180804 La verdad sobre mi padre

 

César Casado Martín nació en Pitillas (Navarra) el 4 de junio de 1914. Empezó como soldado de Ingenieros en 1930 en Unidades de Transmisiones y Automovilismo en Melilla. Continuó como guardia civil, interviniendo en la Revolución de 1934 (Revolución de Asturias). En la Guerra Civil luchó con los nacionales, obteniendo, entre otras condecoraciones, dos ascensos por méritos de guerra y la Cruz Laureada de San Fernando a título individual el día 3 de septiembre de 1936, por su actuación en la toma de Behovia (Guipúzcoa). Más tarde fue autorizado a formar parte de la División de Voluntarios, más conocida como División Azul, donde realizó funciones de policía militar, principalmente. También realizó varios servicios en la lucha contra el maquis.
En este libro, su hijo y autor, Enrique Casado Ugarte, hace una revisión somera de la vida militar del protagonista, después de un estudio de investigación que ha durado más de dos años. Pretendiendo desvelar las luces y sombras de un personaje singular, esta obra es un claro homenaje a la Guardia Civil.

Se puede adquirir en Casa del Libro. La verdad sobre mi padre, por Enrique Casado Ugarte

El autor, compañero de la promoción de Estad Mayor del coronel Vidal Delgado, le ha rogado que también se acuerden de los huérfanos de la Guardia Civil, pudiendo ingresar la cantidad que deseen en BANKINTER ES68 0128 0400 63 0100021237, debiéndose poner expresamente PARA EL PATRONATO DE HUÉRFANOS DE LA GUARDIA CIVIL.

El Libro se lee de un tirón y en él se narra la vida militar de un héroe español, el cual con el paso de los años alcanzó el empleo de capitán de la Guardia Civil

 

 

Saludos desde el Instituto de Historia y Cultura Militar.

Esperando resulte de su agrado, le informamos que el último número publicado de la REVISTA DE HISTORIA MILITAR ya está disponible y puede acceder al mismo por alguna de las siguientes vías:

180711 RHM 123

En papel

Puntos de Venta del Ministerio de Defensa

Internet

https://publicaciones.defensa.gob.es/revista-de-historia-militar-revistas-papel-19824.html

Disponible para lectura

Al servicio del público en numerosas bibliotecas, universidades e instituciones, tanto civiles como militares.

 

En este caso se trata del número 123, cuyo contenido se expresa a continuación:

 

ARTÍCULOS:

 

- Academias militares del siglo XIX: las Compañías de Distinguidos y especial referencia a la Compañía de Distinguidos de Aragón, por don Silverio José CUBERO DE VAL, coronel de Infantería, licenciado en Historia………….......

- Dura Lex Sed Lex: Leva de vagamundos, ociosos y malentretenidos en la ciudad de Valencia (1740-41), por don José Ramón CUMPLIDO MUÑOZ, doctorando en Historia Moderna, Universidad de Valencia………...…………….....……

- El internamiento de las tropas alemanas del Camerún en la Guinea Española (1916), por don Carlos A. FONT GAVIRA, licenciado en Historia, Asociación Española de Africanistas.....…

- Estados, escalafones, anuarios y escalillas (del contenido enciclopédico a la simpleza absoluta), por don José Luis ISABEL SÁNCHEZ, coronel de Infantería..……………………

- Sobre el mito de la carga al machete en la Guerra de Independencia de Cuba (1895-1898), por don Juan Antonio MARTÍN RUIZ, doctor en Historia, miembro de la Academia Andaluza de la Historia……………………………………......…

- De Granada a Pavía. La evolución del ejército español desde 1482 a 1525, por don José Antonio PÉREZ GIMENA, doctor en Historia Moderna……………………………………………..

 

Muchas gracias por el interés mostrado.

 

Instituto de Historia y Cultura Militar

Subdirección de Estudios Históricos

Secretaría de Cursos

Paseo de Moret, 3

91 780 87 42

 

EL CEMENTERIO MILITAR DE TETUÁN Salvador Fontenla Ballesta, General de Brigada (R.)

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Cementerio español en Tetuán después de su restauración por la Fundación INDORTES

Los españoles, al ocupar Tetuán en el año 1860, construyeron un cementerio cristiano, al norte de la ciudad y en la ladera sur del monte Dersa.

Las fuerzas españolas volvieron a entrar en Tetuán en el año 1913, haciéndola capital del Protectorado español. Inicialmente siguieron usando el antiguo cementerio, pero comenzaron la construcción de uno nuevo, de carácter militar, un centenar de metros más al sur del anterior.

La independencia de Marruecos en 1956, supuso la repatriación de las unidades militares, y con ellas la de muchos ciudadanos civiles españoles. Esto trajo consigo una paulatina degradación de los cementerios españoles del Protectorado, por falta de atenciones. Hasta que el Ministerio de Defensa, en el año 1998, visto el estado lamentable de los mismos, decidió hacer una concentración y, con ella, una restauración de los camposantos de destino, entre ellos el de Tetuán. Los restos militares y civiles del antiguo cementerio de 1860, y de los cementerios del Rincón del Mediq, Castillejos y Xauen, fueron concentrados en el cementerio militar de Tetuán, con un total de unas 2500 inhumaciones.

El cementerio militar de Tetuán, como otros muchos, es un trozo de nuestra historia. Allí descansan los que fallecieron cumpliendo con su deber y su juramento a la Bandera, entre los que podemos destacar:

– Caballeros laureados de San Fernando, como los tenientes Montilla Pérez, Aizpurúa Reynos, Leria López del Grupo de Regulares de Melilla. Comandante José Valdés Martel, que mandando la harca de su nombre, murió al tratar de rescatar el cadáver de un compañero. El teniente coronel González Tablas, héroe de Regulares, junto al brazo de Millán Astray, “para abrazarlo eternamente”.

– Caídos del Regimiento de Infantería Zaragoza (nuevamente reorganizado), que participaron en la campaña de 1860.

– Combatientes de la Milicia Voluntaria de Ceuta,  Regimientos de Infantería Ceuta, Mallorca, Cazadores de Barbastro, Policía Indígena, Grupos de Regulares, Mehala,  Legión, Arma Aérea, etc., caídos en las campañas de Marruecos.

– El Capitán Pompilio Martínez Zaldívar, primer oficial de la Legión caído en combate

– Componentes del Regimiento de Infantería Ceuta, y el alférez de navío del Jaime I Falquina García, muertos en nuestra última guerra civil.

– Militares ilustres como los altos comisarios y generales Alfau, el que ocupó Tetuán en 1913, y Gómez Jordana fallecido en su despacho mientras trabajaba.

Su estado de conservación y mantenimiento.

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El paso del tiempo (20 años) y los escasos recursos, aportados por el Ministerio de Asuntos Exteriores, para su vigilancia y mantenimiento, ha hecho que su estado se vaya nuevamente degradando, principalmente por el crecimiento indiscriminado de árboles, hierbas y arbustos, cuyas raíces que a veces afectaban a las sepulturas.

Vista esta situación, y ante la inacción de otras instituciones, la Fundación Indortes decidió resolver este problema, pasando a la acción. Con la autorización y coordinación con las autoridades de la zona, procedió, entre los años 2017 y 2018 y exclusivamente con sus propios recursos, a adecentar el citado camposanto. Consistiendo, en resumen, en desbrozar y limpiar de maleza toda la superficie, tratarla con herbicida y cubrirla con un plástico especial y con una capa de grava. Se acompaña de fotografías de antes y de después, para que el lector se haga una idea del resultado de los trabajos.

Somos conscientes que no es cuestión de una labor puntual, sino de una acción metódica y constante, que una vez arreglado requiere pocos esfuerzos y recursos.

Un puñado de tierra española en tierra ajena.

Antiguos acuartelamientos españoles en el antiguo Protectorado siguen siendo propiedad del Estado español, aunque muchos están sin uso. Sin embargo los cementerios, a raíz de la independencia de Marruecos, pasaron a la administración de Tetuán, y por consiguiente del estado marroquí, siguiendo la norma habitual de la administración española. Así tenemos la paradoja que un camposanto lleno de héroes españoles, no es propiedad de España, aunque moral y emocionalmente aquel puñado de tierra, empapada de sangre de tantos héroes la sentimos española, en lo más íntimo de nuestras almas y corazones.

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Ya es un clásico que las diferentes administraciones españoles se desentiendan de nuestros caídos, cuyas comparaciones con otras naciones de nuestro entorno son simplemente odiosas (Alemania, EEUU, Italia, Rusia, Gran Bretaña, etc.). Da la sensación que el interés por nuestros caídos no va más allá del toque de oración y del acto de homenaje a los caídos en las paradas, que sin la atención que se merecen nuestros cementerios militares, quedan entonces sin su verdadero sentido, como sendas acciones rutinarias y folclóricas.

Igualmente es incomprensible el desistimiento de las diferentes asociaciones de veteranos, cuyo interés pocas veces va más allá de dar alguna conferencia y de tener un bar barato donde reunirse. Especialmente son dolorosos los casos de las reales y soberanas órdenes militares de San Fernando y de San Hermenegildo, que tan poca preocupación han venido demostrando por la situación de los restos de sus antiguos caballeros caídos en el campo del honor, y a los que tanto deben y se deben.

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No es mucho pedir que, las organizaciones antes citadas y otras afines, visiten los camposantos militares y además contribuyan, entre otras cosas, a su mantenimiento en general, limpieza y restauración de lápidas… y, de paso, elevar una plegaria por los que nos indicaron el camino con su sacrificio y ejemplo.

Salvador Fontenla Ballesta, General de Brigada (R.)

Cementerio Militar de Tetuán

Blog General Dávila. Cementerio Militar de Tetuán, por el General Fontenla

 

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