JESÚS LÓPEZ MEDEL

Fernando Piris, un histórico de la milicia universitaria

20/ene/13 01:37

Edición impresa .

Falleció el 13 de diciembre Fernando Piris Rodríguez, nacido en Barcelona el 16 de septiembre de 1921. De familia militar, su padre era teniente de la Guardia Civil, que había estado en la Guerra de África. Tras los estudios en el Real Monasterio de Santa Isabel y el Instituto Balmes, Piris hizo la Milicia Universitaria de 1942-43 en la primera promoción, en el campamento de Seva, a las faldas del Montseny. En aquella promoción se reanudaba la tradición de una oficialidad de complemento, procedente de universitarios, como ocurrió ya en las Guerras de la Independencia y carlistas.

Piris fue número uno de la promoción del Arma de Artillería. Por esa circunstancia le concedieron la Medalla al Mérito Militar. Su vocación castrense la vivió intensamente por su ascendencia militar, su formación en el SEU y en Juventudes. Tras el segundo curso de la Milicia Universitaria , hizo las prácticas en el Regimiento de Artillería 44 de San Andrés. Fue profesor ayudante en dicho campamento y en el de Castillejos, en el que estuvo de alumno Jordi Pujol. En 1954, conoció a su esposa Lolita, también de descendencia militar. Tuvieron cuatro hijos. En su carrera profesional como químico trabajó en diversas empresas. En 1964, fue director comercial en Cataluña de la Unión de Explosivos. Participó en los primeros años de Alianza Popular. Era animoso, servidor de todos, ejemplar, fiel a sus ideas de una Cataluña plenamente española, y a las religiosas. Nunca perdió el contacto castrense, incluso ascendió como oficial de complemento. Organizaba las misas y actos religiosos conmemorativos. Como me decía Fernando, el primero de sus hijos, cuando murió su esposa Lolita, en 2006, se entregó plenamente a la Milicia Universitaria organizando las agrupaciones territoriales, visitándolas, creando un boletín, el BOMU, de no muchas páginas, en donde participan militares de alta graduación. A no pocos mandos que pasaron por Cataluña los hizo socios de honor. Fue presidente nacional de la UNAMU, y su presidente de honor. Gozó de un fuerte arraigo en Cataluña. En agosto pasado sufrió una operación de cadera y no se recuperó del todo. Falleció en Vilasar del Mar. El funeral tuvo lugar en la capilla castrense del Parque de la Ciudadela, con asistencia de las autoridades militares y de múltiples "milicios". Me decían que sus últimos años había sido feliz, sirviendo al Ejército y a la Milicia Universitaria, a la que deseaba ver unida en sus agrupaciones, y relacionadas con la Hermandad de Veteranos de los Ejércitos, para poder seguir cultivando los valores del Ejercito en la sociedad civil. Fue creyente practicante y Dios estará con él. Descanse en paz.

*Consejero Togado del Aire (R). Socio de Honor de las Milicias Universitarias de Cataluña, Aragón y Tenerife

Francisco Almendros Alfambra, general de la Guardia Civil

Por estas fechas, próximas a la Navidad, se cumplen veinticinco años del terrible atentado a la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza. Aquel día se desató el infierno sobre los guardias civiles y sus familias. Y, entre el fuego, el humo y los escombros, los que pudieron sobrevivir recogieron, entre rabia y llanto, los cadáveres mutilados de once españoles inocentes que se empezaban a preparar como cada mañana para afrontar un nuevo día. Unos entrarían de servicio, quizá a regular el tráfico, o a auxiliar a alguien en apuros o a mantener el orden que les está confiado. Otros irían a trabajar o a hacer la compra o a ir preparando los regalos o a poner la casa especialmente acogedora para la Navidad. Otros, los más pequeños, para ir al cole o a la guardería o al instituto, pues uno de los inocentes ya tenía diecisiete años, quizás un guardia civil en ciernes. Otros dos no podrían hacer nada de esto, sencillamente porque aún estaban en el vientre de sus madres. Once inocentes y otros dos más inocentes todavía, aunque a estos dos últimos nadie les cuenta al dar el número de fallecidos.

Pero aquel infierno no se desató solo, ni lo originó un cataclismo o una fuerza salvaje de la naturaleza. Fue una mano, también salvaje, pero inteligente, guiada por un odio ciego. Una mano que eligió el lugar, una fecha significada, el modo brutal de atentado y las víctimas deseadas. Una mano que, por cierto, al cabo de tantos años todavía goza de libertad. Dicen que murieron por la democracia. Cuesta creer que alguno de ellos se planteara tal cuestión. Murieron porque les mataron, porque vivían en un cuartelillo y eran sin saberlo, excepto los tres guardias civiles que conocían el riesgo de vestir el uniforme, la pacífica e inocente ropa de primera línea de un ejército enemigo. Y ese ejército enemigo, la sociedad española, parece haberse desentendido un poco de su vanguardia sacrificada. Hay quien lo ha olvidado, sin más. Otros piensan, y así lo manifiestan, que ya va siendo hora de olvidar porque el recuerdo vivo y su consecuencia pueden dificultar la convivencia. Se entiende, claro, la convivencia con los asesinos, sus simpatizantes, y sus interesados palmeros, pues no hay problema alguno para convivir entre los que repudiamos tal barbarie. Pero hay otros que no olvidamos, que recordamos día a día los asesinados de Zaragoza y a la de tantos otros sitios de esta España ensangrentada durante cuarenta años por la plaga homicida que aún sigue en disposición de matar. Y creemos que no está permitido el olvido porque, deliberado o no, además de inmoral y abyecto, es suicida. Es saludable hacer con frecuencia ejercicios de memoria y recordar su número, la forma en que les arrebataron la vida, las fotos de sus cuerpos destrozados, sus caras, su dolor y el dolor de sus familias. No es nada morboso sino el mínimo tributo que les debemos, porque si ellos no pudieron saber por qué morían, bien que se ha nutrido de su sangre esta democracia nuestra que, en su interminable siesta, nos va matando de paz. Y, quizá es casualidad, pero esta democracia se debilita al mismo tiempo que se diluye su recuerdo en la indolente memoria colectiva, al mismo tiempo que se difuminan las fronteras entre el bien y el mal.

Primero fue la comprensión en determinados sectores hacia unos chicos idealistas pero desproporcionados, luego porque sacudían el árbol cuyas nueces recogerían otros, después que la violencia era una forma de hacer política, asistimos luego a la negociación con documento gráfico incluido y nos encontramos ya con sus mentores sentados en las Instituciones del Estado y los asesinos enfermos en sus casas. Y los más de ochocientos muertos ¿qué?¿para qué han servido tanta sangre y tanto dolor? Podían haberles dado lo que pedían desde el principio y nos habríamos ahorrado tanto sufrimiento. ¿Por qué no antes y ahora sí? Porque a lo largo de todos esos muertos nuestro país ha perdido el pulso que tuvo, nuestro sistema se ha degradado, ha cedido ante el terror y la sociedad es presa de la comodidad y la apatía moral. Por eso se quieren olvidar de los muertos y sus deudos; las víctimas, molestan.

Pero necesitamos recordarlos para desengancharnos de esa letal y dulce droga, la indolencia. No es ya por ellos, es por nosotros mismos. Feliz Navidad. 

Francisco Almendros Alfambra, general de la Guardia Civil

 

Después de que hace dos años se decidiera cambiar los uniformes de 175.000 militares para adoptar un modelo de color árido, como si nos fuéramos todos a Afganistán, Defensa volverá a adoptar para el próximo año de nuevo el diseño “boscoso” para los uniformes de combate de nuestros militares. Además, el ministro Morenés se gastará más de 200.000 euros en ¡uniformes de etiqueta! Y por si fuera poco, el número de prendas de vestuario que el personal militar podrá solicitar a través de la aplicación informática diseñada a tal efecto se verá incrementado a partir del próximo mes de enero -pasando de 46 a 94- , y muchas de ellas contarán con un diseño renovado, mejoras técnicas y una mayor calidad de las materias primas empleadas en su elaboración. Entre las novedades, elementos tanto del equipo de combate como del uniforme de trabajo, y también del equipo complementario que se utiliza en unidades de montaña, en la Legión o en la Brigada Paracaidista, que todos los militares del Ejército y los de Cuerpos Comunes destinados en su estructura podrán pedir a través de la nueva Aplicación de Vestuario del Ejército de Tierra (AVET).

No deja de llamar la atención tanto dispendio en un Ministerio que ha sufrido monumentales recortes. Recortes que han producido que sea muy escaso el combustible para vehículos y munición para entrenamiento, que ha impedido la activación generalizada de los reservistas, que ha mandado al desguace a buques de la Armada –entre ellos, el portaviones Príncipe de Asturias- y ha habido que cancelar proyectos estratégicos de desarrollo de sistemas de armas. Por no hablar de la comida de la tropa, la reducción de personal, la falta de convocatorias para nuevos militares o el cierre de instalaciones y acuartelamientos.

Nos dicen nuestros espías que pudiera ser que el derroche textil en las FAS tenga origen en una decisión gubernamental para ayudar a uno de los buques insignia de la economía española: El Corte Inglés.

No puede pasar desapercibido que una de las empresas que manufactura la uniformidad de nuestros ejércitos es el grupo El Corte Inglés. Pues bien, la empresa que preside Isidoro Álvarez se ha adjudicado un contrato del Ministerio de Defensa por un importe de 208.656,80 euros para suministrar los uniformes de etiqueta. Se trata del sexto contrato de estas características que consigue El Corte Inglés desde mediados de julio, después de haberse convertido en el proveedor de prendas de vestuario de los carteros de Correos, los funcionarios de las Unidades de Intervención Policial del Cuerpo Nacional de Policía, los empleados del Museo del Prado, de la Confederación Hidrográfica del Guadiana y del Ebro. En total, más de 14 millones de euros. Es posible que también consiga el contrato para los nuevos uniformes de todas las FAS, que sustituirán a los anteriores, que en su mayor parte ni siquiera han sido desembalados. Por supuesto, tampoco valdrán el anterior modelo boscoso… porque los nuevos tendrán las “mismas características y calidades” pero de otro color. Muy bonito todo.

La cuestión de fondo, nos dicen nuestros espías, es que el Gobierno se ha propuesto ayudar a El Corte Inglés, que viene acarreando una crisis creciente desde 2009, año en el que empezó una acusada caída de ventas por causa de la crisis. Entonces ya se hablaba de que el Corte Inglés había perdido dinero con su cadena de supermercados y con algunas marcas. Al año siguiente, la guerra de ofertas y precios en la que también entró la empresa de Isidoro Álvarez, en lugar de vender más con margen menor, terminó notando un nuevo descenso de las ventas con un margen inferior. Actualmente, El Corte Inglés con sus ventas únicamente cubre aproximadamente el 30% de su deuda a corto plazo y el 14% de su deuda a largo plazo. Una de las primeras medidas que tomó la empresa fue alargar los pagos a sus proveedores, por lo que si antes pagaba a 3 meses, ahora mismo ya está pagando a 6 meses y algunos proveedores se están planteando no venderle a esta empresa, ya que como es evidente, la crisis es para todos y muy pocas empresas podrían permitirse mantener el género en la calle durante 6 meses.

Los resultados de 2001 (cuentas cerradas en febrero de 2012) ya hacían evidente que la crisis le estaba pasando una factura importante en el volumen de negocio, cayendo desde casi los 18.000 millones de euros de 2007 a los 15.777 millones de euros del 2011, cifra inferior incluso a las ventas del año 2005 que facturó 15.855 millones de euros. Ya se hablaba de la necesidad de hacer un ERE y despedir a miles de trabajadores, lo que en una empresa puntera del capital nacional, producía un auténtico escalofrío al Gobierno. Se imponían recortes y alguna forma de ayuda que compensara las pérdidas y evitara tener que hacer público la necesidad del ERE.

Ahora mismo, la empresa cuenta con casi 3.000 trabajadores menos y ha reducido la jornada completa en casi 20.000 personas. El Corte Inglés ya no crea empleo, sino todo lo contrario y ha pasado a destruirlo, como último bastión que aguantaba la crisis. Destacan también la reducción en las inversiones que ha puesto en marcha el grupo por importe de 870 millones de euros con una inversión neta que cae 145 millones de euros desde el año anterior. Y por último, la peor de las noticias saltó el pasado mes de noviembre: Viajes El Corte Inglés ha decidido ajustar su horario laboral y reducir la jornada en dos horas con el fin de adaptarlo a la caída de la demanda que experimenta el sector y como medida preventiva en defensa del empleo. El recorte afecta a casi 5.000 trabajadores. Igualmente, el Corte Inglés prescinde de las subcontrataciones de reponedores, mozos de carga y descarga y el servicio de limpieza que hasta ahora realizaban tres empresas: Eulen, Acumula y Planificación y Control Logístico (PyC Logístico).

Ante este panorama, dicen nuestros espías, el Gobierno intenta que El Corte Inglés se quede con importantes contratos del Estado para aliviar su situación económica, que si entrara en caída libre, nadie duda que sería un duro golpe a la maltrecha confianza en la economía española. Si esto es así, ya saben el origen de tanto baile de trajes en Defensa y lo vacía que queda la matraca de los recortes, la libre concurrencia del mercado y la igualdad de oportunidades… Lo mejor es tener amigos en el poder.

Hubo una época en la que se decía popularmente que lo que mejor funcionaba en España era El Corte Inglés y la Guardia Civil. Pues la Benemérita se está quedando sola…

Desde el congreso de los diputados nos llega un soplo de esperanza; recemos para que el Niño guíe sus cabezas, sus pies y sus
manos y acepten el sacrificio de una vida de servicio a este pueblo soberano:

Datos económicos de 2012

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