160711 General Saenz de Tejada

Y como los viejos soldados de la balada, ahora cierro mi carrera militar; y simplemente me desvanezco. Un viejo soldado que tan sólo intentó cumplir con su deber como Dios le dio a entender. Estas palabras dichas por el general McArthur fueron escritas también para un viejo soldado que hoy no ha muerto, sino que se ha desvanecido, como aquellos viejos soldados de la balada.

Después de una larga vida, dedicada al Ejército y a España, el general de Ejército José María Sáenz de Tejada y Fernández de Bobadilla, Jefe de Estado Mayor del Ejército desde 1984 a 1986, ha abierto esa puerta infinita, como sólo lo hace el largo tiempo, sin ansiedad y sin pausa, a los 96 años de edad.

Un hombre sencillo que escribió la reciente Historia de España desde su puesto en los momentos cruciales: “Yo quería seguir la carrera judicial como mi padre”, contó al Periódico Tierra recientemente, “pero la Guerra Civil hizo que anduviera por este otro camino del que me siento muy orgulloso, el camino del Ejército”. Los pasos puede cambiarlos el futuro con sus variables circunstancias, pero lo que no cambia es el corazón de un hombre y al general Sáenz de Tejada, ni el vértigo ni las sombras ni el presuroso porvenir lograron que modificara ese corazón de soldado.

Vivió el 23-F como Jefe de Estado Mayor de la Capitanía General de Madrid, a las órdenes del general Quintana Lacaci, y en los medios se le consideró como uno de los hombres que salvaron la democracia.

Vivió los tiempos duros del terrorismo como Jefe de Estado Mayor del Ejército; “fue lo más doloroso que viví durante el tiempo que fui Jefe de Estado Mayor del Ejército. Ver a las viudas, a los hijos, tratar de consolarlos en un momento inconsolable; pero teníamos que ser fuertes”.

En el entierro de mi cuñado, asesinado por ETA, escuché una música en la iglesia pamplonica en la que se celebró su funeral y pensé que el Ejército debía tener una canción así para honrar y despedir a sus caídos. La canción la había compuesto el sacerdote español Cesáreo Gabarain Azurmendi. La arreglamos y ahora se escucha en todos los actos a los caídos. Es una bonita canción, ¿verdad?”.

Sí, mi general, La muerte no es el final es una canción muy bonita.

Después de pelear en todos los campos de batalla de la milicia, se mantuvo fiel a sus ideales de servicio y compromiso social y fue fundador y presidente de la ONG Fundación Desarrollo y Asistencia para ayudar a los más desfavorecidos; “desde mi punto de vista, uno de los elementos esenciales del voluntariado sincero y comprometido es ejercerlo sin esperar nada a cambio y la gran mayoría de las organizaciones mantienen esa norma. Por ello, estimo que no es necesario un reconocimiento expreso, que no sea la propia satisfacción personal”.

Sabemos que era un soldado y, aunque llevaba mucho tiempo alejado de los cuarteles, su voz sonaba a soldado, su espíritu volaba como el de un buen soldado, y sus palabras siguen sonando por los pasillos de este Cuartel General como las de un soldado: “Yo le diría a alguien que ingresa en el Ejército que siempre mantenga la ilusión, que sin ilusión no se puede trabajar en el Ejército”.

El general Sáenz de Tejada, el hombre libre, aquel que no era más que un viejo soldado que tan sólo intentó cumplir con su deber como Dios le dio a entender, no ha muerto, porque los viejos soldados nunca mueren, sólo se desvanecen.

 160711 Saenz de Tejada Cooperante

 

Se dice que hay quien muere con las botas puestas, y se dice, porque hay quien nunca en su vida se las ha quitado.

José María Sáenz de Tejada se ha ido a los 96 años. Muchos años y muy bien vividos, no porque hayan sido un camino de rosas, sino porque han sido muy plenos, muy llenos, repletos de servicio hacia los demás. Quizá hoy José María volvería a suspirar con paciencia desde el cielo si dijéramos que se fue quien fundó Desarrollo y Asistencia, porque “él –decía-, no había fundado nada”. Por eso no lo diremos aquí: diremos que se fue nuestro primer presidente y hasta hoy, mejor, hasta siempre, presidente de honor.

Después de toda una vida profesional en el Ejército hasta llegar a ser Jefe del Estado Mayor, no dudó cuando  llegó el momento de retirarse,  en seguir viviendo al servicio de la sociedad. Con 75 años, cuando muchos piensan en su ya merecido descanso, José María puso en marcha junto con un reducido grupo de amigos, Desarrollo y Asistencia. Durante los 10 años que estuvo al frente de la Fundación, la vio crecer como  nadie hubiera imaginado. Impulsó nuevos programas de acompañamiento, afianzó estructuras y procedimientos y juntos, como él decía, “fueron aprendiendo el concepto auténtico del ser voluntario”.   Fueron unos años en los que nos dejó, como dice Mar Garrido quien trabajó tan cerca de él,  “un legado claro: que el voluntariado se hiciera persona a persona; que fuera auténtico porque se buscaba comprender al otro considerándolo como uno mismo; y que la ONG fuera un espacio de solidaridad donde cupieran todos”. Como él mismo  decía “todos los voluntarios han de adquirir conciencia de cuanto se encierra en la persona humana, su propia dignidad y su propia libertad, la igualdad de todos, con la misma naturaleza y el mismo origen. También con sus problemas y preocupaciones, con sus alegrías y sus esperanzas y con una realidad personal propia, insustituible.”

De una gran talla humana, podríamos resaltar en él tres aspectos que reforzaban su sabiduría: el sentido común, el sentido de la medida y el sentido del humor. Y todo ello lo ponía al servicio de los más vulnerables. Cuando dejó la presidencia de DA, continuó como voluntario en el Hospital Puerta de Hierro y en la Residencia Sanyres de Aravaca. Y allí estuvo hasta el final, hasta que su cuerpo no pudo más y dijo basta.  Allí estuvo acompañando a enfermos y a personas mayores que sufrían el peso de la soledad, contribuyendo con su buen hacer que se sintieran aliviados, valorados, queridos.

José María ha visto irse a muchos de aquellos con los que empezó DA y algunos también de los que vinieron a lo largo de los años. Un buen grupo de voluntarios y voluntarias que le habrán recibido agradecidos, por haberles dado la posibilidad de formar parte de Desarrollo y Asistencia, Y quién sabe, hasta quizá lo hayan nombrado de nuevo presidente de honor, esta vez de aquella sucursal que Desarrollo y Asistencia  tiene en el cielo.

http://desarrolloyasistencia.org/2016/07/08/d-e-p-jose-maria/

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