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En 1978 el Magistrado José Francisco Mateu Cánoves moría en atentado de ETA. Unos meses antes, su hijo Ignacio había comunicado en su casa que quería ingresar en la Guardia Civil. Su padre, que se sabía amenazado por ETA (no sin razón, como se pudo comprobar después) le dijo que él era el hombre de la casa y que no podía ser que dos personas de la misma familia estuvieran en el mismo peligro.

Ignacio ingresó en la Academia General Militar y pidió el Arma de Infantería.

Al morir su padre, en la petición más desgarradora que he conocido nunca, se dirigió al rey en demanda de "por haber cesado la causa que me llevó a solicitar el ingreso en el Arma de Infantería" ser trasladado a la Benemérita.

Su primer destino fue -lo era siempre en esos años- a las Vascongadas; allí el 26 de julio de 1986, cuando se encontraba franco de servicio, al saber que se había detectado un paquete sospechoso en las cercanías del cuartel de Arechabaleta, se fue para él en compañía de uno de sus guardias con la mala fortuna de que explosionase y se llevase por delante la vida de ambos.

Su madre me dijo -hace ya muchos años- que Ignacio sabía que moriría de verde allá arriba; que dejó todos sus papeles y todas las instrucciones para su entierro perfectamente detalladas.

El ejemplo de Ignacio Mateu, de su vida y de su muerte, alcanza cotas raramente vistas en el comportamiento humano, ambas son -a mi juicio- la plasmación en carne mortal del Decálogo que compusiera el Caudillo para la Academia General Militar, y en particular el punto que reza: Ser voluntario para todo sacrificio, solicitando y deseando siempre el ser empleado en las ocasiones de mayor riesgo y fatiga.

No sé si -además de Gunga Din- alguien más aquí conocía esta historia. Espero que ahora seamos más los que admiremos la determinación y el valor del Teniente Mateu

 http://blogs.libertaddigital.com/in-memoriam/ignacio-mateu-y-adrian-gonzalez-guardias-civiles-e-isidro-usabiaga-empresario-10042/

 

 

 

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