141211 Festividad Inmaculada

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Inmaculada Concepción: Patrona de la especialidad fundamental de Infantería del Cuerpo General del Ejército de Tierra, del Cuerpo Jurídico Militar y de los Capellanes Castrenses.

La vinculación de los infantes españoles a la Inmaculada Concepción de la Virgen María viene desde muy antiguo y nace de un hecho acaecido en el siglo XVI en la guerra que los Tercios españoles de Flandes mantenían en los Países Bajos. Cuando las tropas españolas bloqueadas por la escuadra holandesa en la aldea de Empel  y asediados por el frío y la falta de alimentos y cuando la resistencia heroica de los infantes españoles estaba tocando su fin, un soldado, cavando una trinchera encontró una tabla pintada, con hermosos colores, una imagen de la Inmaculada. La imagen es llevada a la iglesia y aclamada por la tropa que ve en ella su única esperanza. Era un 7 de diciembre. Por la noche se desencadena una gran tormenta, el frío llega a congelar la superficie de las aguas, Bobadilla con sus infantes salen de su asedio caminando sobre el hielo y sorprende y derrota a la escuadra holandesa.

A la protección de la Inmaculada le atribuyen la salvación y la victoria. Allí mismo se le proclama patrona de los Tercios de Flandes y se funda la Cofradía de los soldados de la Virgen Inmaculada. En 1892 la Reina Regente proclama oficialmente Patrona única del Arma de Infantería. Posteriormente la Santa Sede confirma y declarara canónicamente el celestial patronazgo de la Inmaculada para el Arma de Infantería, Cuerpos Jurídicos y Capellanes Castrenses.

Santificada desde su concepción.-

El Hijo de Dios al hacerse hombre quiso nacer de una mujer como todos nosotros. La maternidad de María hace que el Verbo de Dios, sin dejar de ser Dios, sea también “uno de los nuestros”. María, como madre de Jesús, forma parte de su humanidad. Esta es la razón por la que María fue santa desde el primer momento de su existencia.

El Papa Pío IX en la bula Ineffabilis Deus como explicación y justificación del dogma de la Inmaculada Concepción dice que María no contrajo nunca ningún pecado porque desde el mismo origen de su existencia estaba ya personal y maternalmente vinculada a Cristo. El pecado de Adán no pudo afectarle en su relación con Cristo ni podía privarla de la gracia de Dios, ni someterla al poder del Maligno. María comienza a existir ya desde el principio en un mundo santo de Dios, el mundo de Cristo, el mundo de la gracia y de la gloria. María fue preservada del pecado original por su relación maternal con Jesucristo.

En Oriente ya en el siglo VII se celebraba la fiesta de la Concepción de María porque la teología oriental nunca ha elaborado una doctrina sobre el pecado original. En Occidente van las cosas más despacio. Fue el teólogo franciscano Duns Escoto (1308) quien desarrolló la idea de Cristo “perfecto redentor” y podía redimir a María anticipándose a la influencia del pecado sobre ella. San Anselmo utiliza la famosa expresión “potuit, decuit, ergo fecit” (pudo, convenía, luego lo hizo). En España los primeros teólogos de la Compañía de Jesús elaboran los primeros tratados de mariología en el siglo XVII.

Fue el 8 de diciembre de 1854 en la bula Ineffabilis Deus cuando el Papa Pio IX declara solemnemente “Nos con la autoridad de nuestro Señor J.C., de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles” Dz.n.1641. Con esta fórmula dogmática el Papa pretendía responder a la presunción del laicismo creciente, alentar la fe de los fieles y fortalecer la confianza en la Iglesia.

En el horizonte de la humanidad, en el fondo de la memoria de los hombres y en lo más noble de sus deseos, ver a María como la Santa desde el 1º momento de su existencia, es ver la  inocencia perdida y añorada, la belleza de lo nunca manchado, la desea meta de la inocencia recuperada, el alivio y el estímulo de inocencia posible, ansiada, de la inocencia reencontrada y disfrutada. En ella vemos todo lo mejor de nosotros mismos, el ideal de nuestra recuperación, la garantía de nuestra salvación.

María en el horizonte de nuestra vida es alivio, consuelo, dignidad y alegría. María es el paraíso recuperado. Por la gracia de Dios y el poder santificador de Cristo muerto y resucitado.

Que la Virgen Santísima siga protegiendo a los Infantes Españoles, al Ejército y a toda España. Que así sea.

Cristóbal Roa

Capellán Castrense

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