Caído en los primeros momentos del alba en un combate de épicas proporciones tras dormir con su unidad a la intemperie, comprimido todo el destacamento dentro de un endeble blocao de fortuna, exhaustos, sin más hidratación que la que les proporcionaban las partes húmedas de las piedras circundantes y la pulpa y raíces de las chumberas que hacían las veces de parapeto, un centenar escaso de espectros con hambre atrasada, demacrados, famélicos, y sin descanso alguno durante la semana que durarían los combates se lanzaron colina abajo en una carga que ha pasado a la historia militar por el radical arrojo de los inmolados. Sabían que iban en pos de una muerte segura, pero a la postre, digna.

En un contexto bélico, una orden de ataque a la bayoneta tiene casi ribetes místicos, sobre todo, cuando se es consciente de que no hay ninguna opción de salir vivo. No se espera a la muerte, al revés, se enfrenta con determinación e iniciativa. El cuerpo humano sufre una mutación extrema y la invasión en sangre de cortisol y adrenalina es brutal. A través de un estado de trance se accede a una forma de realidad colapsada. Todo el individuo entra en el Averno por la puerta grande para ser devorado sin miramientos.

Aquellos hombres, la noche anterior, se habían despedido integrados como una piña en un abrazo fraternal, mientras su capitán, en una sentida arenga, les conminaba a aceptar su destino. Nada esperaban. No llegaba noticia alguna y aquello era francamente demoledor. Mientras el operador del heliógrafo de la posición intentaba contactar desesperadamente con el puesto más cercano, alrededor, en toda la zona, se estaba produciendo una masacre de proporciones alarmantes y no cabía esperar ayuda alguna. Infestado todo el área por las tribus dirigidas por el jefe rifeño alzado contra España, el llamado Abd el-Krim, las instrucciones del jerarca kabileño eran claras, no se hacían prisioneros.

La llamada posición intermedia A, un eufemismo rimbombante para definir una docena de sacos terreros, una ametralladora con el cañón fundido, unos Mauser sin munición, donde el agua brillaba por su ausencia y los soldados se peleaban por capturar a las prevenidas lagartijas (las condiciones de habitabilidad resultaban infernales y de dudosa resistencia ante un enemigo motivado), era en realidad una tumba colectiva a falta de relleno. Y este llegaría por un terrible error cometido por el departamento de comunicaciones del ejército en Melilla.

El telegrafista encargado de ordenar la retirada, quizás agotado –llevaba 48 horas sin dormir–, quizás falto de información por la confusión reinante, no había cursado la preceptiva orden a través de los heliógrafos y en consecuencia, el centenar de soldados que la defendían fueron condenados al aniquilamiento total. El capitán José Escribano Aguadoera consciente de ello y se volcó en mentalizar a sus hombres sobre la terrible última verdad.

Los solados se mataban

En aquel tiempo, entre las hordas de Abd el-Krim era práctica frecuente desollar vivos a los prisioneros y luego quemarlos todavía conscientes. La castración era el primer paso; luego, las partes acababan formando una imagen estentórea dentro de la boca del finado. Según el informe Picasso elaborado tras la más grande tragedia sufrida por un ejército colonial en África –con la salvedad de las tropas italianas en las guerras de Abisinia–, muchos de los soldados en una especie de ritual suicida delegado se mataban entre sí de mutuo acuerdoantes que rendirse. Las catastróficas decisiones del General Silvestre, que en un acto de lucidez que le honra acabaría suicidándose, se llevaron por delante la vida de más de 13.500 hijos de España en un abrir y cerrar de ojos.

En el blocao que defendía el capitán José Escribano Aguado, en las fronteras del fin del mundo, todavía, hacia las cuatro de la madrugada, la noche era clara. Una potente luna iluminaba generosa aquella fortificación hecha con premura a base de sacos terreros. Había una atmósfera espectral en medio de un silencio aplastante. Todos intuían la proximidad del final y algunos musitaban plegarias en voz baja. En algún lugar de la escarpada ladera de la posición, una pareja de grillos se cortejaban alegremente ajenos al horror desencadenado por los humanos.

De la mano del general Manuel Fernández Silvestre, España cabalgaba sobre una hipnótica ola donde el viento de la inercia y las fáciles victorias iniciales presagiaban medallas y prestigio sin fin. Desde Melilla hacia el oeste, todo salía a pedir de boca, pero la realidad era otra bien distinta.

En esencia, todo aquello era un burdo espejismo, pues esa especie de blitzkrieg adolecía de una logística compensada, por decirlo de una manera educada. Las líneas de suministros estaban exageradamente elongadas y las posiciones defensivas eran poco más que improvisadas.

El primer nacionalista del siglo XX

El probablemente primer nacionalista del siglo XX, anticolonialista furibundo, con cargos en la administración española, amante del progreso, hombre de elevada cultura académica y autodidacta a la par, el llamado Abd el-Krim, había sublevado a las harkas rifeñas decepcionado por la saturación de promesas incumplidas por parte del general Silvestre. Una cifra que podría acercarse a los 50.000 hombres, nativos conocedores del terreno, bien armados –curiosamente provisionados en el mercado negro de armas español–, estaban decididos a borrar de la faz de la tierra al invasor, más allá de que este hubiera accedido al control del Rif por tratados internacionales.

Sin opciones de retirada, ante este cúmulo de despropósitos, el capitán Escribano daría aquella orden extrema y la tropa, que sentía admiración por él, le seguiría en aquella decisión última hacia la gloria como un todo sin fisuras. Una hora después no quedaría un solo hombre en pie, con la excepción de un desertor (Antonio Tavira) que contribuiría a tumbar en el posterior juicio de contradicción en Melilla, la propuesta para la adjudicación de la Laureada para este enorme con cuyo cuerpo, a día de hoy, no se ha dado. Pero en esta nación de amnésicos, me consta que hay gentes que guardan su memoria con cariño.

Tras el desastre de Annual vendría la terrible venganza. Aviones Breguet sembrarían de gas mostaza el Rif, la legión y los regulares actuarían expeditivamente y las matanzas indiscriminadas sobre todos los que eran capturados en edad militar serían la respuesta natural en una orgía de sangre solo comparable a la que había sido aplicada a los caídos propios unos meses antes.

En el confín de la extensa llanura de Metalza, en algún lugar perdido del Rif, el destacamento olvidado del capitán José Escribano Aguado daría testimonio de grandeza al encarar el postrer momento con la entereza de la que solo son capaces los héroes. La suya sería la última bandera que ondearía en aquel infernal lugar.

In memoriam.

MSN. La orden que nunca llegó y la gesta de un héroe, el capitán José Escribano

171127 Lutero

UNA ETAPA DE LA HUMANIDAD Y DEL CRISTIANISMO QUE DEBEMOS CONOCER

La Europa que conocemos no sería tal sin echar la vista atrás y tener en cuenta la Reforma protestante de Lutero, que este 2017 ha cumplido 500 años. No fue sólo un fenómeno religioso. Fue más allá de la Iglesia y alcanzó a la política, la ciencia o el arte. La lucha por el poder entre los nobles de Alemania y el emperador Carlos V configuró y dio alas a aquellos cambios eclesiales que impulsó el monje agustino y que no se hubieran producido sin la imprenta, una auténtica revolución en su época. El invento de Gutenberg permitió que se propagaran ideas y textos a gran velocidad sin pasar los filtros de quienes controlaban la producción de libros y la escritura: la Iglesia y la nobleza. Hoy tenemos las redes sociales e internet, que en parte han sido un fenómeno similar que reconfigura y modifica de forma constante la escena sociopolítica.

La Unión Europea apenas tiene 60 años y ha traído un periodo de paz y estabilidad tras las dos grandes guerras al Viejo Continente, pero sigue habiendo dos Europas latentes que vienen de lejos. O incluso tres, con el Este. En el ente comunitario, en términos económicos y políticos, se habla ahora de una Europa a dos velocidades. Pero no sólo hay diferencias económicas entre norte y sur y oriente y occidente -patrones y dicotomías que se repiten a menudo en otras partes del mundo-, también las hay culturales, sociales y religiosas, entre otros ámbitos. Y muchas diferencias fueron acentuadas por al Reforma.

“Las consecuencias de ese cataclismo pusieron de relieve la existencia de dos culturas, dos modelos de relaciones sociales, dos formas de entender la política y el poder, incluso, dos modelos económicos que aún hoy perviven entre la Europa del norte y la Europa mediterránea”, explica Jaume Botey, filósofo, teólogo y doctor en antropología que fue profesor de Historia de la Cultura en la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) en el cuaderno A 500 años de la Reforma protestante editado por Cristianisme i Justícia Jaume Botey.

La Vanguardia 26.11.2017 Leer mas

 

Augusto Ferrer Dalamau ama el arte y la milicia a partes iguales y refleja esa pasión en cada cuadro, en cada boceto, en cada pincelada. Le acaban de otorgar la Gran Cruz del Mérito Militar, por evocar con su pintura la historia militar de España.

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 170908 Ferrer Dalmau

Augusto Ferrer-Dalmau / Antón Muñoz

 

El pincel de Augusto Ferrer Dalmau ha merecido, a lo largo de su larga trayectoria pictórica, decenas de reconocimientos. El último de ellos, la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, concedida el pasado 1 de septiembre.

Frente a uno de sus cuadros, por ejemplo, El milagro de Empel, uno es capaz de sentir la épica, la Historia y el orgullo. Pero también los nervios, el miedo ante la batalla, el olor de los caballos o el crujir de los correajes de los uniformes de nuestros soldados.

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Ferrer Dalmau lleva en sus venas la épica militar y el romanticismo que traslada a sus lienzos con viveza inusitada en su categoría. No en vano su héroe de la Historia militar española es el general Zumalacárregui, carlista, “porque era un militar de los pies a la cabeza, era un idealista”.

Ferrer Dalmau ha sido el primer pintor español que ha formado parte de una misión del Ejército español en el exterior

De él ha dicho Arturo Pérez Reverte, el deslenguado miembro de la Real Academia Española que trasladó a España la grandeza y el horror de la Guerra de los Balcanes, que “nadie pinta en España con tanta honradez y con tanta admirable ausencia de complejos a la hora de recuperare las imágenes de nuestro largo pasado militar”.

190809 Milagro de Empel

El milagro de Empel”, de Augusto Ferrer-Dalmau

Un desempeño que, a su juicio, “resulta doblemente asombroso: por lo insólito del empeño y por la espléndida belleza del resultado”. No en vano, Ferrer Dalmau ha sido el primer pintor español que ha formado parte de una misión del Ejército español en el exterior, precisamente para dejar, con su arte, constancia del desempeño del soldado español.

“El soldado español es de fiar, lo quieren a su lado”explicó Ferrer Dalmau a Actuall. “Sigue siendo el mismo que estuvo en los tercios: disciplinados y muy preparados. Les gusta lo que hacen, ponen todo el alma y toda la pasión”.

170908 Alcantara

El Regimiento de Alcántara protagonizó una carga heroica en el desastre de Annual / (Obra de Augusto Ferrer-Dalmau).

Pasión, disciplina y preparación que él, como miembro honorífico de decenas de unidades de nuestras tropas, vuelca a través de su paleta y con cada trazo, incluso cuando el reto es mostrar derrotas como la de Trafalgar.

“Cuanto peor lo tenemos, más nos crecemos”, ha asegurado, confiando en que “tarde o temprano habrá una revulsión contra el nacionalismo”

“Nuestras derrotas son victorias porque hemos sabido sufrir”, señala sin dejar de puntualizar, con orgullo: “Pero estamos muy acostumbrados a ganar batallas”.

No sabemos si le tocará retratar un episodio futuro de las tropas españolas en Cataluña, su tierra natal, de donde tuvo que exiliarse en 2010, harto de discutir con los conocidos por el tema nacionalista.

Lo que sabemos con certeza es que no se imagina dibujando la independencia de Cataluña (“no, nunca”) porque tiene la convicción de que “Cataluña siempre será España”. Y en caso de que tuvioera que hacerlo, admite con sorna, “pintaría un derbi Barcelona- Lleida”.

Pero no pierde la esperanza: “Cuanto peor lo tenemos, más nos crecemos”, ha asegurado, confiando en que “tarde o temprano habrá una revulsión contra el nacionalismo”.

Y allí estará Ferrer Dalmau, armado de caballete, lienzo, paleta, pinceles, pinturas y aceite de linaza para pintar la épica en un tiempo de derrotas.

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