Mucho más que la segunda torre de la Catedral de Málaga. (Encarni Hinojosa)

El plan director de la Catedral elaborado por el Obispado y tramitado desde hace un año ante la Consejería de Cultura para su aprobación propone medidas de conservación del monumento

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El Obispado y la Junta no han encontrado aún el origen de las filtraciones del templo, que aguarda su plan director (Jesús Hinojosa)

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Las alarmas se encendieron hace un año cuando, a raíz de las fuertes lluvias registradas en la capital, las goteras regresaron al interior de la Catedral de Málaga y obligaron a colocar cubos para recoger el agua que caía desde el techo. Apenas siete años después de que que finalizaran las obras para implantar un revestimiento de láminas de plomo y baldosas cerámicas en el exterior de las bóvedas el templo, surgieron los interrogantes sobre la eficacia de aquella actuación que salió de un concurso de ideas promovido por la Junta de Andalucía. La reacción del Obispado no se hizo esperar y quince días después de la tromba presentó ante la Consejería de Cultura el plan director para la Catedral que había encargado en 2011 a los arquitectos Juan Manuel Sánchez La Chica y Gabriel Ruiz Cabrero. Ha pasado un año desde entonces y el plan director no ha sido aprobado aún, ni se ha aclarado el origen de las filtraciones y las humedades que padece un monumento que el año pasado fue visitado por 390.349 personas.

La Catedral ha estado durante todo este año en el punto de mira de los malagueños y de sus representantes en las administraciones públicas. Otra piedra de toque fue, nunca mejor dicho, el desprendimiento de un cascote hacia la calle Postigo de los Abades el mes de junio, lo que llevó al Ayuntamiento a ordenar una revisión del estado de las fachadas de la basílica que todavía no ha acabado. Y, el pasado mes de septiembre (ver SUR 4/9/2017), este periódico mostró las preocupantes grietas que pueblan el recubrimiento cerámico de la cubierta que visitan miles de turista.

El primer templo de la provincia y uno de sus monumentos más frecuentados muestra síntomas de un deterioro para el que todavía no se ha encontrado la medicina adecuada. Para el Obispado, la solución definitiva a las filtraciones está en la construcción de un tejado a dos aguas tal y como quedó diseñado en el siglo XVIII, así lo deja ver en el plan director que ha elaborado y que ahora tendrá que adaptar a los criterios técnicos de la Consejería de Cultura, organismo que en última instancia tiene la potestad para darle el visto bueno.

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Catas no concluyentes

En cambio, para la administración regional, lo primero que hay que hacer es revisar el funcionamiento del revestimiento que se aplicó a las bóvedas a finales de la pasada década y que supuso un coste de 1,6 millones de euros compartido por las administraciones regional, estatal y local. A ello se ha puesto ya manos a la obra el Obispado con la realización de unas catas que, según ha podido conocer este periódico, no han arrojado por el momento resultados concluyentes, ya que no se aprecia deterioro o fallos en las láminas de plomo que se aplicaron sobre las bóvedas.

Cultura insiste en priorizar las acciones de conservación del edificio frente a las obras que propone la Iglesia para acabarlo según los planos del siglo XVIII

¿Qué hacer entonces ahora? Parece que toca seguir estudiando el problema hasta dar con su origen para poder corregirlo y frenar las humedades. En ello se afanan el arquitecto de la Catedral, Juan Manuel Sánchez La Chica, y los técnicos de Cultura y del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), que confían en hallar la solución y plasmarla en el contenido del plan director a lo largo de la primera mitad de 2018.

Cultura ha pedido al Obispado que amplíe el análisis de algunos aspectos del plan y que priorice los proyectos de mantenimiento del templo respecto a aquellos que suponen continuar su construcción tal y como quedó plasmada en planos del siglo XVIII, es decir, con la torre sur acabada, el tejado a dos aguas, la balaustrada rematada por imágenes de santos que coronaría las fachadas –una parte hacia la plaza del Obispo se realizó con ocasión de la adaptación de las cubiertas para las visitas–, los cuatro torreones que enmarcan las portadas del crucero y la sacristía que ocuparía parte de los jardines hacia la calle Císter, cuestión que ha sido rechazada por mayoría en el pleno del Ayuntamiento. Parte de los suelos que abarcaría esa sacristía –la actual se queda pequeña según la diócesis para albergar a los celebrantes de las grandes ceremonias– son propiedad del Obispado y otros pertenecen al Consistorio.

Todas estas actuaciones, valoradas en más de 11 millones de euros, son secundarias para la Junta respecto a las más urgentes para poner a punto las instalaciones del edificio (electricidad, saneamiento, conservación de las maderas...) y revisar el estado de las cubiertas. «Lo primero es la conservación», remarcó la delegada de la Consejería de Cultura, Monsalud Bautista, quien no puso fecha para la aprobación del plan director. «Todos vamos a luchar para que la Catedral de Málaga tenga su plan director, pero eso no impide que se arreglen las cubiertas, como tampoco impidió la obra que se hizo a finales de la década pasada», dijo la delegada.

Las aspiraciones del Obispado por retomar las obras de la Catedral y terminarla como quedó dibujada hace más de dos siglos se han topado con los reparos de la Junta, que considera que ello implicaría el riesgo de presentar el monumento «como nunca fue», según sus informes. Cultura ha pedido que se estudien y se justifiquen mejor cuestiones como el traslado del baldaquino que preside el altar mayor, con lo que la Iglesia pretende ganar más espacio para las ceremonias y dar más transparencia a la girola. Eso sí, la consejería rechaza cualquier proyecto de modificación del coro que implique su despiece o traslado. El plan director lo considera un «obstáculo» para el culto.

Conservar y acabar la obra de la Catedral constituye uno de los retos de la Málaga de los próximos años, todavía pendiente del debate técnico entre la Junta y el Obispado. A iniciativa del PP, el asunto ha llegado a protagonizar una proposición no de ley en el Parlamento andaluz; y también ha motivado una reunión entre el obispo, Jesús Catalá, y el consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez, quien se ha comprometido a dar «una respuesta a los problemas urgentes de la Catedral». Asimismo, ha movilizado a la sociedad civil, ya que la Asociación Ciudadana Málaga por su Catedral promueve la creación de una fundación que servirá para captar fondos destinados a culminar las obras.

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