recitando de forma espontánea el credo legionario -una lista de premisas que vertebran el espíritu del cuerpo militar- a bordo de los helicópteros HU-21 que les transportaron desde Ceuta a Perejil: “Fue algo espectacular”.

La solemnidad y el fervor castrense invaden el interior de las aeronaves. Son las ocho de la mañana. Los 75 legionarios aseguran que van dispuestos a morir y no saben cuándo regresarán: “Hasta estar seguros de que Marruecos no vuelve a Perejil”, recuerda el coronel Santacreu.

-¿Qué se siente en ese momento?

-El espíritu era tremendo. Los legionarios estaban completamente emocionados.

-¿Tenían alguna inquietud, algún temor?

-Llevábamos mucho tiempo pensando en si se iba o no se iba a Perejil, pero esas inquietudes desaparecen cuando te pones en marcha. Piensas en llegar lo antes posible y en hacerlo todo bien. Lo más importante era regresar todos en caso de que pasara algo.

-¿No tenían miedo de volar hasta Perejil? Había varios buques y patrulleras marroquíes que protegían la isla.

-Sí, había buques de ellos, pero también nuestros. Pero cuando uno va a una situación de combate no se piensa en eso. Se piensa en que tengamos suerte, en que se pueda aterrizar. Nuestra mayor inquietud es que no abriesen fuego contra nosotros al pasar por Punta Leona [enclave marroquí junto al Estrecho] donde tenían una batería antiaérea.

Pese a estas preocupaciones, los 75 legionarios llegaron a Perejil de una pieza, dispuestos a proteger el islote ante cualquier amenaza.

El gobierno de la isla

Soldados españoles quitando la bandera de Perejil.http://s3.eestatic.com/2017/07/14/actualidad/Actualidad_231239810_39684002_854x640.jpg 854w, http://s3.eestatic.com/2017/07/14/actualidad/Actualidad_231239810_39684001_1706x1280.jpg 1706w" sizes="(max-width: 479px) 100vw, (max-width: 1023px) 80vw, 40vw">

Soldados españoles quitando la bandera de Perejil. Efe

“Cuando llegamos a la isla me llevé una alegría tremenda. Allí estaba el equipo de operaciones especiales que la habían liberado. Saludé al comandante Antonio García Navarro, quien los lideraba. Vi la bandera de España izada y entonces me di cuenta de que todo había salido bien, que confiaban en nosotros para defender Perejil. Se me pusieron los pelos de punta. Ellos se marcharon de la isla y también los helicópteros. Nos quedamos sólo los 75 legionarios”.

El coronel Santacreu da órdenes claras. Divide a los soldados en dos grupos, cada uno liderado por un capitán, y les pide que fortifiquen la isla: “Todo eran rocas. Llevábamos picos y palas, y fue difícil levantar puntos de protección en un territorio tan duro. Estudiamos los lugares clave en los que podíamos tener más visibilidad y que nos brindaban más defensa”. A lo lejos, en la línea del horizonte del mar, se ven las embarcaciones de guerra marroquíes.

También se establecen prioridades. Todos los días aparecerá un helicóptero que les traerá provisiones. “Sobre todo agua y munición”, advierte Santacreu. Sin comida, afirma, se puede vivir; pero el agua es imprescindible. Y con el posible enemigo a tiro de piedra es conveniente recibir todo el armamento posible.

-¿De qué se habla en esos momentos?

-No hablábamos mucho más que de seguir fortificando. Teníamos alguna conversación a partir de las informaciones que escuchábamos por la radio, pero casi todo se centraba en la defensa de la isla.

Accidentes inesperados

Pasa la noche en la isla: “Saco de dormir y el cielo por techo”. Un tercio de los efectivos -25 de los 75 legionarios- la pasa haciendo guardia. Amanece el 18 de julio. Es el día en el que Javier Santacreu cumple 42 años, pero en Perejil no hay ninguna celebración. “No se lo dije a nadie”, afirma el militar. “Tampoco me acordé, mi propósito era tener a mis hombres ocupados. En cualquier caso, el regalo ya me lo habían dado hecho. Estar allí es todo lo que podía pedir”.

El trabajo en la isla es febril. “Fue un poco duro por la climatología, que quizá no llegaba a los 30 grados, pero había una humedad increíble”, señala Santacreu. Levantar parapetos de piedra se ha convertido en una labor obsesiva. Con el rabillo de lejos observan los movimientos de los barcos marroquíes.

Pese al orden castrense que impera en la isla no se pueden controlar todos los contratiempos. Uno de los hombres que se encuentra trabajando en los parapetos sufre un accidente y su dedo queda aplastado bajo una piedra. “Tranquilo, en el siguiente helicóptero que llegue podrás regresar a Ceuta para que te curen como es debido”, le dijo Santacreu. “De aquí no me muevo, mi comandante”, respondió el legionario.

José María Aznar, con las tropas que participaron en la misión de Perejil.http://s3.eestatic.com/2017/07/14/actualidad/Actualidad_231240106_39691995_854x640.jpg 854w, http://s3.eestatic.com/2017/07/14/actualidad/Actualidad_231240106_39691994_1706x1280.jpg 1706w" sizes="(max-width: 479px) 100vw, (max-width: 1023px) 80vw, 40vw">

José María Aznar, con las tropas que participaron en la misión de Perejil. Cedida

Esa adversidad conduce a otra. Alguien informa a Santacreu de que otro de sus soldados y la pareja de éste habían perdido a su hijo por un aborto inesperado dos días antes de tomar Perejil. “Podrás regresar a tu casa, a Málaga, para cuidar de tu novia”. La respuesta del soldado fue similar: “Mi comandante, no me voy de la piedra hasta que nos vayamos todos”.

-¿Tan comprometidos estaban?

-Más todavía. Se siente mucho orgullo.

La retirada de Perejil

Los trabajos dan sus frutos. Los militares marroquíes observan desde sus embarcaciones que Perejil se ha convertido en un enclave fortificado. Los 75 legionarios han levantado parapetos y mantienen una posición defensiva. Saben que, en caso de lanzar una contraofensiva sobre la isla, tendrán que luchar contra esos ardientes soldados dispuestos a proteger la posición con su vida.

El escenario diplomático también hierve en ebullición. Los hombres de Santacreu son ajenos a las conversaciones entre el Gobierno de José María Aznar y el de Mohammed VI, a quienes no les ha quedado más remedio que sentarse a dialogar tras la intervención militar del 17 de julio, en el que España retomó la isla por la fuerza. Han pasado tres días desde entonces y las posturas por fin van acercándose.

El 20 de julio, a media tarde, Madrid y Rabat alcanzan un acuerdo: los legionarios abandonarán la isla de forma inminente y retirarán la bandera española. Perejil volverá a ser español y se comprometen a revisar sus relaciones diplomáticas con el ánimo de aliviar todas las tensiones

La retirada de la bandera

La operación Romeo-Sierra arrancó a las seis de la mañana del 17 de julio de 2002 en Perejil. El objetivo era recuperar el islote.http://s4.eestatic.com/2017/07/07/actualidad/Actualidad_229488899_38827922_640x360.jpg 640w, http://s2.eestatic.com/2017/07/07/actualidad/Actualidad_229488899_38827921_854x480.jpg 854w, http://s3.eestatic.com/2017/07/07/actualidad/Actualidad_229488899_38827920_1024x576.jpg 1024w, http://s5.eestatic.com/2017/07/07/actualidad/Actualidad_229488899_38827919_1706x960.jpg 1706w" sizes="(max-width: 479px) 100vw, (max-width: 1023px) 80vw, 40vw">

La operación Romeo-Sierra arrancó a las seis de la mañana del 17 de julio de 2002 en Perejil. El objetivo era recuperar el islote.Olga Zabalza

Santacreu recibe el mensaje: “Tendrán que irse antes de las 21.00 horas”. La noticia desencadena la locura en Perejil. Hay que recoger todo el armamento y toda la munición en cuestión de horas. También destruir los parapetos y fortificaciones para no dar facilidades al enemigo, en caso de que vuelvan a ocupar el islote.

-¿Cómo actuaron entonces?

-Era importante tener las cosas claras, porque era mucho trabajo para poco tiempo. En unas horas retiramos todo el material de una isla que en los últimos días habíamos convertido en una pequeña ciudad. También destruimos todas las fortificaciones. Todos sabían lo que tenían que hacer. Pero por encima de todo teníamos una cosa clara: que la bandera española ondease hasta el último momento. Y lo conseguimos. A las 20.00 llegaron los helicópteros y cargamos todo a bordo. Si teníamos que irnos a las 21.00, no entré en el helicóptero hasta las 20.55. Yo fui el último en montarme y fui yo quien cogió la bandera.

-Fueron 85 horas en la isla, desde las 8.00 del 17 de julio hasta las 21.00 del 20.

-Volvimos cansados, pero más que satisfechos. La escena a bordo de los helicópteros era muy diferente a la del viaje de ida. Íbamos en silencio, pero orgullosos. Era un momento solemne. Habíamos hecho lo posible por proteger Perejil y habíamos cumplido con nuestra misión. Y lo más importante de todo: llegamos todos de vuelta y sin producirse ninguna baja. Para un comandante de la Legión [refiriéndose a él mismo] no hay mayor satisfacción.

En la memoria de Santacreu aún están grabados a fuego los abrazos con su mujer, Susi, y sus tres hijos al regresar a Ceuta: “Me veían un poco como a un héroe”. Fueron días en los que las miradas de la comunidad internacional se centraron en un islote que, hasta entonces, muy pocos conocían. Quizá alguna pastora de ovejas que llevaba allí su rebaño a pastar, y poco más. Pero esos días Perejil fue el epicentro de un conflicto que rondó unas consecuencias imprevisibles entre Madrid y Rabat.

Santacreu respira hondo antes de hacer una valoración de aquellos acontecimientos, de los que esta semana se cumplen 15 años, y responde con profundo sentimiento castrense: “Fue histórico y quién sabe lo que pudo pasar. Lo único sobre lo que tengo una certeza es la satisfacción de la misión que cumplieron mis legionarios. ¿Si lo volvería a repetir? Todas las veces que hicieran falta”.

 

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